Lecturas de verano
Viernes 03 de Febrero de 2017

Benditos y malditos penales

¿Qué sería del fútbol argentino si las definiciones desde los 12 pasos a lo largo de la historia hubieran tenido un resultado diferente? ¿Newell's y Central serían los mismos?

La discusión futbolera sobre el prestigio, la envergadura de las definiciones por penales podría durar años y no habría acuerdo. ¿Son producto de la suerte?, ¿se entrenan?, ¿habría que prohibirlas?, ¿son injustas?

"Para qué vas a entrenar penales si después tenés que patear contra 50.000 personas bajo una silbatina terrible o un silencio que te mata que es peor que la silbatina? Es un momento intransferible, no tiene sentido entrenar eso", sostienen los detractores de la práctica de la definición desde los 12 pasos. Lo consideran casi un deshonor y lo emparentan con la especulación. Para ellos, practicar penales es sinónimo de pensar en un empate antes que en una victoria. Mientras, los que la entrenan responden lacónicamente que es cierto, que se trata de situaciones diferentes pero que sólo se intenta achicar el margen de error, de familiarizarse con el penal a pesar de que sea en un entrenamiento y en un contexto diametralmente opuesto al verdadero.

Para la controversia hay una sentencia incontestable que marca una tendencia irreversible: los que ganan festejan y los que pierden sufren. Discusiones filosóficas al margen, lo cierto es que las definiciones por penales marcaron, marcan y marcarán la historia del fútbol. Y también la de los rosarinos. Newell's y Central no serían los mismos si las definiciones por penales que ambos disputaron a lo largo de su historia hubieran tenido un resultado opuesto al que finalmente obtuvieron.

Ni hablar de algunos entrenadores, que deberían construir estatuas para agradecer los resultados que consiguieron desde los 12 pasos. Ejemplo al pasar: Carlos Bianchi hubiera perdido 3 Copas Libertadores y 1 Intercontinental si la suerte le hubiera sido esquiva desde el punto del penal, aunque hubiera ganado otra que perdió por esa vía. Aquel Vélez campeón de América de 1994, superó octavos, semifinal y final desde los 12 pasos.

Boca, poseedor de 6 Libertadores, es el más ganador del máximo trofeo continental detrás de Independiente (7) y el equipo que más finales disputó: 10 en total. Tres de sus títulos fueron obtenidos desde los 12 pasos y sólo perdió 1 de esa forma. Caprichos del destino, en 2004, cuando cayó con el humildísimo Once Caldas de Manizales, falló todos los penales. Pero también ganó una Intercontinental por penales, la de 2003 después de igualar 1 a 1 con Milan.

¿Se imaginan a Argentinos Juniors campeón intercontinental? Tranquilamente pudo suceder en 1985, pero los fallos de Checho Batista y de José Luis Pavoni, aquel zaguero central de Newell's, se lo impidieron ante la poderosa Juventus de Michel Platini después de igualar 2 a 2. Recomendación al margen: cualquier futbolero enamorado de su deporte debe ver ese partido a pesar de que ya hayan pasado poco más de 31 años. También es cierto que aquellos Bichitos Colorados de José Yudica y el Bichi Borghi llegaron hasta Japón porque fueron campeones de América por penales frente a América de Cali. Si la suerte les hubiera sido esquiva en aquel tercer partido desempate que se disputó en Asunción ante los colombianos, la maravillosa e inolvidable final con Juventus no hubiera existido.

Si la taba hubiera caído para el otro lado, el mito que construyó Sergio Goycochea alrededor de su innegable capacidad para atajar penales no existiría y Argentina se hubiera vuelto en los cuartos de final del Mundial de Italia, instancia en la que perdió la final, vaya paradoja, con un penal de dudosa construcción que le achacaron a Boquita Sensini y que todavía se discute.

En Francia 98, la selección eliminó a Inglaterra en octavos de final por penales y en Alemania 2006 se quedó en cuartos por culpa del machete de Jens Lehmann, que atajó los remates de Roberto Ayala y Esteban Cambiasso.

Ver a Argentina jugar la final de un Mundial en el Maracaná hubiera sido sólo un deseo o una ilusión incumplida si no hubiera vencido por penales a Holanda en las semifinales de Brasil 2014 con aquel remate final de Maxi. Y podría ser bicampeón de América si la suerte no le hubiera dado vuelta la cara en la Copa América Chile 2015 y la Centenario 2016, que se disputó en Estados Unidos. El equipo del Tata Martino jamás hubiera perdido la final en Santiago si los penales no le hubieran hecho un guiño frente a Colombia en los cuartos de final. En ese caso, todo podría ser peor a pesar de haber merecido con creces ganarle en los 90 minutos al equipo de Pekerman.

Brasil, por ejemplo, no sería pentacampeón del mundo si hubiera caído en la definición de Estados Unidos 94 ante Italia.

Para el final de este juego, cartel francés, queda la historia de los grandes del fútbol rosarino. ¿Qué sería de ellos si las definiciones por penales que afrontaron hubieran tenido el resultado contrario al que finalmente se produjo?

Central nunca hubiera ganado la Conmebol y la hazaña de remontar un 0-4 contra Atlético Mineiro sólo hubiera quedado en anécdota y Newell's integraría la prestigiosa nómina de campeones de América por haber vencido al inolvidable San Pablo de Telé Santana. Pero ojo, esa chance no hubiera existido si en semifinales el equipo de Marcelo Bielsa caía frente a América de Cali, al que eliminó luego de una extensa definición desde los 12 pasos por 11 a 10. Esa noche, en el Pascual Guerrero, Jorge Balbis, genéticamente canalla, tuvo la chance de eliminar a Newell's, pero su remate se fue desviado.

Los rojinegros no podrían jactarse de haber dado la vuelta olímpica en La Bombonera, uno de los momentos más gloriosos de la entidad, con una actuación sublime del Gringo Scoponi.

En 2013, Newell's podría haber disputado su tercera final de Copa Libertadores de América si no fuera por los penales que lo sacaron de carrera ante Atlético Mineiro, aunque también podría haber sucedido que ni siquiera llegara a esa instancia si hubiera perdido en cuartos ante Boca después de una serie interminable en el Coloso del Parque.

La mejor actuación de Central en Copa Libertadores fue en 2001, cuando cayó en semifinales frente a Cruz Azul de México, que después perdería por penales la final con Boca.

Pero los canallas nunca hubieran tenido la chance de ilusionarse con su primera final si no hubieran eliminado desde los 12 pasos a América de Cali en cuartos de final en un partido para el infarto en Colombia.

En aquel partido, con visos de hazaña en el Valle del Cauca, Juan Antonio Pizzi hizo dos goles seguidos ( a los 89' y a los 91') para forzar la definición desde el punto del penal. Pero el recuerdo de la epopeya de Juan no sería tan rico si al final aquel laborioso equipo del Patón Bauza no hubiera eliminado a los Diablos Rojos, que en su historia disputaron cuatro finales de Copa Libertadores y las perdieron todas.

Si los penales les hubieran dado una mano, los auriazules no padecerían hoy el karma de haber perdido tres finales consecutivas de Copa Argentina y en 2014, frente a Huracán, hubieran cortado una sequía que hoy todavía los perturba y acongoja. Pero, siempre hay uno, ese mismo años podrían haberse quedado afuera en cuartos si no vencían por esa misma vía al River de Gallardo.

Tampoco hubiera jugado Central la final con Boca en 2015 si no hubiera eliminado en octavos por penales a Ferro. Ni con River la última si no pasaba desde los 12 pasos a Atlético de Rafaela en dieciseisavos de final.

¿Suerte? ¿Jerarquía? ¿Predestinación?...

El remate de Sánchez Miño fue tan suave que le permitió a Danilo rechazarlo hacia un costado cuando la clasificación de Independiente a los cuartos de final de la última Copa Sudamericana era un hecho. Sin embargo, el que pasó fue Chapecoense.

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