Ovación
Lunes 24 de Octubre de 2016

Osella se diplomó, Coudet se desplomó

El DT leproso ganó porque le hizo pisar el palito a Chacho con el planteo.

Con la mano en el corazón, Newell's hizo muy poco para ganar el clásico ayer en el Gigante. Mejor dicho. Todo lo que hizo fue ese remate celestial de Maxi Rodríguez que quedará grabado para la posteridad. Pero detrás de ese festejo perpetuo del capitán, el que realmente se diplomó con todos los honores como entrenador rojinegro fue Diego Osella. Es que a partir de ahora, cada vez que su figura se asome por el túnel del Coloso y recorra el camino hacia el banco de suplentes, una melodía de aprobación acompañará sus pasos. Osella no sólo venció a Central, sino que se ganó el aplauso de por vida del público leproso. Cada vez que se hable de esa racha lacerante que le tiraba sal a la herida rojinegra, aparecerá el nombre y apellido de Diego Osella para detener la hemorragia.

Osella se quedó con la última palabra del clásico ante Coudet porque en su cabeza siempre carburó un partido como el que finalmente se dio. Newell's jugó a una pelota. Apostó a esto todo el tiempo. En el inicio cuando ni siquiera el equipo se esforzó por sacarle el ropaje de estatua a Sosa. En el segundo tampoco los jugadores rojinegros se desvivieron por explorar el campo contrario. En ese sentido, Osella siempre tuvo claro qué era lo que más le convenía. Por eso le hizo pisar el palito a Coudet y el Chacho cayó como un chorlito. Tanto que lo empujó a la confusión porque el entrenador de Central creyó que acumulando delanteros, con los ingresos de Bordagaray y Herrera, encontraría la hendija para abrirle las grietas a la defensa de Newell's. Pero la tortilla estuvo lejos de darse vuelta. El pensamiento del DT canalla no hizo más que contribuir al juego de Newell's. En otras palabras: le facilitó las cosas. Porque en ese modelo de trámite, Central generó tan poco como Newell's en el primer tiempo.

Fue evidente que Coudet perdió reflejos para entender lo que le pedía el desarrollo. O sólo mostró reacción en el primer tiempo cuando realmente Central lo convirtió en figura a Pocrnjic.

Así como Coudet había hecho un curso acelerado de técnico de Central cuando gritó en el Coloso con aquel gol de Ruben en 2015, esta vez el papel principal le cabe a Osella. Bien merecido lo tiene. Porque anoche cuando se fue a dormir luego de un día volcánico, seguramente la compañía de la almohada fue la mejor constatación del deber cumplido. Cómo no iba a sentir eso si horas antes se había jugado un pleno en la cancha del eterno rival y logró acallar el mismísimo Gigante.

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