Opinión
Sábado 20 de Mayo de 2017

Una decisión tardía

La noticia llega tarde, y no precisamente porque se conoció anoche, cuando los noticieros de la televisión ya habían entregado sus principales títulos y la mayoría de las páginas de los diarios de la ciudad entraban en las rotativas.

La noticia llega tarde, y no precisamente porque se conoció anoche, cuando los noticieros de la televisión ya habían entregado sus principales títulos y la mayoría de las páginas de los diarios de la ciudad entraban en las rotativas. El desplazamiento del jefe de la comisaría 10ª como consecuencia de la muerte de una mujer que entró en esa seccional para hacer una denuncia y salió en una mortera debió producirse mucho antes, y no porque se lo considere culpable de algo. No sólo eso: frente a las dudas que dejó el caso desde el primer minuto, el Ministerio de Seguridad y la propia policía provincial debieron enviar un mensaje más claro sobre la necesidad de investigar y aclarar lo que pasó con María de los Ángeles Paris mientras estuvo viva en esa seccional.

La novedad sobre el desplazamiento de Silvio Cortez también se produce en un momento llamativo, apenas un día después de la movilización en la que la familia de Paris planteó sus dudas sobre lo que pasó en la comisaría 10ª, y apenas horas antes de que el ministro de Seguridad de la provincia reciba a esos mismos familiares para hablar del caso. Es difícil no asociar la decisión del comisario Marcelo Villanúa con ambos episodios. Hasta anoche el ministro Maximiliano Pullaro no tenía nada concreto para decirles a los deudos de la bibliotecaria de la Escuela Gurruchaga. Ahora al menos podrá contarles que el titular de la Unidad Regional II removió al jefe de la seccional donde ellos sospechan que algo provocó la muerte de Paris.

Si el hecho dejó dudas desde que ocurrió, la reacción oficial no quedó atrás. Frente a un caso confuso, el Ministerio de Seguridad parecía tenerlo todo claro desde el principio. Ni a la justicia le ocurre: aunque por el momento no exista una hipótesis concreta sobre lo que le sucedió a Paris, y mucho menos sospechas ciertas de que que alguien haya provocado su muerte, el caso es investigado por un fiscal de homicidios. Es cierto que el propio representante del Ministerio de la Acusación aclaró que es "por ahora", pero también lo es el hecho de que sigue al frente de las pesquisas.

Por ahora nadie sabe con certeza qué le pasó a Paris mientras estuvo dentro de la seccional del barrio Alberdi. Por eso sorprendió en las primeras horas posteriores al hecho que oficialmente se saliera a asegurar que había muerto por causas naturales. Luego también se dijo que la bibliotecaria entró en un brote de esquizofrenia y que eso obligó a los policías a esposarla y meterla en un calabozo, como si fuese una delincuente. Hasta donde se sabe, quienes pueden diagnosticar una enfermedad como esa son los psiquiatras y no los policías. Y a la inversa: lejos de encerrar a alguien que va a hacer una denuncia, la función de la policía es escuchar a esa persona, registrar lo que quiere denunciar y reportarlo a la justicia. Esa, es obvio, nunca podría ser la tarea asignada a un psiquiatra.

La permanencia hasta noche en su cargo del comisario Cortez da a entender aval de las autoridades políticas en materia de seguridad a un funcionario público que estaba al frente de una seccional donde ocurrió un hecho grave y oscuro, un episodio que está lejos de aclararse. La voluntad política de allanar el camino para una investigación con probabilidades de éxito debió quedar expresada desde el mismo día en que Paris murió. Y eso independientemente de lo que dilucide la pesquisa judicial, e incluso administrativa, al cabo de las indagaciones.

Al justificar su decisión, Villanúa explicó anoche que desplazó al jefe de la comisaría 10ª para "preservarlo" (ver más información en la página 9). No aclaró de qué, o de quién, aunque ligó la decisión directamente al caso de la muerte de Paris. Es difícil que lo haya hecho sin consultar antes a sus superiores, jerárquicos y políticos. En cualquier caso, no importa cuál sea el verdadero motivo, la remoción promueve más dudas sobre el caso y la explicación las potencia. La próxima vez, ante un episodio tan grave, tal vez resultaría aconsejable que la decisión sea más inmediata y que provenga de la conducción política de la policía.

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