Opinión
Sábado 16 de Septiembre de 2017

Vulgaridad, efectividad y extremismo

El nuevo atentado en Londres deja dos mensajes muy claros: cada vez son menos sofisticadas las estructuras fundamentalistas que los pueden provocar

El nuevo atentado en Londres deja dos mensajes muy claros: cada vez son menos sofisticadas las estructuras fundamentalistas que los pueden provocar y, aunque no completen su macabra tarea, logran su objetivo de plantar, regar y ver crecer cada vez con mayor fuerza el temor entre la sociedad.

En su edición de marzo de 2016, la prestigiosa publicación científica británica Current Biology difundió un estudio sobre el miedo, a través del cual demostraba que las emociones tienen el efecto de modificar la percepción y que cuando dichas emociones son particularmente intensas, la distorsión puede ser muy alta.

La explosión de ayer en un vagón del subterráneo de Londres provocó una veintena de heridos en apariencia leves, pero su onda expansiva socavó aún más la ya devaluada credibilidad social en la seguridad que puedan brindar las autoridades británicas.

Ya son cinco los ataques que sufrió el Reino Unido en lo que va del año, e inevitablemente el de hoy llevó a todos los medios a recordar el fatídico 7 de julio de 2005, cuando una serie de atentados suicidas en la red de transportes londinense causó 52 muertos y más de 700 heridos.

Sadiq Khan, el alcalde de Londres, no dejó dudas al respecto: "(los atacantes) intentan usar el terror para hacernos daño y destruir nuestro modo de vida". Y su mayor mérito es que lo están logrando, incluso mediante artefactos burdos y caseros como el balde utilizado ayer en la estación Parsons Green, de la línea de subte District Line.

Lo que refleja este hecho es que aquellas redes al estilo Al Qaeda u organizaciones como el Estado Islámico (EI) o la nigeriana Boko Haram, están siendo sustituidas por pequeñas células o directamente por los llamados lobos solitarios, que sólo precisan elementos básicos y comunes para generar el terror y la muerte. Y por estar mezclados entre la "gente común", por llevar un estilo de vida "normal" y ser ciudadanos del país atacado, ponen más en ridículo a fuerzas de seguridad que no logran detectarlos. Buscan y están logrando, implantar el miedo a nivel masivo como desde tiempos ancestrales lo hicieron con éxito organizaciones y credos. El temor provoca parálisis en el receptor y otorga poder al generador.

A regímenes autoritarios como el nazismo o las diferentes dictaduras les sirvió para disciplinar a las masas. A creencias como la cristiana, a través de la Inquisición, o la vikinga con el Valhala, para dominar a aquellos que se atrevían a cuestionar el poder divino.

Los fundamentalistas de la actualidad, islamistas que intentan retroceder el modo de vida hacia estándares que fueron suprimidos con la desaparición del Imperio Otomano, el último califato disuelto tras la Primera Guerra Mundial, apuntan mucho más abajo pero con similar poder de destrucción psicológica.

Por Horacio Raña / Télam

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