Ovación
Lunes 17 de Abril de 2017

A Newell's no le da para ser campeón

A Newell's no le da para ser campeón. No tiene la consistencia futbolística necesaria. Tampoco a los jugadores para poder decir "ojo conmigo". Ni la obligación.

A Newell's no le da para ser campeón. No tiene la consistencia futbolística necesaria. Tampoco a los jugadores para poder decir "ojo conmigo". Ni la obligación. Encima, en la carrera hacia el primer puesto, se le presenta un adversario que reúne más condiciones y, además, no se cae. Claro, es muy difícil aceptarlo. Y ni hablar de hacerlo cuando quedan 10 fechas para el final. ¿Qué hace allá arriba? Llegó por méritos propios, fallas ajenas y porque los otros equipos que lo rodean tampoco son superiores al que formó Osella. Puede gustar o no, es discutible. Mientras tanto, los ñubelistas deben disfrutarlo. A esa posición de escolta que goza hace rato no es sencillo llegar, menos mantenerse. Y el gustito se saborea, es lógico. Pero no debe marear. El gran inconveniente es cuando se presenta el dilema de arriesgar por más. Si le conviene hacerlo. Más allá de si puede. Entonces la lógica conduce a intentar con este paso corto y firme seguir ahí prendido.

A la consistencia futbolística la tiene a medias. Muestra orden entendiendo hasta dónde le da. Prioriza no sufrir. Espía para encontrar el hueco hacia el gol del triunfo. Casi siempre ganó así. Y los protagonistas entienden esto. Desde sus actuaciones, en las declaraciones que tiran por ahí. En esos conceptos que se ajustan a la consigna inicial de sumar puntos. A esa premisa que hablaba de zafar del descenso.

Obviamente, un desafío y otro están demasiado alejados. Salvo que se vocifere y demuestre en el arranque del juego por el que se apueste. Y en Newell's fueron claros. Desde el presidente Eduardo Bermúdez, que pregonó llegar a 1,400 de promedio para tranquilizar una realidad que venía cayendo por la banquina.

Con jugadores a los que hoy se aplaude y ayer se puteaba. A los que el DT supo sacarles jugo. Con otros que dan el máximo y se ve. Con poco recambio, que es un gran problema. Quizás pueda recriminarse escasas chances para otros, tal vez no se las ganen en el día a día. Y en este juego de arriesgar con cartas en la mano como hace este Newell's para lograr los propósitos, no es lo mismo cantar falta envido con 24 que teniendo 33.

Por eso juega mirando los tantos en la mesa, con las tablas a mano. En este juego no existe un solo premio. El mayor, el de conquistar el título, pinta desde que empezó todo como inalcanzable (recordar lo previo al clásico ganado sobre la hora). El siguiente se llama Copa Libertadores y a este ritmo clasificará.

¿Ser campeón? Un título que le queda demasiado grande. ¿Terminar como escolta? A firmarlo ya, sería brillante para este Newell's.

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