Opinión
Miércoles 01 de Febrero de 2017

Una catástrofe anunciada

La reciente crisis provincial en el área de Asuntos Hídricos puso blanco sobre negro los errores de gestión en ese sector del Frente Cívico y Social. Los funcionarios desplazados por el gobernador fueron terminantes: "Encontramos una secretaría devastada, desorganizada y con muy pocos técnicos...con un equipamiento muy viejo. La última compra de equipos se hizo en la época de Obeid... La estructura no estaba preparada para seguir trabajando en proyectos y obras...". Y en particular, uno de los funcionarios despedidos calificó "de desastrosa la gestión socialista en materia hídrica en los ocho años anteriores".

La reciente crisis provincial en el área de Asuntos Hídricos puso blanco sobre negro los errores de gestión en ese sector del Frente Cívico y Social. Los funcionarios desplazados por el gobernador fueron terminantes: "Encontramos una secretaría devastada, desorganizada y con muy pocos técnicos…con un equipamiento muy viejo. La última compra de equipos se hizo en la época de Obeid... La estructura no estaba preparada para seguir trabajando en proyectos y obras...". Y en particular, uno de los funcionarios despedidos calificó "de desastrosa la gestión socialista en materia hídrica en los ocho años anteriores".

El Secretario de Asuntos Hídricos de la Nación ha señalado, por su parte, que no se financiaron más obras en Santa Fe porque la provincia no tenía proyectos ejecutivos para licitar. El ingeniero De Paoli, del Instituto Nacional del Agua, una autoridad en el tema, ha hablado de falta de planificación y de que Santa Fe es la única provincia que no tiene un código de aguas.

Todo es verdad, pero ¿cómo se llegó a esto? En el artículo de mi autoría publicado por La Capital en septiembre de 2015 "Inundaciones: lo peor está por venir" adelanté lo qué, desgraciadamente, ocurrió.

Es que es archisabido que Argentina es uno de los países del mundo más afectado por este tipo de fenómenos climáticos. En particular la región del Litoral está atravesada por uno de los ríos más importante del planeta y la llamada Región Centro, por las características geográficas de sus llanuras, es zona de riesgo hídrico.

En búsqueda de una respuesta a los problemas generados en la provincia por esta realidad, el gobernador Obeid creó en diciembre del 2003 el Ministerio de Asuntos Hídricos para tener una respuesta jerarquizada a la problemática planteada. Se dotó al mismo de presupuesto, personal y equipamiento. En su gobierno se encararon la realización de tres tareas fundamentales: el plan maestro integral de gestión de los recursos hídricos, la elaboración del código de aguas y el reequipamiento de máquinas retroexcavadoras.

Sobre el primero se acordó su elaboración con la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación, que financiaba el proyecto, y el Instituto Nacional del Agua actuaba como soporte técnico.

Sobre el código enviamos a la Legislatura en 2005 un proyecto sobre que contenía 359 artículos y armonizaba 200 normas relacionada con el agua, reglamentando y regulando la gestión del recurso hídrico, entre ellas el tema de los canales clandestinos.

En cuanto al equipamiento, se compraron 46 maquinas retroexcavadoras aumentando un 600 por ciento el equipamiento existente.

Desgraciadamente, el ministerio fue eliminado por el gobernador Binner en una decisión que no se limitó a un cambio de jerarquía en el organigrama, sino que, como los funcionarios renunciantes señalaron, fue acompañada por errores de gestión (o no gestión) cuyas consecuencias quedan dimensionadas por la magnitud de los daños causados. Diez años después no tenemos plan maestro, ni código de aguas ni máquinas retroexcavadoras.

Las pérdidas entre la inundación del año 2015 y la actual se estiman en 3.500 millones de dólares o 48.000 millones de pesos. El gobernador "solicitó a la Nación que financie seis obras hidráulicas claves para evitar futuros anegamientos que requieren una inversión de $1.500 millones" (La Capital)… Está todo dicho.

Por supuesto estamos escuchando una ves más a los funcionarios y expertos explicar por qué se originan estos fenómenos: el cambio climático, los canales clandestinos, la siembre directa cuando no hay rotación de cultivos, la deforestación, la falta de obras, las nubes convectivas, etcétera.

Ahora, el cambio climático, primer gran responsable, se va a tardar décadas en resolverlo. Es cierto que los principales emisores -China, Alemania, USA- están tomando conciencia del daño que producen y medidas al respecto, pero la mejoría será muy gradual. Ni hablar de las declaraciones de Trump -en campaña electoral- sobre que "tiene dudas que lo del cambio climático sea cierto".

Los canales clandestinos en los campos se pueden rastrear fácilmente a través de la información satelital; las consecuencias del sistema de siembra directa será una discusión que llevará años; la deforestación necesita penarla severamente por ley.

Pero seguimos hablando de externalidades, por cierto verdaderas, pero falta realizar obras para mitigar los daños.

Pero para tener obras hay que tener planificación, un plan maestro -que es, en definitiva, un estudio integral sobre todas las cuencas fluviales de la provincia que permite definir las obras que prevean atenuar el perjuicio de las inundaciones-, un organismo ejecutor -una estructura del Estado eficiente- y fondos disponibles.

Sobre el plan maestro el actual gobierno provincial debería informar qué ha ocurrido con los acuerdos firmados hace más de 10 años para su elaboración, o las gestiones posteriores para la realización del mismo.

Sobre el organismo ejecutor, la jerarquización a través de un ministerio debería ser la primera medida a tomar por el actual gobernador, dotándolo de personal, presupuesto y equipamiento.

Así como hay un Ministerio de la Producción, dando así una señal sobre como se evalúa la importancia de la misma, debe haber un Ministerio de Asuntos Hídricos responsable de la planificación y ejecución de las obras. Teniendo proyectos ejecutivos, el tema de la financiación de obras tiene solución.

Las comunas o municipios por sí solos pueden encarar algunos problemas, los más simples. En la provincia, la magnitud de las obras a ejecutar excede su capacidad presupuestaria y, más aún, cuando, como en los gobiernos socialistas, la asignación de recursos privilegia el gasto improductivo.

Pero, además, permanentemente, año tras año, se subejecutan los presupuestos para obras destinando los recursos a otras asignaciones. Una primera solución sería cumplir con el llamado a licitación de las obras con fondos asignados.

En la Nación, el Fondo Hídrico (5 por ciento sobre la venta de nafta y GNC) el año pasado recaudó 3.417 millones de pesos; Santa Fe debería estar, por sus catástrofes, en la primera línea de adjudicación de obras. En ese sentido es pertinente el proyecto del senador Perotti para que la provincia disponga rápidamente de fondos.

En cuanto a la financiación internacional hay líneas disponibles, para este tipo de desastres en casi todos los organismos multilaterales de créditos con los que nuestro país tiene relación.

Ahora, sin planificación, sin proyectos ejecutivos y sin un organismo ejecutor eficiente, no habrá créditos de ningún tipo.

Es hora de corregir los graves errores cometidos, gestionar al nivel de las demandas existentes y rendir cuentas por las gravísimas consecuencias materiales y humanas de catástrofes que pudieron evitarse.

Alberto Joaquín

Ex ministro de Asuntos Hídricos

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