Opinión
Jueves 09 de Marzo de 2017

Un viejo avión de Sol Líneas Aéreas

Media tarde de anteayer. El ministro de Transporte de la Nación, Guillermo Dietrich, deja su despacho y se desplaza hasta el Aeroparque Jorge Newbery para darle la bienvenida a la flamante empresa Flyest...

Media tarde de anteayer. El ministro de Transporte de la Nación, Guillermo Dietrich, deja su despacho y se desplaza hasta el Aeroparque Jorge Newbery para darle la bienvenida a la flamante empresa Flyest, la primera nueva línea aérea que desembarca en el país en el marco del Plan Nacional para la Transformación del Transporte Aéreo anunciado el lunes pasado por el presidente Mauricio Macri. El primer avión de esta compañía (un Bombardier CRJ 200), aterriza y se estaciona en la plataforma. El funcionario se acerca junto a autoridades de la firma hasta la escalerilla de la nave y recibe a la tripulación. Los fotógrafos y camarógrafos de la oficina de prensa del Ministerio de Transporte, llevados para la ocasión, toman imágenes y graban videos de Dietrich posando junto a los pilotos y personal de cabina con el avión de fondo. Y estos registros son rápidamente distribuidos a todos los medios de comunicación. El propio ministro los publica en las redes sociales con un texto: "Llegó el primer avión de Flyest, que empieza a operar este mes. Seguimos potenciando el transporte aéreo con más conexiones, inversión y empleos". Pero el arribo de este nuevo avión con el cual Dietrich dio el puntapié inicial a la apertura del mercado aéreo no es tan nuevo para la Argentina, y mucho menos para Rosario. El primer aparato de Flyest tiene matrícula identificatoria LV-GIJ, que es el mismo que hasta enero de 2015 prestó servicios para Sol Líneas Aéreas, la compañía del grupo de turismo Transatlántica, que cesó sus actividades en el primer trimestre de 2015.

Embed


Flyest es la nueva marca bajo la cual comienza a operar la española Air Nostrum en Argentina con rutas nacionales. Este es el segundo intento de la compañía oriunda de Valencia de ingresar en el mercado local. "Air Nostrum ha vuelto a Argentina", tituló el diario Levante, de esa localidad española, en un artículo publicado la semana anterior. Es que en octubre de 2015 ya había aterrizado en el país tras un acuerdo con Sol, por el cual los españoles pasaron a controlar el 49% del paquete accionario de la firma rosarina. Este convenio estableció una ampliación de capital de la empresa: Air Nostrum sumó tres aviones Bombardier CRJ 200 (de origen canandiense) y tenía previsto incorporar otros tres en 2016. Pero todo el plan de negocios se hizo añicos el 15 de enero de 2016, a poco más de un mes de asumido Macri en la Presidencia. Ese día las autoridades de Sol anunciaron sorpresivamente el cese de actividades de la compañía. El argumento fue que las nuevas autoridades de Aerolíneas Argentinas dieron de baja un convenio en el que la empresa estatal le transfería un millón de pesos diarios para completar frecuencias que la línea de bandera no cubría. Este acuerdo era a todas luces perjudicial para Aerolíneas, pero significaba un salvavidas de oro para Sol.

Según los conocedores del mercado aeronáutico, el cierre de Sol fue la concreción de un desenlace anunciado. De hecho, siempre voló sostenido por subsidios estatales. Nació en 2005 tras un acuerdo firmado con el entonces gobernador Jorge Obeid a través del cual la provincia le otorgó a la firma del grupo Transatlántica, de la familia Angeli, un subsidio de $8.900.000 por tres años. Luego esos fondos se fueron renovando con los gobiernos socialistas e incluso el Estado le construyó un nuevo hangar para sus aviones en el aeropuerto de Rosario. Sol recibió también subsidios de Buenos Aires, Entre Ríos, San Luis y provincias patagónicas. Y por último percibió enormes recursos del Estado nacional, a través de Aerolíneas. La compañía rosarina fue evidentemente inviable desde sus inicios, y más aún tras el accidente que sufrió el 18 de mayo de 2011, cuando cayó uno de sus aviones que había partido de Neuquén, causando 22 muertos. Esta tragedia afectó fuertemente su imagen.

El mismo día que Sol anunció el cese de actividades tras la caída del acuerdo con Aerolíneas, los pilotos de los tres aviones Bombardier CRJ 200 que cubrían distintas rutas recibieron la orden de las autoridades de Air Nostrum de llevar las aeronaves fuera del país (volaron a Uruguay y Paraguay) para evitar un posible embargo.

Uno de esos aparatos, que lleva la matrícula LV-GIJ, fue justamente el que anteayer regresó al país y se presentó en Aeroparque como "nuevo". Hasta conserva el color azul identificatorio de Sol y sólo le plotearon el logo de la flamante Flyest. En los próximos meses, según anunciaron, se incorporarán a la flota de esta compañía otros dos aviones CRJ 200 Bombardier, con una capacidad de 50 plazas, y que comprenden una inversión de 5 millones de dólares cada uno. Una vieja inversión que huyó del país y que regresa reciclada un año después como nueva.

Comentarios