Central
Miércoles 09 de Noviembre de 2016

Balance de Central: algunos trazos rojos pero uno verde bien grande

Pese a un juego irregular y refuerzos que no sobresalen, Central pelea la Copa Argentina y allí apunta los cañones.

Transcurridas nueve fechas del torneo local, prácticamente un tercio del campeonato, y más teniendo en cuenta el parate que sufrirá la competencia por una nueva fecha Fifa, parece un momento más que propicio para trazar los lineamientos generales de un balance que puede extenderse en el tiempo, empeorar o mejorar, depende de la performance de Central de aquí en más. Y en esto mucho dependerá la suerte que corra el Canalla en la Copa Argentina, en la que se encuentra a dos partidos de una posible coronación en lo que es, vale aclararlo, uno de los puntos cruciales en el análisis. Y antes de desmenuzar el presente del equipo de Coudet lo que emerge es un peso muy claro en lo que a objetivos se refiere, con una Copa Argentina que seduce más de la cuenta y un torneo local en el que aún hay deudas por saldar.

Un objetivo muy claro

No hay manera de analizar el presente canalla y el futuro que se intenta escribir apartándose de las chances que hay en una y otra competencia. Hoy Central vive por y para la Copa Argentina. Esos 180 minutos que separan al equipo de una posible coronación están por encima de todo. Y no hay nada que pueda torcer esta historia ni plantar argumentos para entender la realidad desde otro costado. Lo primero para decir: si el foco de atención se centra más en un lado que en otro tiene que ver con la disparidad de criterios, o al menos del comportamiento futbolístico, entre ambos terrenos. De manera rápida y directa, Central rindió de una manera en la Copa Argentina y de otra en el torneo local. Quizá a partir de la forma de disputa se pueda explicar por qué en un casillero se está posicionado de la menor manera y en otro los trazos rojos son más y de mayor peso que los verdes. Contra el líder Estudiantes, el Chacho ya dejó en claro dónde está la prioridad. Aquella vez fue un equipo alternativo y lo mismo sucedería en la Bombonera, el domingo 20, si la semifinal ante Belgrano se confirma tres días después. Es una situación más que entendible del lado de un cuerpo técnico que interpreta, al igual que gran parte de la dirigencia, que la posibilidad de lograr un título está ahí, latente y cercana, y que es donde deben apuntarse todos los cañones. El Chacho se quedó para superar su performance como técnico y los dirigentes viven con la idea fija de consumar una vuelta olímpica, aunque ello implique dejar de lado algunos de los principales postulados enarbolados durante la campaña electoral en relación con el proyecto deportivo. Central hoy es, guste o no, Copa Argentina o nada.

Un juego inestable

Central no es ni por asomo el de 2015. Ni siquiera de aquel que fue protagonista durante gran parte del torneo local en el semestre pasado y uno de los principales animadores de la Copa Libertadores. De otra manera resultaría prácticamente imposible analizar la baja performance que está teniendo en el actual torneo. Este equipo muestra un comportamiento futbolístico con ráfagas. No se pone bajo la lupa la intención, porque desde ese aspecto nada cambió. La estrategia de ir a buscar el resultado sea en el Gigante como fuera del él está fuera de discusión. Sí se debe hacer mención a la inestabilidad que muestra para lograr que esa ambición encuentre correlato con mayor asiduidad. Ese espíritu de equipo ambicioso, intenso, con capacidad de inclinar la balanza a su favor en el momento que se lo proponga se vio a cuentagotas. Un tiempo ante Defensa y Justicia, algo contra Patronato, el segundo tiempo frente a Arsenal, la primera etapa en el clásico, lo mismo que ante Boca por Copa Argentina. Y no mucho más. El resto se debatió entre sus ideales y las complejidades que encontró en el camino para prepotear a sus rivales. Los números no siempre tienen toda la verdad pero muchas veces ayudan. Dos triunfos en nueve encuentros (37 por ciento de efectividad) es poco para lo que se esperaba. Inmediatamente, y es lógico que así sea, aparece la buena senda que transita en Copa Argentina, terreno en el que también se topó con cierta cuota de sufrimiento en casi todos los partidos. En el que más diferencia marcó fue ante Deportivo Morón, por octavos de final. Hay un plantel renovado y al que se debe terminar de ensamblar. Quizá ese sea uno de los argumentos a partir de los cuales entender ciertas explicaciones. No obstante, la consolidación como equipo guapo y difícil de domar (entendible desde el lado de lo alta que este mismo grupo supo poner la vara a la hora de las exigencias) todavía tiene un par de materias por aprobar.

Refuerzos en deuda

Quizá el armado de un plantel sea una tarea tanto o más difícil que darle forma o inculcarle a un equipo un estilo de juego determinado. Por eso ciertas susceptibilidades que suelen aparecer cuando se intenta hacer mención a la calidad y el rendimiento de aquellos jugadores que llegan como refuerzos. Hubo períodos en los que el acople de los recién llegados fue mucho más rápido. Pero este no parece ser el caso. Si hasta aquí Coudet no pudo encontrar una zaga central estable es porque ninguno de los defensores que llegaron para desempeñarse en ese sector del campo de juego plantaron bandera y actuaron como para hacerse dueño del puesto. Se arranca por la defensa porque parece ser el lugar donde mayores inconvenientes hay, más allá de que resulte injusto caerles a uno o dos futbolistas en particular si más adelante hay un equipo que colabora poco o, al menos, no en la magnitud esperada. Torsiglieri, Menosse, Gissi y Burgos (ya estaba en el club) ya prácticamente jugaron todos con todos. En todos los casos aparecieron imperfecciones en ese modo seguro de defender que Coudet pretende. Y así como fueron entrando también fueron saliendo, lo que fue una clara muestra de la búsqueda del ideal por parte del entrenador. Qué decir de Teófilo Gutiérrez. Es que la llegada del colombiano fue, por lejos, la más rimbombante, la que hizo que la plana mayor de la dirigencia marcara presencia en su presentación, que dicho sea de paso no fue en Arroyo Seco, sino en un lujoso hotel céntrico de Rosario. Un par de actuaciones apenas discretas del delantero y no mucho más. Todavía ningún gol. Para este caso también corre el grado de injusticia en el que se podría incurrir a la hora de decir que Teo, hasta aquí, no dio la talla. Seguramente con un juego más conceptuoso el delantero tuviera más y mejores chances de mostrarse, algo que hasta aquí no ocurrió. El Chacho dio su sentencia: ante Boca, por Copa Argentina, consideró que por encima de él estaba Herrera y contra Independiente que Bordagaray (de escasa participación también) era mejor opción. El Ruso Rodríguez aún no debutó, mientras que Martínez y Camacho nunca aparecieron en el ojo de ninguna tormenta.

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