El rosarino Jerónimo De la Fuente, que está entre los preseleccionados, palpita la participación de Los Pumas 7 en el Mundial de Moscú.
Argentina gustó y goleó. Fue 4 a 0, con goles de Agüero, Higuaín, Messi y Di María, y con el triunfo quedó como único líder de las eliminatorias sudamericanas. El tridente ofensivo que puso Sabella en cancha funcionó a la perfección y despachó a un timorato equipo ecuatoriano.
El as de espadas. Messi es la llave para abrir el partido contra los ecuatorianos.
La fiesta fue completa. El reencuentro de la selección con su público y a la vez la despedida hasta el 2013 del Monumental funcionó como aliciente y Argentina demolió a un amarrete Ecuador, que nunca estuvo a la altura del partido. El equipo de Sabella quedó como único líder de las eliminatorias sudamericanas tras jugarse la 5ª fecha, con 10 puntos.
El tridente ofensivo que puso Sabella en cancha tuvo un primer tiempo de ensueño. En media hora de partido, y con un gol cada uno, ya había resuelto el pleito.
Para que esto se diera debió tener la excelente complicidad de Di María y Gago, que agilizaron y limpiaron el traslado, y también tuvo que tener la ayuda de la timorata actitud ecuatoriana, que desde el vamos se plantó demasiado atrás y dejó venir a Argentina confiando quizá en la suerte.
Que le duró 20 minutos, hasta que los botines argentinos calibraron la mira y comenzaron los desastres para la atribulada defensa ecuatoriana.
El primero fue una combinación bárbara entre Messi y Di María, que terminó con un pase magistral, pinchado, para la volea de Agüero contra un palo.
El segundo fue otro arranque espeluznante de la Pulga, que dejó solo a Pipita Higuaín para que el artillero sentenciara contra un palo.
Y el tercero fue la joya. Messi arrancó en campo propio, la llevó hasta el borde del área y abrió para Higuaín, quien devolvió gentilezas y se la dejó servida a la Pulga, que definió desde el punto del penal con un zurdazo alto, inalcanzable.
El resto de la etapa casi que estuvo de más porque hubo un tibio intento de reacción visitante pero casi no inquietó a Romero. Argentina se terminó floreando y los oídos de los jugadores escucharon el dorado canto del ole que bajó de la tribuna y los bañó de optimismo confianza.
Cuando arrancó el complemento pareció que la visita se jugaba el resto. Con presión en tres cuartos, y con Montero en cancha, intentó arrinconar a la albiceleste contra su área, pero duró lo que un suspiro.
O lo que tardó Argentina en ponerla contra la suela y con más lentitud que en el primer acto, empezar a manejar otra vez los hilos del cotejo.
Eso sí, se hizo más parejo, más de ida y vuelta, como si la diferencia del primer tiempo no hubiese sido tanta. Romero tuvo que revolcarse un par de veces y en el área de enfrente se lo perdían un poco por desidia y por ensayar algún lujo de más.
Hasta que pisando la media hora, Messi (quién si no?) arrancó por enésima vez, se sacó tres hombres de encima y remató, pero la pelota dio en un defensor y derivó en Sosa, quien lo vio entrar y se la dio servida a Di María, que ensayó una volea y la clavó junto al palo.
Después siguieron los oles, la alegría en la tribuna, el festejo total en un estadio que se llenó de fútbol y goles.
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