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Domingo 12 de Junio de 2016

Otra manera de hacer shopping

Surgen en Rosario emprendimientos dedicados a vender y comprar indumentaria "reciclada" de marcas conocidas. La crisis económica les da impulso. Ideal para quienes no quieren resignar moda ni pagar de más

En Estados Unidos no es novedad y en Buenos Aires tampoco, pero en Rosario sí. El mercado acá es distinto y las mujeres no están acostumbradas a comprar ropa usada. Sin embargo, la crisis —y la tendencia cada vez más marcada por el cuidado del planeta y sus recursos— ha provocado el surgimiento, todavía tímido, de emprendedoras que se dedican a vender ropa usada, pero en excelente estado y de primeras marcas.

   No se trata de las tradicionales ferias americanas donde se ofrecen prendas de hasta hace 20 años atrás, ni tampoco de los outlets donde venden ropa con fallas. Estos son emprendimientos donde se puede comprar indumentaria de primera calidad. El target al que apuntan es bien específico: está enfocado a mujeres y niños de recursos socioeconómicos medio y medio/altos, aunque también empieza a haber ofertas para hombres.

   Se pueden conseguir prendas de marcas prestigiosas y "caras", por ejemplo, Columbia, Armani, Vitamina, Jazmín Chebar, para damas, o Cheeky, Little Akiabara y GAP para los más chiquitos y adolescentes. Todo lo que se cuelga en los percheros está en muy buen estado aunque usado, pero ni se nota.


Una salida elegante ante la crisis

   Mujeres acostumbradas a comprarse ropa de etiquetas conocidas y a precios altos no se resignan fácilmente a usar otro tipo de prendas. Son ellas las primeras en recurrir a estos lugares que ofrecen los mismos jeans que tienen en el shopping, pero que tienen varios usos o son de una temporada anterior. A estas compradoras parece que les importa menos que antes conseguirlos como sea. Quieren seguir luciendo las marcas que les quedan bien y que además, en ciertos ambientes, les dan status.

   Después de todo, ¿quién se entera de que los pantalones que llevan fueron usados por otra antes? Nadie. ¿Quién sabe que se los compraron a una amiga que los vende en su casa? Nadie. Y así pueden seguir dándose esos lujos pero pagando hasta un 60 por ciento menos de lo que indican los precios en las vidrieras.

   Al mismo tiempo cobran impulso las iniciativas de reciclado. La idea de no dejar en el ropero esas prendas que se usaron una vez o nunca, o de guardar cosas que ya no se volverán a lucir y permitir que otro lo haga es una nueva forma de sacarle todo el provecho a la misma ropa y de esta manera impedir que se sigan dilapidando recursos que dañan al planeta. ¿Por qué confeccionar más ropa de la que realmente hace falta?

   Es el caso de los vestidos de casamiento y de fiesta donde se ofrece una alternativa muy tentadora que empieza a vislumbrarse en Rosario. Quienes los necesitan pueden conseguirlos a muy bajo precio, y por otro lado, aquellas que los tienen colgados en el ropero y los usaron una sola vez pueden darle un buen destino. Aquí ganan todas. Eso lo saben las emprendedoras.

Niños y no tanto

  El Roperito es la primera tienda de ropa usada con locales a la calle de esta región. En 2012 entre amigas y cuñadas decidieron hacer un negocio de lo que ya venían practicando en su familia. Estaban acostumbradas a pasarse la ropa de sus hijos que ya no usaban y que estaba en buenas condiciones. Se dieron cuenta de que la mayoría de la ropa, los juguetes, los coches y las sillitas para el auto pasaban de prima a prima "en un círculo amoroso donde los objetos que una compraba o recibía luego de usarlos pasaban a la siguiente. Y pensamos que podíamos abrir ese círculo hasta abarcar a todas aquellos que quieran ser parte de él", explican las dueñas.

   De la idea de "seguir pasando" nació El Roperito Petit Boutique, inspirado también en el concepto de consumo responsable, de reusar, reciclar, reducir, y de pagar el precio justo. Sostienen que "los chicos no volverán a usar el 33% de las cosas que tienen en su habitación", y por eso animan: "Es tiempo de limpiar ese ropero y usar de nuevo".

   Empezaron a recibir cochecitos, zapatos, mochilas y ropa. Hoy cuentan con dos locales a la calle. Uno en el centro de Rosario y otro en Funes. Tienen más de 1.700 proveedores. Son personas particulares que llevan la ropa de los chicos y las entregan para que las chicas de El Roperito las vendan. Cada parte (proveedora y El Roperito) se queda con el 50% de la venta. El precio al público suele ser el 60% menos del que tiene la prenda nueva y lo reciben en consignación. Son monotributistas y tienen el local habilitado como cualquier negocio que vende ropa a la calle.

   Hay de todo, desde ranitas y camisetas hasta camperas y equipos de esquí, botas de lluvia, uniformes de colegios, juguetes y máquinas para esterilizar la mamadera. "Preguntame qué no recibimos", dice Pilar Carreras, una de las dueñas, porque la realidad es que tienen de todo.

   Las proveedoras deben cumplir con ciertas pautas para que se pueda vender su ropa: las prendas se reciben sólo si están recién lavadas, sin manchas, sin uso excesivo. Ahora, además, las dueñas están pidiendo que sean de marca.

   Cuentan con un sistema de stock por el cual informan a cada proveedora cómo va la venta de sus prendas. Y luego se determina el día en que deben ir a cobrar por lo que se vendió. El resto, si no lo retiran, se dona.

   Esta mujer de 40 años, repleta de energía y buena onda, es la primera que incursionó en este ámbito y no le da vergüenza decir que ella se viste con ropa usada y que también viste de ese modo a su hijita. "Tengo la suerte de ser la primera que veo la ropa y de elegirme lo que más me gusta", cuenta divertida entre los percheros, mientras acomoda los vestidos de nena, las camisitas de varón y los zapatitos en miniatura.

   En la entrada del local dice, en grandes letras, que allí se vende ropa usada, pero al observar la ropa es difícil encontrar dónde está el uso porque se exponen en perfecto estado, como en cualquier local. Obviamente allí nadie puede pedir otro talle de la misma prenda, ni otra igual. "Acá todo es único", acota Pilar.

   Mientras tanto, entran mujeres al local y buscan ropa para sus hijos. Una de ellas contó a Más que le compró a su hija de 10 años un jean marca Kosiuko y una camisa y que estrenó el equipo para el cumpleaños. "Ella chocha y yo también porque si no hubiera sido porque era usado, jamás se lo hubiese podido comprar", confiesa, mientras mira algo para su hijo varón.

   ¿Y lo que no se vende? Las chicas de El Roperito lo donan, con el consentimiento de las dueñas. "Donar es parte de nuestra filosofía", subraya Pilar. Desde allí llega ropa a niños recién nacidos en la Maternidad Martin, a los que asisten a los centros de prevención de la desnutrición Conin y a centros de jubilados, entre otros lugares.



En la propia casa


   María Eugenia Aramburu tenía dos locales de ropa en los shoppings de Rosario. Ambos de primeras marcas. Pero la crisis económica la obligó a cerrarlos hace poco. Siempre le gustó la venta de indumentaria y un día su hija le hizo una sugerencia. "Me vio haciendo limpieza del placar y me dijo que por qué no vendía la ropa que yo ya no iba a usar. Muchas de las cosas que no uso se las paso a una amiga, pero me gustó la idea de arrancar con un emprendimiento", cuenta desde su casa, que es donde vende la ropa.

   "Con un par de cajas de prendas que me quedaron del local y mi propia ropa, con muy poco uso, me animé y me puse a vender". Comenzó a hacerlo con sus amigas y después a través del boca a boca la propuesta se fue conociendo más.

   "Cuando vienen a ver la ropa las mujeres me cuentan —por ejemplo— que quisieron ir a comprarse un poncho de una marca supertop y que casi se mueren porque para pagarlo necesitan un mes de trabajo. Tal vez les puedo ofrecer lo mismo pero por 2.900 pesos. Entonces se tientan. Todas coinciden en que la ropa está carísima y que ya no pueden acceder a lo que compraban hace un par de años", cuenta María Eugenia.

   Lo mismo pasa con la ropa de chicos. ¿Quién puede pagar 3 mil o 5 mil pesos por unas botas para una nena, como las ofrecen en el shopping? A lo mejor en estos lugares de ropa usada se pueden encontrar por 1.200, menos de la mitad.

   El emprendimiento de María Eugenia siguió creciendo y empezó a perfeccionarse. "Trato de que la ropa sea de primera marca y de no más de dos temporadas atrás, o importada de casas como Zara o HyM", relata. Ella misma se ocupa de lavar y acondicionar las prendas. Además, adaptó su casa para tener un perchero donde colocar la ropa y que las clientas puedan verlas y probarse.

   Conociendo el precio que tienen en el mercado ella los marca a la mitad y así brinda una oportunidad para las mujeres que les gusta seguir luciendo una prenda Armani pero no la pueden adquirir. "Creo que nos terminamos ayudando entre todas", considera la dueña del emprendimiento.

   Otras que están "despegando" son Julieta Falcone y Cecilia Oneto, amigas de toda la vida. Cada una tuvo trabajos en distintos lugares, los dejaron, y ahora trabajan en un emprendimiento común: la venta de ropa usada para mujeres. Querían hacer algo distinto, que las motive y a la vez sea compatible con la maternidad, ya que las dos tienen hijos chicos y no pueden atarse fácilmente a horarios rígidos.

   "Nos dimos cuenta de que hay un target de gente que —como a nosotras— le gusta la pilcha pero que ya no pueden gastar. La diferencia de acceso a determinadas prendas, marcas u objetos se percibe fuerte. Todas esperamos los descuentos de la tarjeta y la liquidación y cuando tenés que vestir a los chicos todo se complica porque también es muy cara la ropa de niños", relatan en un bar donde harán una feria para mostrar sus "productos".

   El mayor desafío para ellas fue encontrar proveedoras. Pero consiguieron mujeres que les llevaron ropa de primeras marcas importadas y nacionales usadas o nuevas de locales que cerraron. "Hacemos un control exhaustivo de calidad de cada prenda para que esté excelente. Pensamos qué nos gustaría a nosotras y así la ofrecemos a las clientas", explican.

   Ellas toman las prendas en consignación y arreglan con cada proveedor el precio de venta y luego, si se vende, dividen el 50 por ciento para cada uno. Y entre estos tienen de todo: hay quien les lleva solo un par de zapatos y mujeres que acarrean valijas enteras de ropa que ya no usan. En "El perchero second hand (segunda mano)" como se llama la iniciativa de Julieta y Cecilia, una camisa puede costar 250 pesos y un jean 500 (todo de marca).

   Las emprendedoras están felices por la respuesta de la gente y planean en breve instalarse en un local a la calle que contará con todas las habilitaciones y ellas trabajarán como monotributistas .



Un nuevo canal: las redes


   Las mayoría de las que están en este tipo de emprendimientos son mujeres y aprendieron a usar muy bien las redes sociales para vender. Así se dan a conocer y así publicitan sus productos.

   Sobre todo usan Facebook e Instagram, porque les permiten poner fotos con la mercadería. Y a la vez es la forma en que la mayoría de ellas contacta a nuevas clientas.

   El marketing lo hacen por las redes. Ya no se usa el papel, sino los hastags:#dejalousado #comprainteligente, #casinuevo. Una forma fácil de encontrarlas en el mundo virtual.

Por solidaridad

Patricia Usinger junto a sus amigas Graciela Corbelli y Patricia Costa empezaron a ofrecer vestidos de fiesta, casamientos y madrina, todos con muy poco uso y a muy bajo costo. "Nadie se pone más de dos veces un vestido de fiesta, y por eso están como nuevos", explica Patricia quien también adaptó su casa para que las "clientas" vean los vestidos y se los puedan probar.

   Así nació "Las Ccosas del Querer", dando la oportunidad a que muchas mujeres puedan re-estrenar un vestido usado, y a la vez deshacerse de aquello que ocupa lugar. "Nosotras lo hacemos con un fin solidario, porque la gente nos dona lo que no usa y con lo que recaudamos colaboramos con distintas iniciativas", explica.

   Ahora en su casa, además de los muebles del living, hay un perchero que cruza toda una pared. Allí se lucen los vestidos de todos los colores y estilos. ¿La forma de darse a conocer? Facebook/Las Cosas del Querer.

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