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Sábado 07 de Junio de 2014

¿Otro milagro en Roma?

Por invitación de Francisco tras su reciente visita a Medio Oriente, mañana se reunirán en el Vaticano los presidentes de Israel y la Autoridad Nacional Palestina para intentar, desde otro enfoque, destrabar el proceso de paz en la región.

Desde que llegó sorpresivamente a convertirse en jefe de la Iglesia Católica, hace poco más de un año, el argentino Jorge Bergoglio se ha caracterizado por una gestión con fuerte iniciativa política. En poco tiempo dejó en claro que no protegerá a sacerdotes pederastas, que no tolerará manejos financieros pocos claros en las cuentas vaticanas y que su vida pastoral abandonará los lujos de sus predecesores y será austera. Tanto es así que, como un símbolo inicial, los empleados del Vaticano no percibieron por primera vez el adicional de un salario mensual que cobraban en cada recambio papal a manera de regalo.

Francisco también se metió de lleno en la política internacional pero sin abandonar tareas pendientes internas: santificó, por los milagros reconocidos por la Iglesia, a Juan XXIII y a Juan Pablo II. También puso en estudio algunas tradiciones ancestrales del culto y hasta se animó a decir que el celibato no es un dogma de fe, por lo cual puede ser revisado, aunque aclaró que es "una forma de vida que aprecio mucho y es un Don para la Iglesia". Hizo ese comentario poco después que unas 26 mujeres que viven relaciones sentimentales ocultas con sacerdotes católicos le enviaran una carta para que conozca sus angustias por la institución del celibato, que por otra parte no nació con la Iglesia sino que fue adoptada siglos después tras el Concilio de Letrán, en 1139.

Como se sabe, el primer Concilio Vaticano, de 1870, declaró que los Papas son infalibles en materia de dogma relativos a la fe y a la moral, con lo cual desde entonces sus disposiciones no son discutibles sino aplicables para todos los fieles. Y Francisco tiene hoy la palabra de la Iglesia y parece también la intención de, al menos, discutir muchas cosas que siempre parecieron inmodificables. Habrá que ver con el tiempo si la pesada y conservadora estructura vaticana se lo permite.

Jugada audaz. Mientras tanto, tras su visita de la semana pasada a Medio Oriente, Francisco sacudió el de por sí siempre movedizo panorama de la región con una invitación a los presidentes de Israel y de la Autoridad Nacional Palestina, Shimon Peres y Mahmud Abbas, a un encuentro en Roma para abordar la cuestión del interminable y nunca concretado proceso de paz que ponga fin a décadas de conflicto en la zona. "Construir la paz es difícil, pero vivir sin ella es un tormento", sentenció el Papa en Belén donde, como hábil político, les dijo a los palestinos lo que querían escuchar e hizo lo mismo con jordanos e israelíes. Dejó a todos conformes y la diplomacia vaticana, que venía de cometer un papelón con Argentina por la carta, primero falsa y luego verdadera que envió al país con un saludo por el 25 de Mayo, recuperó escenario mundial.

Francisco, muy atento a los golpes de efecto, se llevó en su gira a Medio Oriente a dos religiosos argentinos, un rabino y al líder de la comunidad musulmana, para rezar juntos y abrazarse en Jerusalén frente al Muro de los Lamentos, la pared occidental de un antiguo templo hebreo destruido por el general romano y futuro emperador Tito en el año 70 de la era cristiana. Como era costumbre en la época, a Tito le construyeron un arco en su honor por sus victorias militares en Medio Oriente. En el interior de una de las columnas de ese arco, hoy todavía increíblemente en pie en Roma, se conserva un friso que ilustra el momento del saqueo del templo, con cuyo producto se levantó un culto a algún dios romano de ese entonces, varios siglos antes de que el imperio adoptara el cristianismo como religión oficial.

En Roma. Tal vez la energía de las tres religiones monoteístas juntas pueda lograr que mañana, en el Vaticano, la reunión de Peres, Abbas y Francisco arroje un resultado concreto. No parece el mejor momento porque Peres termina su mandato a fines de julio y, además, en Israel las decisiones las toman el primer ministro y el Parlamento. Del lado de los palestinos, tampoco suena como lo más oportuno: el lunes pasado se formó un gobierno de unidad entre dos sectores internos en puja que gobiernan Cisjordania (Al Fatah, al que pertenece Abbas) y la franja de Gaza (Hamas). En el año 2007 el grupo islamista Hamas había expulsado de Gaza, por la fuerza, a los partidarios de Abbas y desde entonces ambos bandos estaban en conflicto.

Pero la fe mueve montañas y esa potestad divina es la que hará falta para lograr un acercamiento en el estancado proceso de paz, más ahora con Hamas dentro del gobierno palestino, un grupo que no reconoce la existencia del Estado de Israel y promueve su destrucción, lo ataca con misiles en la zona sur de país y es catalogado como terrorista por la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá, Australia y otras naciones. Sin embargo, el gobierno palestino de unidad tuvo respaldo internacional de muchos de esos países.

Desde el lado israelí, con el gobierno de derecha del premier Benjamín Netanyahu, se ha puesto también permanentemente trabas al proceso de paz con la repudiada mundialmente política de asentamientos y construcciones de viviendas en los territorios palestinos, un despropósito que apoyan quienes todavía suponen que viven en la época del templo destruido hace veinte siglos y les asiste derecho divino.

Esas no pocas dificultades, y tantas otras en un conflicto muy complejo y que data de más de 65 años, son las que se enfrentará mañana Francisco con Peres y Abbas. Un conflicto que no puede abordarse de una manera restringida a esos actores, sino enmarcado en una región del planeta caracterizada por la volatilidad política de Egipto y El Líbano, la masacre de civiles en Siria, entre ellos centenares de niños que ya a nadie parece preocupar, como también por las intenciones de Irán de lograr poder nuclear.

Si el Vaticano asegura que los milagros existen, ahora tiene una manera efectiva de demostrarlo.

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