Selección argentina
Martes 10 de Octubre de 2017

Argentina juega hoy en Quito la final que nunca soñó para clasificar al Mundial del Rusia

La selección nacional, dirigida por el casildense Jorge Sampaoli, debe vencer a Ecuador en la altura de Quito y esperar que la ayuden otros resultados para ir al Mundial. Con el triunfo se asegura el repechaje

El pulso se aceleró en la tropical Guayaquil y ahora la espera en la altura de Quito tiene ritmo de taquicardia. La final sin título en juego que disputará la selección nacional esta noche contra Ecuador en los 2.850 metros sobre el nivel del mar ya tomó por rehén a la legión de periodistas argentinos que subió hasta la capital ecuatoriana para acompañar al equipo de Jorge Sampaoli a una misión tan desgastante como sería escalar el Everest. Es que realmente asusta de sólo pensarlo. Hasta el más trasnochado entraría en pánico si alguien le dijera que Argentina comandada por un tal Lionel Messi tiene serias chances de quedarse afuera del Mundial 2018.

Desgraciadamente hoy puede suceder eso si el seleccionado no logra desactivar la espiral negativa en la que se viene moviendo en estas tortuosas eliminatorias sudamericanas. También es cierto que todavía una combinación de resultados en los otros partidos puede rescatarlo y hasta regalarle el pasaje a Rusia, pero no sería aconsejable encomendarse a lo que ocurra en canchas ajenas. Mucho menos prestar el oído para seguir alimentando esa escenografía de suspicacias que se corrió durante los últimos días. Acá nada importa más que Argentina le gane a como dé lugar a Ecuador y luego sí esperar complicidades reparadoras. En definitiva, lo peor que le puede pasar si obtiene los tres puntos es disputar en noviembre el repechaje contra la débil Nueva Zelanda.

Pero volviendo al estado de emergencia en el que se encuentra Argentina, por supuesto que el funcionamiento siempre procede al resultado. Pero hoy en Quito estará en juego otra cosa. Es que el empate del jueves pasado contra Perú en la Bombonera les hizo un callo en el alma al Zurdo y a los jugadores. Les mezcló el sueño deportivo con la patria y también los expuso ante un pueblo huérfano de festejos. Por eso no hay exageración en definirlo así. La clasificación o eliminación obrará de termómetro en el humor de un país. Con esto no se busca hacer chauvinismo barato ni se piensa que con el resultado de un partido se defiende la soberanía de una nación. Lo que se quiere reforzar es la creencia de que cuando está la selección argentina de por medio se razona de otra manera. Se piensa más con el corazón y se desampara la razón.

Es tanta la angustia que genera el momento que hasta pasa como un suceso de segundo orden que hoy podría ser el último partido de Lionel Messi con la camiseta de la selección nacional y de otros futbolistas que también integran esta generación aguijoneada por los mazazos deportivos. Es que este grupo nunca estuvo tan asustado como ahora. Será porque tampoco convivió con ese miedo paralizante de estar cerca de caerse al precipicio. Messi, Mascherano, Di María y compañía no jugarán contra Ecuador motivados por vengar su vacío de títulos. Acá se exponen a la lapidación pública si no van al Mundial. Por más que muchos de ellos sean expertos en bucear las profundidades de las decepciones deportivas cuando perdieron en fila las finales del Mundial 2014 y las Copa América 2015 y 2016. También de pasar lo indeseable, Jorge Sampaoli caerá en la volteada. Sencillamente quedará como eltécnico que hizo lo que parecía imposible: que Argentina no clasifique a un Mundial con este sistema de eliminatorias de todos contra todos y en el que cuatro van directos y el quinto juega un repechaje.

En el reparto de responsabilidades tampoco se la tienen que llevar de arriba Gerardo Martino y Edgardo Bauza, quienes también aportaron lo suyo para que la selección hoy esté mendigando una victoria para saber qué será de su vida de ahora en más.

A todos ellos y muchos menos a los jugadores ya no los exonera ni decir que no los ayudó haber coincidido en la selección con una AFA dinamitada y vacía de poder. Eso es tan cierto como asegurar que los jugadores y el propio Sampa, en el peor de los escenarios, serán apuntados como los principales culpables de no haber rescatado al equipo en el camino a Rusia. Quizás por primera vez desde que estos jugadores se pusieron la camiseta argentina sienten que se les agrietó el escudo interno. Aunque el fútbol, siempre generoso con algunos y cruel con otros, les dará contra Ecuador una nueva oportunidad para cerrar una herida que hace rato que reclama puntos de sutura. Este plantel, con Messi a la cabeza de todos, deberá sacar la cara en un momento de las eliminatorias que ya no hace concesiones con nadie. Y mucho menos con Argentina, al menos de lo que se vio hasta ahora. Sinceramente mejor no imaginar lo que sucedería ver el Mundial por televisión sin la participación de la selección albiceleste. Sería una mancha que se expandirá para siempre, como fue no ir a México 70. En cambio, clasificar será visto por los ojos de millones de argentinos con el oportunismo de un designio reparador. Provocará maravillosos efectos sanadores momentáneos, aunque también empujará a preguntarse si era necesario tirar tanto de la soga en el cuello hasta el límite de la falta de respiración.

Igual ya habrá tiempo para contestarse esas preguntas. Ojalá la selección argentina hoy encuentre algunas de esas respuestas adentro de la cancha y logre contrarrestar los efectos de la altura. De lo contrario, será demasiado tarde para los lamentos.

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