Edición Impresa
Domingo 13 de Abril de 2014

Otoño imperdonable

Reflexiones, por Luis Novaresio. El juez Sebastián Casanello golpeó más fuerte que el paro general de Hugo Moyano y Luis Barrionuevo.  

El juez Sebastián Casanello golpeó más fuerte que el paro general de Hugo Moyano y Luis Barrionuevo. En la semana que termina, el gobierno se puso mucho más en guardia por las decisiones de la Justicia que por la particular huelga del jueves y en los pasillos del poder se mira con atención el procesamiento por enriquecimiento ilícito de Ricardo Jaime. "Con los sindicalistas hay buenas y malas. Pero con los jueces, cuando empiezan las malas es luz verde para que las cosas sigan empeorando", confiesa en reserva un secretario de Estado a este cronista.

Ricardo Jaime sabe que rompió todos los records: pasó de llegar desde Córdoba en ómnibus a la Capital Federal y alojarse en un modestísimo hotel al lado de una estación ferroviaria, allá por 2003, para luego, en menos de 5 años, volver a su provincia en un jet privado de uso (¿y titularidad?) propio y frecuentar los alojamientos de 5 estrellas de buena parte del mundo. Transformó a su familia propia y a la de su esposa, haciéndola dejar la clase media para acomodarla en la aristocracia más dispendiosa. Y todo en pocos meses de gestión al frente de la Secretaría de Transporte que manejó arbitrariamente un caudal varias veces multimillonario de recursos propios sin rendición seria para subsidios a trenes y colectivos que funcionario de manera desastrosa. Por fin, mutó de ingresar al despacho del entonces presidente Néstor Kirchner casi sin golpear (muchos recuerdan sus visitas fijas los días miércoles, a las que comparecía con notorios maletines) a ser negado en la Casa Rosada como si se tratara de Belzebú.

El fiscal Carlos Rívolo impulsó que se procesara a Jaime por enriquecimiento ilícito en una causa que no agota el desproporcionado cambio de vida y bienes del ex funcionario. No se puede dejar de tener en cuenta que el juez que aceptó el pedido es Sebastian Casanello, considerado como un hombre "poco crítico" con los integrantes del poder de estos años. Tan es así, que la causa que involucra a Lázaro Baez y otros por lavado de dinero luce una lentitud que a ojos del entonces fiscal José María Campagnoli es parte de un encubrimiento que tiende a la impunidad. ¿Por qué ahora el magistrado procesa al ex secretario de Transporte? ¿Las pruebas eran tan contundentes que no tuvo más remedio? ¿Es un mensaje al cordobés para que termine de decirle a quien quiera escucharlo que está con ganas de contar más sobre el circuito utilizado para los dineros públicos en su gestión y quiénes sabían de ese sistema?

Si el derrotero de Jaime se acerca más a las figuras del Código Penal, su suerte no será la única afectada, leen en los círculos de poder. Algunos creen que cuando se conoció el viernes pasado la decisión judicial, la mujer de ojos vendados avanzó dos pasos. Otros, más pesimistas, estiman que el empujón hacia delante fue propiciado de manera preventiva para advertirle a un procesado y a muchos más que los pactos de silencio no se violan.

Fue un viernes movido en los estrados judiciales. A más de lo de Jaime, se confirmó que Leonardo Fariña es mucho más que un perejil que pergeña aventuras (la escucha telefónica ofreciendo negocio de lavado de 90 millones de dólares no podrá ser defendida con el "querés ficción, te doy ficción") y quedará preso mientras dure el proceso por enriquecimiento y evasión fraudulentas. No volverá tampoco a su despacho el fiscal Campagnoli porque la Justicia contenciosa no creyó que suspenderlo en 4 días luego de que este hombre acusara al grupo Lázaro Báez por distintos delitos fuese violatorio de las garantías constitucionales. Mucho mensajes de la Justicia que superan el texto explícito de las sentencias.

Paro y palos. Hugo Moyano se equivoca si cree que los efectos de la huelga de esta semana los puede capitalizar como propios. Su imagen negativa, incluso entre los que pararon, sigue muy alta. Ni hablar la de su indescriptible ladero Luis Barrionuevo, descalificada al punto del desprecio popular. La medida de fuerza que tuvo alto impacto en los centros urbanos fue motorizada por dos grandes energías. La indiscutible de complicar la vida diaria de un país por los gremios que nuclean al transporte (Moyano sí puede aquí colocarse la medalla (sic) de tener aún la llave para "parar" el país) y la heterogeneidad de un malestar de buena parte de la población preocupada por la inflación, la pérdida de capacidad de compra del salario por la devaluación y, cómo no, la inseguridad reinante.

El camionero fue astuto y olió este descontento que es siempre rechazado por el agotado modo de negación del gobierno. Vio una hendija para colar un paro sostenido por problemas reales y respuestas ausentes. Aburren las chicanas dialécticas de la gestión nacional que bautiza con ridículo efecto a la inflación como acomodamiento de precios y a la devaluación como deslizamiento cambiario o endilga las responsabilidad de todo al resto de los mortales. En esa misma inteligencia, el paro docente es materia de los gobernadores, la suba de precios de las economías concentradas y la inseguridad y el narcotráfico de los Estados provinciales. Infierno siempre ajeno al gobierno nacional. Afortunadamente hubo una excepción sobre esto último con el procedimiento antidrogas propiciado en Rosario con la presencia de efectivos nacionales comandados por Sergio Berni, el número 2 de Seguridad (se supone que hay una número 1 que es la ministra Cecilia Rodríguez, pero se desconoce su paradero). No hay menos que saludar esa decisión del gobierno de Cristina Fernández que, ojalá, ayude a remediar el oscuro panorama de seguridad de Rosario también negado por las gestiones socialistas.

No dejan de ser pintorescas las quejas por los piquetes de los mismos que hasta hace 15 minutos saludaban las tomas de comisarías, los cortes de ruta o los camiones cruzados en los centros de distribución de los diarios. Algunos funcionarios se han vuelto de golpe ciudadanos escandinavos que se golpean el pecho por la falta de libertad de circulación y elección cuando anteayer acusaban a los que pedían levantar piquetes como criminalizadores de la protesta social. No hay peor gusto que probar el propio remedio.

Quizá sean la poesía y el arte, en una semana en la que murió un prócer del teatro y, esencialmente, una gran persona como Alfredo Alcón, quienes expliquen lo que sucede por estos días. La irrepetible María Elena Walsh escribió que "es otoño imperdonable el que viene y deja en olvido el triste recuerdo triste de que se lleva las hojas".

Comentarios