Ovación
Miércoles 04 de Enero de 2017

Bernardello: "No me fui de Newell's como yo quería"

El Cabezón sabe que el último paso por el club no fue el que esperaba por el rendimiento futbolístico, pero desea poder volver algún día para concluir su carrera. Hoy está en Montreal Impact, equipo canadiense con el que hizo una muy buena campaña jugando junto a Drogba y Nacho Piatti. Cuenta cómo extraña a la Lepra y narra su vida en Canadá.

En los últimos dos años jugaste en Cruz Azul, Newell's, Alavés y Montreal. Fuiste un nómade.

    Yo volví a Newell's con otras expectativas pero no terminé jugando. No me fui como quería. Me incorporé al Alavés y logramos su regreso a primera. Y en Montreal jugamos la final de la conferencia. El 2016 fue un año muy bueno.


¿Por qué no te fuiste de Newell's como querías?

   Porque no quería irme. Me fui queriendo quedarme. Y eso te genera cierto dolor porque no era una decisión que dependía de mí. Tenía contrato con Cruz Azul, había temas económicos que nunca se terminaban de cerrar y además de que Cruz Azul no aceptaba que me quede en Rosario, el entrenador acá necesitaba otro tipo de jugador. Entonces no me pude quedar.

¿Por qué les resulta tan difícil readaptarse a los jugadores argentinos que vuelven?

   Es cierto, es difícil volver a sincronizar, te lleva un tiempo. A mí me pasó. También es cierto que uno se mete una presión mayor cuando volvés a tu equipo, porque hay una carga emotiva mayor. Yo salí de Newell's, soy hincha rojinegro, a mí no me tienen que contar qué significa jugar con esa camiseta. Por eso el acelere te traiciona. En mi primer partido cuando volví me expulsaron contra Independiente y estuve una semana sin salir. Mi señora no entendía nada, pero yo estaba mal conmigo. Y para colmo después me lesioné dos veces seguidas, algo que nunca me había pasado. Sin dudas que me presionaba más que en cualquier otro lado. La autoexigencia es un factor que gravitó negativamente. Por supuesto que no soy el único, lo veo en un montón de jugadores. Uno quiere jugar y no te das cuenta de que no estás en plenitud para hacerlo. Con Mauro (Formica) hablaba seguido de esto. En función de lo que me había pasado le dije al Gato: "Recuperate bien primero y jugá después, porque si no te hace mal a vos". Y hoy por suerte está a full. Pero es verdad que la readaptación al fútbol argentino es todo un tema. Cuando me fui de Almería para venir a Colón también los primeros seis meses me costaron un montón. Y los otros seis meses los jugué muy bien.

¿Volver a Newell's por un tiempo te hizo sentir nuevamente en el exilio cuando te tuviste que ir al Alavés?

   Es muy difícil porque se retoman hábitos para estar conectado a Newell's pero nada alcanza, porque uno desea jugarlos a los partidos y no escucharlos por internet o verlos por televisión a miles de kilómetros. Por eso apenas llegué a Rosario en estas vacaciones me fui a Bella Vista a saludar a los muchachos. Ojalá pueda volver. Sé que en mi último paso no pude dar todo lo que quería. Sé que el fútbol es así, con momentos malos y buenos, pero uno siempre quiere que los buenos se den con tu camiseta. No obstante la gente de Newell's siempre me trató muy bien y soy un agradecido por eso.

Hablaste del técnico, que era Bernardi. ¿Te fuiste mal con él?

   No, para nada. Hablamos siempre de frente cuando me dirigió. E incluso me llamó no hace mucho y hablamos bastante. Todo bien.

¿Cómo es el fútbol en Canadá?

   En evolución. Hay tres equipos en Canadá que son Vancouver, Montreal y Toronto. Participan de la Major League Soccer con los otros 17 clubes de los Estados Unidos. Y viajamos semana por medio a jugar de visitante, siempre en avión, por eso en Nueva York estamos en una hora, en Chicago en dos, son distancias cortas.


Pero el fútbol se vive diferente.

   Sí, es otra intensidad. Aunque te diría que en ninguna parte del mundo se vive el fútbol como en la Argentina. Y en los últimos años acá se fue distorsionando mucho, porque se confundió pasión con violencia. Allá también va mucha gente, la convocatoria fue en aumento. Canadá también tiene gente para todo, para el béisbol, el fútbol americano, el hockey sobre hielo, la NBA, y a estadios llenos.

Y jugaron la final de la conferencia con Toronto, siendo la primera vez que un equipo canadiense llega a la gran final de la MLS.

   Sí, lamentablemente perdimos, pero se jugó en el estadio olímpico de Toronto con 30 mil personas mirando. Todos sentados, tranquilos, tomando sus cervezas. Habíamos ganado 3 a 2 en Montreal y luego perdimos 3 a 2 de visitante, pero nos hicieron dos goles en tiempo suplementario.

La MLS es una de las competencias que se sigue nutriendo de grandes jugadores. ¿Ya tiene un nivel competitivo?

   Cada vez más futbolistas destacados van a jugar a la liga de Estados Unidos, tal vez aún no esté al nivel de las ligas europeas, pero sin dudas que año tras año tiende hacia ese objetivo. Porque algunos van a jugar sus últimos años, pero otros ya lo hacen mucho antes. El italiano Sebastián Giovinco está en Toronto con 29 años, como para darte un ejemplo, y es figura porque puede jugar en cualquier equipo grande de Europa. El Tata lleva a Miguel Almirón con 22 años al Atlanta United. Ya manejan cifras importantes y esto les dio un salto de calidad muy interesante. Giovanni dos Santos tiene 27 y está en Galaxy. El propio Lodeiro dejó Boca para ir a Seattle. Es decir que hay muchos jugadores de gran nivel y de renombre.

¿Van sólo por lo económico?

   Hay muchas cosas. La tranquilidad, la calidad de vida, lo económico, lo estructural también es óptimo porque estamos hablando de estadios nuevos, de clubes con infraestructura moderna, con mucha tecnología. Todo impulsa a ir. Montreal Impact tiene un centro de entrenamiento que en Europa sólo los clubes grandes lo deben tener. Por eso Roma y Real Madrid muchas veces hacen sus pretemporadas en Montreal.

¿Cantan los hinchas allá?

   Sí, los ultras cantan. Los ultras son lo que acá llamamos barras, pero con otras formas. El otro día leía una nota en la que Sebastián Rincón decía que en Estados Unidos los barras son ingenieros y algo de razón tiene. No hay violencia, van a ver el partido, alientan y después a su casa. En España es parecido. Pero nada es comparable a lo que pasa acá también desde lo negativo. Es una locura que no puedan ir las hinchadas de los dos equipos. Y cuando la violencia le gana al disfrute sucede lo que le pasó a Tevez.

¿Cómo reacciona la gente cuando los ve a ustedes en la calle? Porque Montreal tiene también a Drogba, Nacho Piatti y al belga Ciman.

Te conocen, comentan entre ellos sobre tu presencia, pero son tan respetuosos que no se acercan a pedirte una foto ni una firma. Hasta Drogba se sorprende porque puede caminar tranquilo.


¿Cómo es vivir en Montreal?

Es una ciudad muy tranquila, con mucha seguridad, se vive realmente bien, es muy ordenada tanto en el centro como en los barrios, una forma a la que nosotros no estamos muy acostumbrados y cuando te adaptás a eso después se complica cuando volvés. Desde cosas elementales hasta las más disciplinadas. Cuando doblás con el auto siempre hay que darle paso al peatón, respetar las velocidades y las normas de tránsito, que acá también están pero que muchas veces no respetamos. Sin dudas que se disfruta porque el nivel de seguridad te otorga tranquilidad. Y allá te das cuenta de lo lejos que estamos en materia de convivencia vial, pero no me quejo porque nací acá en Rosario y acá volveré.


¿Cómo es la adaptación a las otras costumbres?

Lo primordial es aprender el idioma. En Canadá tenés dos idiomas: el francés y el inglés. La mayoría habla los dos idiomas, pero en el club se habla inglés, es más, el cuerpo técnico habla en inglés y por eso estoy aprendiendo con profesoras. Mi hija que tiene cuatro años va al jardín y ya habla más que yo en inglés, ya que en el jardín está de 9 de la mañana a cuatro de la tarde hablando inglés, por eso debo acelerar mis tiempos de aprendizaje. No obstante ella habla español e inglés sin inconvenientes.


¿Y tu hija con cuatro años ya recorrió varios países?

Sí, nació en España, estuvo en México, en Santa Fe, Rosario y ahora en Canadá. Pero a medida que crece se hace difícil porque cuando viene acá de vacaciones se reencuentra con los abuelos, los tíos, los primos y esto hace duro el regreso a tu lugar de trabajo.


¿Cómo hacés con la comida?

No hay problemas porque hay de todo.


¿Asado hay?

Hay cortes de carne, pero no es que vas y le decís dame dos kilos de asado porque te van a quedar mirando. Hay una carnicería latina a la que vamos pero no es lo mismo que acá, es muy diferente. Nuestro asado allá no existe.


¿La vida social?

Es diferente. Allá los pibes cuando cumplen 18 años se emancipan. Para nosotros es raro, pero para ellos también es raro ver que acá hay chicos con más de 25 que viven con los padres.


¿Tampoco tienen el hábito de ir a tomar un café?

Difícilmente se encuentren a tomarlo, es habitual verlos caminar con un café en la mano. Eso sí, están hiperconectados con la tecnología como los estadounidenses.


El clima también es todo un tema por el frío.

El invierno es riguroso de fines de noviembre a principios de febrero, que no estamos en competición. Las temperaturas son muy bajas. La final con Toronto la jugamos en estadio cubierto y climatizado. La ciudad de Montreal está preparada para el invierno, su vida sigue con normalidad pese a las nevadas. Hay una ciudad subterránea con todos los shopings y sistemas de transporte. Te dan vacaciones casi por dos meses. Por eso uno viaja enseguida al calor de Rosario y cuando vuelvo voy al calor de Orlando, porque allí hacemos la pretemporada.


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