Ovación
Jueves 18 de Agosto de 2016

Oro al final del camino

Joao Ríos, de 12 años, ganó la medalla dorada en el 18º Campeonato Mundial que se llevó a cabo en Brighton, Inglaterra.

Hay medallas de oro que pesan más que otras y eso tiene que ver con toda la historia que tienen detrás. Una de esas preseas es la que ganó Joao Ríos en la categoría prejuveniles hasta 50 kilos en el 18º Campeonato Mundial de taekwondo, que se llevó a cabo en Brighton, Inglaterra, a fines del mes de julio.

"Para clasificar al Mundial hay tres selectivos y depende del puesto que se consiga en cada uno de ellos se suman puntos. Los tres primeros con mejor puntaje son los que van y el primero recibe el 70 por ciento de la plata que juntó toda la categoría", explicó Joao al hablar del sistema de selección en el cual clasificó primero, sellando el pasaporte en septiembre de 2015 tras el segundo selectivo cuando volvió a conseguir el primer lugar. Ya con el lugar asegurado, en el mes de enero empezó a practicar con mayor intensidad, con un entrenamiento funcional con el profesor Matías Orellano.

Joao tiene 12 años, cursa de mañana en la Escuela 1.388 Antonio Berni de Funes y por la noche entrena con Gastón Medina por espacio de una hora o una hora y media, reafirmando con hechos lo que días atrás destacó la judoca Paula Pareto tras conseguir el oro en los Juegos Olímpicos: "No hay que dejar de estudiar para hacer deporte ni eliminar el deporte porque se quiera seguir una carrera. Hay que proponérselo. Y poner ganas". Y a Joao ganas le sobran.

—¿Cómo viviste este Mundial en Inglaterra?

—A nivel de experiencia fue todo muy lindo, bien organizado, muy buen nivel... Un buen torneo.

—¿Y a nivel competencia?

—Ahí fue más complicado porque no daba el peso y me tuve que deshidratar. Fue el momento más difícil: los últimos dos días estuve sin comer, tomando agua de a sorbitos para dar con el peso. Lloré más después del pesaje que cuando gané.

—¿Valió la pena el sacrificio?

—Me preguntaron si lo volvería a hacer y respondí que sí, pero con la garantía de que voy a ganar... Si no, ni loco lo hago de nuevo.

—¿Qué objetivos te pusiste?

—El objetivo de máxima era, obviamente, el de ganar, quedarme con el primer puesto que es lo que todos quieren. Si no se podía, si quedaba entre los primeros tres era suficiente. La idea era hacer un buen papel. Ya estar ahí era una buena recompensa.

—Con la medalla de oro en el pecho, ¿qué fue lo primero que se te pasó por la cabeza?

—Al principio no lo asimilé. Tardó. Escuchar el himno y saber que tenés que subir es muy duro...

—¿Por qué fue duro?

—Porque se te juntan todas las emociones y las sensaciones de golpe.

—¿Y cuándo pusiste los pies sobre la tierra?

—Se te pasan todos los momentos por la cabeza... Pensás en todo lo que luchaste para estar ahí.

—¿Tenés algún tipo de ídolo en lo deportivo?

—La verdad, no.... Gastón, mi entrenador, si se quiere, que tiene 44 años y sigue entrenando y compitiendo a la par de gente que tiene muchos menos años que él.

—¿Sos de seguir las otras disciplinas deportivas?

—Me gusta el handball y el básquet, pero no soy un seguidor. Me gusta jugarlos.

—Si no hubiera sido taekwondo, ¿qué deporte hubieses practicado?

—Supongo que habría sido atletismo o algo parecido.

—¿De dónde nació este amor por el deporte?

—Lo vi y me gustó. Lo elegí, nadie me obligó.

—De ahora en más, ¿qué metas te proponés?

—Para el año que viene está confirmada una gira y estaría bueno rendir para segundo dan, además de que ya están los selectivos para el próximo Mundial que será en Argentina, en el Luna Park, y están viendo si Rosario puede ser una subsede.

Sacrificio

Esta historia terminó con un final feliz, pero el camino tuvo muchas espinas. La pelea más dura la vivió la familia y fue para conseguir fondos: "Nadie te da una mano", dijo Verónica Piaggio, su mamá, quien reveló que hasta pensó en sacar un crédito para que Joao concurra al Mundial. "Terminamos haciendo una cena y con lo recaudado nos alcanzó para pagar la parte que faltaba y también el viaje a Carlos Paz con sus compañeros de séptimo. Somos una familia de laburantes y en casa todos resignamos algo para que él viaje. Era una injusticia que Joao, que estudia, entrena y se esfuerza, no vaya", agregó. El sacrificio fue mucho, pero la satisfacción más grande. Los días en que buscaban apoyo y todas las puertas se cerraban quedaron atrás, opacados por el oro de una medalla que brilla más que ninguna, casi como una estrella.

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