Ovación
Jueves 13 de Abril de 2017

Augusta: verde que te quiero verde

Ni copa ni ensaladera ni palo de oro. En este exclusivo Masters de golf norteamericano se premia con un saco verde y millones de dólares.

¿Pantalones blancos y saco verde? Usted, hombre adulto, ¿saldría a caminar por la peatonal Córdoba vestido así? ¿No? Sepa pues que en la ciudad norteamericana de Georgia con ese atuendo usted sería prácticamente venerado como parte de un grupo selecto y triunfador. Sobre gustos...

Es que el saco verde simboliza al mayor de los premios que un golfista puede obtener en el Masters de Augusta, el torneo del endogámico Augusta National Golf Club. Un caro sueño para los golfistas y que cumplió sólo un argentino: el cordobés Angel "Pato" Cabrera en 2009, cuando se convirtió en el primer latinoamericano en ganar la competencia.╠Tanto él, hoy de 47 años, como el golfista chaqueño de 24 años Emiliano Grillo fueron este año los únicos representantes argentinos en el Masters, aunque no llegaron a vestir la codiciada prenda.

Así, ni copa ni ensaladera ni palo de oro en uno de los cuatro torneos masculinos de golf más importantes y el primero que se celebra cada año. El premio emblemático es una chaqueta verde con dos botones dorados de bronce por delante, dos más pequeños en cada puño y un logo del torneo en el bolsillo izquierdo.

Al verde de la tela se lo denomina "master greens". Para algunos es el color "esperanza", pero para otros el tono es más cercano al "verde dólar", si se tiene en cuenta que este es uno de los torneos más lucrativos del calendario.

Claro, el saco es muy pintoresco; es una invitación para jugar el campeonato por el resto de la vida, pero a no quedarse sólo con una parte. Lo que hay en juego en Augusta es mucho, mucho dinero también.

En esta 81ª edición se repartieron más de diez millones de dólares y aproximadamente 1,8 millón se destinó al ganador. Una cifra que aumentó 1.200 por ciento desde el primer Masters en 1934, cuando se repartieron 1.500 dólares al ganador.

La ronda final del torneo se juega desde siempre el segundo domingo de abril. El último ganador fue el español Sergio García, de 37 años. Durante 19 hoyos se enfrentó al inglés Justin Rose en un cuerpo a cuerpo que se resolvió en el último golpe, en el último green.

García, undécimo en el ránking mundial, ganó así en su 19ª participación en Augusta y en su 74º Grand Slam y se calzó un saco talla 38. Tan chocho se sintió que no descartó llevarlo puesto, en breve, a su boda. No se sabe si cumplirá o no, lo cierto es que el domingo se lo aquerenció y no se lo sacó en toda la jornada.

La elitista prenda comenzó a ser utilizada por los socios del club en 1937, tres años después de la inauguración del campo. Las primeras chaquetas fueron adquiridas en Nueva York y se instó a los socios a comprarlas para que fueran utilizadas durante la competencia del Masters.

En un principio, la idea no fue bien recibida por los socios, ya que las primeras chaquetas eran de un paño bastante grueso. Pero con el paso de los años el saco se mejoró: se confeccionaron más livianos y a medida y se pudieron adquirir en la tienda del club.

La dinámica tradicional de esta prenda es que cuando el Masters está por finalizar se seleccionan varias chaquetas con la talla del posible vencedor para que la vista en la ceremonia de presentación y entrega de trofeos.

Después se le toman las medidas para que le sea confeccionada una chaqueta de su talla exacta. Por regla general, un jugador que haya ganado varias veces el Masters tiene en el club una sola chaqueta, a no ser que con los años su talla haya sufrido variaciones.

Este torneo de golf se caracteriza por lo privativo: es el único "majors" que se juega siempre en el mismo campo, el que concede al ganador la posibilidad de participar en él de por vida y en el que se recalca que se llega por "estricta invitación".

El último campeón tendrá un año para disfrutar de la chaqueta, pero en el Masters 2018 tendrá que dejarla en el club para siempre, aunque el dueño puede disponer de ella en futuras visitas. Normas de la casa, que sin embargo no siempre se respetaron.

El primero en lucir el saco, por fuera de los socios del club, fue el virginiano Sam Snead, en 1949. Y el sudafricano Gary Player, integrante del salón de la fama del golf mundial, se mostró como excepción y todavía hoy presume de tener en su casa el saco ganado en 1962, lo que provocó la ira de ese estado sureño.

■Durante este último encuentro, el diario español El País de Madrid dio otros detalles del torneo, bajo el título "Augusta no es tan verde". La nota asegura que el sitio web oficial del Agusta oculta los alrededores para mostrar el campo en medio del bosque.

"La imagen que proponen los organizadores para conocer el campo ofrece una idea distorsionada de este espacio y lleva a pensar que los mejores jugadores del mundo compiten en medio del bosque. La realidad es algo más prosaica. El campo, exclusivo para socios excepto en la semana del torneo, se encuentra dentro del término municipal estadounidense de Augusta (Georgia), donde viven unos 200.000 habitantes".╠Nada exclusivo.

■Pero los golfistas "mueren" por estar allí. Cuentan que cuando el popularmente conocido Tiger Woods se calzó la chaqueta por primera vez, un periodista comentó que nunca hubiese imaginado que el verde sentase tan bien a un felino. En tanto, cuando premiaron al español García, el domingo pasado, enfundado con el saco verde sobre unos pantalones blancos dijo feliz: "Ya puedo llamarme Masters Champion". Verde que te quiero verde.

Comentarios