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Lunes 14 de Enero de 2013

Otro ejemplo del desprecio populista por la juridicidad

El avance del poder chavista sobre lo que manda la Constitución con claridad inequívoca ante una situación como la ausencia de Hugo Chávez es una muestra perfecta del modo de comportarse del populismo frente a las instituciones y los límites que estan imponen a los caudillos y sus lugartenientes.

El avance del poder chavista sobre lo que manda la Constitución con claridad inequívoca ante una situación como la ausencia de Hugo Chávez es una muestra perfecta del modo de comportarse del populismo frente a las instituciones y los límites que estan imponen a los caudillos y sus lugartenientes. El populismo desprecia la “mera legalidad”, los “formalismos” —como llamó el vicepresidente no
electo Nicolás Maduro al acto de juramentación que Chávez no pudo cumplir la semana pasada. Su esposa y procuradora general de la República, Cilia Flores, usó la misma expresión en un dictamen. En lugar de esa molesta legalidad, el populismo impone la “legitimidad que otorga el pueblo” al caudillo, en una transferencia absoluta y definitiva del poder, no sólo mediante el voto sino en su fervorosa y permanente adhesión emocional al mandatario-patriarca.

Lo procedimental, lo “meramente jurídico”, las mediaciones que imponen las instituciones, son para los populistas accidentes u ornamentos. Si sirven, se usan, si no, se descartan, como hicieron ahora. Conste que la Constitución venezolana es un producto de Chávez, la anterior fue desechada apenas subió al poder en 1999. Las izquierdas populistas que han llegado al poder en varios países sudamericanos en esta década usan siempre la misma estratagema: en el llano, “corren” a los gobiernos “oligárquicos y antipopulares” con la ley y la Constitución. Pero en cuanto pisan el palacio del poder esas mismas leyes y constituciones pasan a ser desechables, dado que conforman una democracia representativa con división y balance de poderes, todo lo contrario al proyecto nacionalpopulista.

Chávez, Rafael Correa y Evo Morales han dado brutales muestras de este desprecio absoluto por la juridicidad en sus respectivos procesos de reforma constitucional y habilitación de sus reelecciones. Igual, pese a este descarado accionar de la izquierda populista, conviene detenerse en los argumentos que por estos días insisten en esgrimir los juristas venezolanos contra lo decidido por el gobierno chavista y su Justicia satélite. “Según la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), el presidente de la república está en ejercicio, por lo tanto el vicepresidente no puede suplirlo”, como sin embargo está haciendo Maduro con Chávez. Así interpretó el profesor de derecho administrativo de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Gustavo Linares Benzo, el fallo del TSJ que desechó las objeciones de la oposición y consideró innecesaria la juramentación del presidente.

“La sentencia dice de manera expresa que el presidente está en funciones y en consecuencia no empiezan a correr los 90 días de espera”, que prevé el texto constitucional en caso de ausencia, “por lo que nos encontramos en una situación asombrosa: tenemos un presidente en ejercicio que no puede ejercer, y un vicepresidente que no puede ejercer si el presidente está en ejercicio” pero que de hecho lo hace, explicó el especialista al diario El Universal. Además, Chávez, “antes de irse delegó algunas funciones, los trámites presupuestarios y de expropiaciones (en Maduro), pero dijo que Maduro no podía dictar reglamentos”. Asimismo, “al mando militar tampoco lo delegó. El problema aquí es que, con un presidente sedado, no se sabe si el vicepresidente Maduro va a usar poderes que no le delegaron”. La irregularidad de la situación queda así perfectamente expuesta y es insostenible desde un punto de vista legal y constitucional. Pero los chavistas siguen adelante, lanzando amenazas,  represión contra los estudiantes —como se vio en Táchira—, y procedimientos disciplinarios contra los medios que critican su mamarracho sucesorio.

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