Ganancias
Jueves 22 de Diciembre de 2016

Vestir santos y desvestir otros

A las apuradas, y gracias a la CGT que actuó como facilitadora, el gobierno podrá tener una nueva ley de Ganancias. Gruesos errores de fin de año que despiertan inquietudes.

"Desvistiendo algunos santos para vestir otros santos". Con ese gerundio termina el gobierno nacional para mantener la gobernabilidad bajo control. Y no sólo en el endiablado tema de Ganancias.
Contra todas las previsiones que el Ejecutivo trazó al momento de asumir, respecto de la previsibilidad de las acciones en materia económica y el alejamiento de los viejos factores de poder anclados en la "vieja política", el gobierno de Cambiemos tuvo que aferrarse a la CGT como respaldo principal para cruzar la frontera del 2016.
Toda la saga con respecto a la modificación del impuesto al salario de los trabajadores fue propia de un país que sigue siendo imprevisible, acosado por los mismos fantasmas de siempre: la impericia a la hora de utilizar el sentido común.
El proyecto opositor que llegó de la mano de kirchneristas, massistas peronistas no alineados y socialistas (y siguen las "istas"), y que fue votado en la Cámara de Diputados, intentó demostrar, como única bandera, que el rey estaba desnudo.
Hasta que los diputados opositores derrotaron al oficialismo con su proyecto inaplicable, se reconocía al gobierno de Cambiemos como un campeón en el anuario político y como un peleador amateur en el terreno de la economía. Massa, Kicillof y otros protagonistas pusieron sobre la mesa con la votación en la Cámara baja que Macri no tenía chances de sobrevivencia si el peronismo se atalonaba.
Fe de erratas
Pero en la política argentina lo único que se mantiene en pie son las chambonadas. La iniciativa tenía groseros errores, reconocidos hasta por Kicillof, quien pidió una fe de erratas, y motivó la reacción en cadena de los gobernadores que sobreviven en gran parte por las canillas abiertas del poder central. Como un aporte al dislate general, los gobernadores tuvieron que salir a corregir a diputados propios, que se olvidaron de las cuentas provinciales.
Todo lo que rodeó al gobierno nacional fue aún más irresponsable. Envió un proyecto de ley a extraordinarias sin haber acolchonado antes los consensos. Esa iniciativa sobre Ganancias, lejos de representar un alivio para los trabajadores, se convertía en algo peor a lo conocido.
Cuesta creer que un tema que se convirtió finalmente en una razón de vida o muerte para el gobierno haya sido descripto con tanta lejanía por el presidente pocos días antes del atolladero.
"Algo que abarca a solamente el 3% de la población no lo vivo como un éxito para el gobierno. Yo gobierno especialmente para los que menos tienen, para el 32% que está en la pobreza. La discusión sobre Ganancias es para el 3% de la población que más gana en la Argentina", dijo el jefe del Estado en Casa Rosada, durante una entrevista con La Capital.
La dualidad —y por qué no la contradicción— quedó dibujada como una gran nube sobre la cabeza del gobierno. En un recurso desesperado de última hora tuvo que llamar a la cúpula de la CGT para acercar al peronismo, a los senadores y a los gobernadores.
El final es conocido: un nuevo texto que se aprobó en la Cámara alta y que será convertido en ley en las próximas horas por Diputados.
El gobierno tuvo todo un año para llevar a la práctica un proyecto propio, consensuado con extraños, pero terminó en un pastiche que vaya uno a saber qué derivaciones tendrá en el mediano plazo.
Unos y otros vistieron el santo de Ganancias con los trabajadores en relación de dependencia pero desvistieron el santo de los monotributistas que, ayer, se agarraban la cabeza al enterarse de que se les subirán los topes hasta 75%. Y ni hablar de los que fueron corridos desde el monotributo a responsable inscripto en los últimos días.
El tema Ganancias se convirtió en un efecto boomerang para Macri: gran cantidad de argentinos rompieron ciertas dudas con él en el momento en que prometió en la campaña que durante su gobierno ningún trabajador pagaría el impuesto al salario. Y lo votaron. Ahora debe pagar los costos de esa promesa incumplida. Con la ayudita de los amigos de la CGT, Macri tendrá ley de Ganancias a fin de año y no habrá sufrido ningún paro general desde que asumió, algo que no le había sucedido a ningún presidente no peronista.
Conocedor del paño sindical desde que fue gerente de las empresas de su padre, el líder del PRO supo qué cuerdas tenía que tocar. Y las tocó: 30 mil millones para las obras sociales y 30 mil millones para movimientos sociales y sindicales. Cambiamos, pero esto es por plata.
En un momento en que todos los indicadores bajan, y aún descendiendo, es la confianza de la sociedad en que 2017 será mejor lo que mejor le cae al gobierno. Pero para eso deberá utilizar como parteaguas el final de 2016.
En el libro "La Argentina deseada", Nicolas Shumway escribió hace ya tres décadas que todo gobierno necesita tener ficciones. El mito del gobierno es el relato. Pero para que haya relato tienen que haber acciones de políticas públicas que lo sostengan. En eso debe trabajar Macri para que no le pase lo que ocurrió con Ganancias, instancia en la que terminó abrazado a lo que repele.
Toda la saga le permite al peronismo vender una ventaja comparativa, aun denostado, y tratando de lamer sus heridas por la derrota de 2015. Debe decirse: sin la presencia facilitadora de la CGT, de diputados y senadores peronistas, el proyecto oficial se hubiera convertido en un remedio peor que la enfermedad.
Esa es la lección que debe aprender al gobierno a la hora de recuperar la senda, más todavía ingresando dentro de muy pocos días a un año electoral. No existen historiales que permitan recordar victorias oficialistas blandiendo como leit motiv el déficit fiscal. Tampoco es que la sociedad repita eslóganes del Mayo Francés y pida lo imposible. Exige respuestas económicas a la altura de lo que prometía "el mejor equipo de todos los tiempos".
Un handicap para el macrismo es que las sociedades no vuelven hacia atrás en los procesos políticos. A la par, siempre existe un condicionante histórico: exigen que lo nuevo sea un real paso hacia adelante de lo que fue. La historia argentina pueda dar todos esos ejemplos.

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