Newell's
Martes 22 de Noviembre de 2016

Osella levantó la mano y pasó al frente

El entrenador de Newell's demostró en la victoria contra River que también sabe mirarse en el espejo de la osadía.

Para aquellos que creen que la crítica siempre lleva impregnado el ensañamiento, bien vale echarle un vistazo a la metamorfosis que sufrió Diego Osella desde que se arropó como técnico de Newell's. Porque si hay alguien al que se lo rotuló de amarrete con sus planteos es precisamente al entrenador rojinegro. Pero ya no sólo no es el mismo que se sentó en el banco que dejó vacante Lucas Bernardi el año pasado, sino que con el paso de los partidos supo rendir con buenos puntajes algunas materias que tenía pendiente. Y vaya si las rindió con un aprobado. No es obra de la providencia que en los 10 partidos que disputó en el torneo haya sacado 21 puntos, con 6 triunfos, 3 empates y una derrota. Paradójicamente, la única caída que sufrió quedó enmarcada en un polémico arbitraje de Germán Delfino frente a Racing en Avellaneda.

La gran victoria del domingo contra River en el Coloso terminó por diplomar a Osella en el ítem más difícil de visualizar en los entrenadores. Lo retrató como un buen estratega. Esa figura le permitió dar un paso al frente nada menos que para doblarle la muñeca a Marcelo Gallardo, el mejor perito táctico que mostró el fútbol argentino en los últimos años.

Si cuando venció a Central en la agonía del clásico en el Gigante, desde estas mismas páginas se dijo que Osella se había recibido de técnico de Newell's, la audacia que mostró a la hora de entender el trámite ante River lo eleva a otra categoría. Ya no es más aconsejable encasillarlo como un hombre que se paraliza por las precauciones cuando tiene un rival, presuntamente, superior adelante. Pensó tan acertadamente el partido que más le convenía hacer a Newell's que dejó sin respuestas al mismísimo Gallardo. Hasta el técnico millonario reconoció sin ruborizarse que su equipo había caído dócilmente en las redes que le tendió el colega oriundo de Acebal.

Incluso, la declaración que realizó ayer fue autorreferencial para poner en contexto el momento personal de Osella: "Algún mérito debemos tener para estar ahí en la tabla", dijo para explicar por qué Newell's está encaramado en el lote de arriba en el campeonato. Tampoco a él nadie le regaló nada antes de ser reconocido como un buen entrenador. Y esto que se lee no es peyorativo para detectarle las capacidades. Es que hasta antes de enfrentar a River muchos creían, hasta los hinchas rojinegros, que el equipo rara vez se le iba a plantar con la soberbia de un patrón de estancia a un grande de la talla de River. Pero el tipo no sólo mandó al equipo al frente, sino que se las ingenió para tirarles más alcohol a las heridas que trajo River a Rosario. Todo lo que hizo Newell's adentro de la cancha fue adrede. Nada quedó en el filtro de la casualidad. Se vio nítido que el mensaje que bajó Osella estuvo bien pensado. Fue obligar a que River recostara los ataques por el sector izquierdo, con el uruguayo Mayada de tres improvisado, y taponarle cada salida que encauzaba el paraguayo Moreira por la derecha. El gran mérito de Osella y que terminó por hacerle perder la batalla a Napoleón, apodo con el que se lo conoce a Gallardo, fue convencer a sus jugadores de que debían prepotearlo a River. La tropa entendió al dedillo lo que pretendía. Por eso borró de un plumazo al rival y le enseñó al mundo futbolístico que no sólo sabe vivir con algunas monedas en los bolsillos. El domingo en el Coloso también probó los lujos que suelen darse los potentados. Habrá que ver si de ahora en más no se marea con saborear esos gustos que nunca había paladeado.

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