La lupa
Viernes 10 de Febrero de 2017

Alguien está viendo

La calle, en algunas situaciones, se torna en un escenario privado, en una burbuja para los actores de algunas situaciones. Inmersos en las particularidades de lo que están viviendo, pareciera que el mundo gira alrededor sólo en derredor de los protagonistas. Y muchos de esos sucesos pasan desapercibidos para cualquiera que no esté involucrado. Pero, por lo general, alguien ajeno está viendo.

Una tarde de domingo en que el calor apretaba más de lo tolerable un ómnibus de la línea 147, de esos grises y anaranjados (una mezcla de qué loco que sos pero con recato municipal), paró en la esquina de San Juan y Entre Ríos. El chofer le hacía señas y tocaba bocina a un taxista que paró cruzando la esquina. El colectivero se levantó del asiento, bajó al cordón y ayudó a descender a una mujer muy mayor. Después, con cuidado arrancó y siguió el recorrido.

La mujer caminaba mordiéndose el labio inferior. La ciática no perdona, y menos con el paso de los años. Vestía un pantalón negro y una remera azul francia. Aprovechó la bajada para discapacitados y despacio cruzó San Juan hasta abordar el taxi. Subió trabajosamente poniéndose a salvo, al menos, del Sol asesino.

Es la parte de la historia que se vio en un ramalazo, en la vida del colectivero apenas si fue una chispa de satisfacción de haber podido ayudar a alguien, en la de la mujer quien sabe cuantos dolores ahorrados.

Quizás pueda pensarse que el mundo no es mejor después de eso, pero, ¿cuántas de esas gauchadas no se anotan en ningún lugar?


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