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Domingo 07 de Diciembre de 2014

Otro caballo de troya

La Justicia a medida. La reforma al código de procedimientos de la Nación se hizo de acuerdo a las necesidades del gobierno. Si bien es cierto que el texto central es un avance, reviste con un poder arbitrario y desmedido a la jefe de fiscales. Las gestiones para colocar a Kicillof como vice de Scioli.

Alejandra Gils Carbó ha logrado pervertir una muy buena idea a la hora de la reforma del código de procedimientos penales de la nación. La procuradora general es la cabeza del grupo de intelectuales que obligó a diputados y senadores del FPV a abdicar de su capacidad de pensamiento propio (de paso, todos mayores de edad y responsables plenos de semejante cuadro de sumisión) para arremeter en un par de sesiones con el efecto de conseguir un nuevo código al gusto y placer del oficialismo. Otra vez, el kirchernismo explícito, químicamente puro. Conmigo o en mi contra. Ayer, patria o buitres. Siempre, amigo o enemigo.

Nadie duda de la necesidad que había de aggiornar la legislación que dispone la aplicación del proceso penal. El texto central, con más y con menos, es un avance. Pero también nadie puede dejar de reconocer que se omitió debatir el conjunto de anexos aprobados al cuerpo procesal que dispone con privilegios casi mayestáticos la facultad, sin control alguno, de la jefe de los fiscales para nombrar a casi 20 fiscales y más de 1600 empleados. Todo sin concurso público. Todo a dedo. Todo, según el deseo de Gils Carbó. Otro presente griego.

Es ya un escándalo que un funcionario de una República sea ungido con semejante poder arbitrario. Lo es más cuando quien lo ejercerá ni bien se promulgue el código llegó a la función que detenta aduciendo que su filosofía era transparentar el Poder Judicial, hacerlo más democrático y remover ciertos privilegiados del Medioevo. Raro modo de hacerlo a punta de lapicera discrecional para firmar a favor de sus amigos. Y para afirmar esto, baste ver lo actuado desde que asumió. La procuradora impuso un sistema de concurso público para el nombramiento de nuevos funcionarios. De ese procedimiento sólo hizo efectivos a un número que se cuenta con los dedos de una mano. Por afuera, “inventó” el cargo de relator y adscripto a las fiscalías y promocionó a casi 300 funcionarios con altos sueldos sin que tengan que rendir otra cosa que no sea simpatía hacia su modo de pensar y cercanía con la misma agrupación kirchnerista “Justicia Legítima”.

Podría achacarse prejuicio contra la procuradora, toda vez que los nombramientos no han sido aún hechos. Eso sería un error porque implicaría omitir otros antecedentes. Durante la intervención en la fiscalía del entonces suspendido José María Campagnoli, mandó a sumariar y denunciar penalmente a los empleados del ahora restituido integrante del Ministerio Público por causales tremendas: cortes de luz, no funcionamiento del modem de internet o ausencia de agua potable en la fiscalía o goteras. Aquí no hay metáfora. La fiscal subrogante de Campagnoli Cristina Camaño, de pública cercanía con Gils Carbó, ordenó denunciar penalmente (a ver si se entiende: les abrió proceso penal) a jóvenes de 20 o 30 años acusados de cortar el servicio de internet en el edificio de la fiscalía o por sospecha de no colaboración con la gestión ante las goteras que se desencadenaron “sin aviso previo” (sic) en el vetusto edificio de la fiscalía. Todo un gesto de valentía lanzar el poder del Estado contra empleados y estudiantes casi adolescentes.

La oposición (y el peronismo implícita o explícitamente no K) no toma nota del cambio jurídico que encontrará cuando asuma el nuevo presidente el 10 de diciembre de 2015. El derecho privado entero ha sido modificado con el nuevo Código Civil. El proceso penal nacional es otro. La ley electoral será el nuevo embate del oficialismo. La responsabilidad civil de los funcionarios ya está atenuada o eliminada por ley. Las provincias siguen humilladas con la ausencia de ley de coparticipación y con la ilegal delegación de facultades legislativas a favor del jefe de Gabinete. El gobierno avanza a fuerza de cierto sectarismo de pensamiento unilateral describiendo a la democracia como el gobierno, solamente, de las mayorías y nunca de la consideración de las minorías y el deseo abierto de garantizarse fiscales y jueces dóciles ante el inevitable cierre del ciclo político. La oposición se tropieza consigo misma discutiendo con los fotógrafos para no aparecer retratada al lado de otros políticos o jugando a las encuestas o focus group antes de emitir opinión basada en su verdadera convicción o pensamiento.

La imagen de este fin de año entre la voracidad oficial y la confusión de la oposición remite a ver, de un lado, a un tren de carga que atropella todo lo que no quiere y, del otro, a un manojo de despistados empujando a destiempo la palanca de una vieja zorra de ferrocarril que avance y retrocede sin norte claro.

Cristina no quiere. El gobierno ha encontrado una nueva excusa para azuzar a la oposición: la eventual candidatura de la doctora Kirchner como diputada para el parlamento latinoamericano Parlasur. Si se consulta a los ministros del Poder Ejecutivo que conversan con la prensa, se ausculta que la idea no es nada más que un globo de ensayo para distraer la atención. “La jefa sólo quiere irse a Santa Cruz sabiendo que cuenta con un número de diputados y senadores propios que le garanticen peso en los próximos 4 años”, dice uno de ellos en la misma Casa Rosada. “Lo que sí desearía es haber impuesto al ‘pibe’ como vicepresidente”, concluye la misma fuente.

El “pibe” no es otro que Axel Kicillof. Y el deseo ha comenzado a ser sugerido con fuerza y mensajes más directos al precandidato Daniel Scioli, que parece irse imponiendo en la interna del PJ.
El gobernador de Buenos Aires hace como que no se entera. En la presentación esta semana de su libro recordando el accidente que le valió la pérdida de su brazo, dijo a un grupo de periodistas: “Estoy acostumbrado a aguantar aunque tenga la tormenta encima. En silencio, siempre supe conjurarla”. Habrá que ver qué pasa esta vez con los nubarrones cargados con el nombre de la estrella del gabinete así bautizado, con total antojo, por la presidente.

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