Edición Impresa
Miércoles 10 de Junio de 2009

Otra oportunidad

En 2008 se anunciaba el libro electrónico y la "inevitable" muerte del libro impreso. Lo cual, se sabe, finalmente no ocurrió. El e-book está de regreso, aunque los abultados precios no parecen augurar una revolución en la industria del libro. Pero las ventajas llevarán tarde o temprano a un cambio de hábitos en lectores y editoriales.

"¿Se perderá la encantadora ceremonia de regalar un libro?", se preguntaba la periodista de la revista Viva. Era 2008 y se anunciaba el libro electrónico, un aparatito llamado a revolucionar la forma de leer. Ya se sabe qué pasó: fue un fracaso estrepitoso. Ahora reaparecieron con algunas ventajas sobre su predecesor y la misma preguntita: ¿llegó el momento en que el e-book desplazará al viejo y querido papel?

¿Para qué engañarnos? El Kindle es un aparatito delicioso. Pesa 300 gramos, puede almacenar unos 1.500 libros, incluye una opción para que el dispositivo lea en voz alta y la pantalla se asemeja más a un papel impreso que a un monitor de computadora, gracias a la tecnología e-ink (tinta electronica). Tiene una pequeña contra: cuesta más de 350 dólares.

Hay otras opciones, como el Sony Reader o el Papyre, con variaciones en el tamaño de la pantalla, el método para buscar texto o los formatos que acepta, pero básicamente el inconveniente es el mismo: el precio. Por algunos billetes más se consiguen excelentes netbooks que permiten hacer todo lo que hace un libro electrónico, además de ser una computadora.

Pero supongamos que, esta vez, el e-book se convierte en un suceso de ventas. ¿Es el fin de la industria del libro? Para nada, simplemente es un avance con mucha ventajas al que deberán adaptarse las editoriales, tal como viene pasando, por ejemplo, con la música.

"¿Qué será de las bibliotecas y el delicioso rito de ordenarlas y admirarlas?", era otra de las preguntas que surgían en la nota de la revista hace ya una década (ya se sabe, el equivalente a una eternidad en esto de la tecnología). La respuesta puede ser una puñalada en nuestros viejos y nostálgicos corazones: más tarde o más temprano, las bibliotecas van a volverse obsoletas y desaparecer. El avance tecnológico desborda de ventajas por sobre la "lectura tradicional", por llamarla de alguna manera. Tan sólo un ejemplo: hay una frase de una novela que nos quedó grabada en la cabeza. En libro impreso eso significa que la única forma de encontrarla es poco menos que releer la novela completa. En el e-book simplemente habrá que tipear un par de palabras.

Es cierto, no hay nada como ir a la cama con un libro entre las manos, con ese aroma tan particular, pasar las páginas una a una. Pero los nuevos lectores, los nativos digitales, no tendrán que luchar contra la barrera de la nostalgia. Quizás el libro impreso jamás desaparezca por completo, pero llegará el día en que la mayoría decida disfrutar de las bondades de un e-book.

"No creo que nunca haya una sustitución completa, habrá cierta integración de los dos modelos", dijo Maurizio Costa. Claro, el hombre maneja una editorial en Italia y su apuesta es a seguir en el negocio. Pero es inevitable: los tiempos cambiaron y las empresas están obligadas a cambiar. O a desaparecer.

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