Opinión
Viernes 26 de Mayo de 2017

Vendedores

Son tipos fantásticos, van al frente, la vida les sonríe, nunca un nubarrón les tapa el sol... porque no tienen alternativa.

Son tipos fantásticos, van al frente, la vida les sonríe, nunca un nubarrón les tapa el sol... porque no tienen alternativa. Son vendedores, y por lo general son buenos porque tienen lo mejor, ¿o alguien, alguna vez, le escuchó decir al verdulero "está viniendo una mercadería de porquería y, encima que la vendo cara, saco poca ganancia"? No pueden, todo el mundo sale corriendo. ¿Las peras?, están espectaculares, las recibí hoy temprano, están fantásticas, no las guarde en la heladera madre porque todavía les falta un pelito. Ma que pelito, quedan duras después de hervirlas dos horas. Pero, ¿qué otra cosa pueden hacer? No pasa nada distinto en la carnicería, donde al entrecot especial hay que molerlo a garrotazos antes de tirarlo al sartén: o en la panadería, donde los bizcochos y las facturas tienen que ser embolsados rápidamente para disimular apuros de los maestros de pala.

Los vendedores, los buenos, no pueden estar deprimidos, tienen que calzarse la sonrisa con almidón y lavarse la cara recién después que bajaron la persiana. Y no es nada sencillo, porque al otro día tienen que ofrecer lo mismo a la misma gente que ayer, aguantarse los reclamos y las cargadas.

Su mayor reprobación estará marcada por el silencio, Uvasal y sigamos adelante.

No parece pero es bravo, tanto más en un país signado por las controversias y en una ciudad envenenada por el fútbol.

De modo que hoy, cuando vaya al mercado doña, no se enoje tanto, tenga en cuenta que los que la atienden también pelean en desventaja, como usted, contra un ejército de chantas que dicen cómo hay que vivir.

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