Antes de que me olvide
Domingo 30 de Julio de 2017

Triángulo

Cuando describen el París del 1950 de Sartre, Camus, Juliette Greco y Boris Vian hablan de 40 bares y cuatro esquinas en un barrio. En el Rosario de 1960 el eje estaba en tres lugares comunicados entre si. Había mas, como seguro que París estaba/está lleno de sitios pero citemos a Troilo..." mi barrio era así, así, así... que sé yo si era así... pero yo lo recuerdo así..."(En su poema alucinante de vísceras: "Nocturno a mi barrio", donde aclara que siempre está llegando)

Rosario lo recuerdo así. Frente a la Facultad de Letras, por calle Entre Rios, estaba el Bar Iberia. Feo, poco colorido, humeante de cigarros y cafés. De afectos y esperas. En la Facultad aquella (todavía UNL) el fondo aparecía por Calle Corrientes, donde estaba el Comedor Universitario. Pensado, armado y administrado para que se comiese equilibrada en calorías y barato. El Ingeniero Previgliano y Don Mario Pasetti los que dirigían, uno responsable, el otro encargado.

Había sólo Escuela de Psicología. Y muchas estudiantes. Letras. Latín. Imposible la charla sin Cortázar versus Borges y versus Sábato. Nada de conquistas sin conocimientos de transferencia, Edipo y actos fallidos. No eran conocimientos, eran juegos pre competitivos.

En la esquina de Santa Fe y Entre Ríos el bar de los actores y de algunos escritores. Laurak Bat. Se llama igual pero aquellos fantasmas no están visibles. El bar donde venía el turco, el bar de David Edery, Carlitos Serrano, los Garramuño, Néstor, Los comediantes, TIM (Teatro Independiente del Magisterio) La Ribera, el bar donde había que ir a escuchar. El próximo estreno, la obra que viene.

En la esquina de Santa Fe y Mitre el bar que llevaba el nombre del teatro de la mitad de cuadra. El Bar Odeón. El "pelado" Aldo Oliva y su cuartito de vino tinto, Juan Pablo Renzi, la mesa de los que salían del Cine Club, que proyectaba en el Odeón las películas que los cines comerciales no querían, no podían. En fin. En el Odeón ensayaban los coros.

Claro que había otros sitios, el bar del Hotel Savoy, con mantelitos y el mini chocolate (en pocillo de café) y el encuentro con Orlando Calgaro y la revista La Ventana. Un bar de poetas clandestinos. Cronopios de Ariel Bignami. La primera de El Lagrimal, con la familia Gandolfo. Lejos de todos nosotros Nicolás Rosa, Carlitos Schork, Juan Carlos Martini y "Setecientos Monos", la revista de la élite literaria aquella. No iban a esos bares. La memoria trae El Provincia, sobre la calle Santa Fe entre Mitre y Entre Ríos. El Telégrafo en calle Córdoba. El Cairo era de viajantes y las chicas al amanecer. Las cosas después cambiaron.

Los mozos guardaban mensajes, el teléfono del mostrador podía ser usado para recibir llamadas y había uno, acaso dos cafés al fiado. Hoy no hay bares, todo es delivery. No es lo mismo. Ni siquiera tiene el mismo sabor el triangulito.

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