Opinión
Lunes 11 de Septiembre de 2017

Todo por un voto en la provincia

Elecciones. Los reacomodamientos partidarios de cara a los comicios legislativos de octubre.

Perón era un admirador de Musolini. Con la autoridad que lo asiste de ser uno de los latinoamericanistas más destacados, la afirmación le corresponde al politólogo francés, Alain Rouquié, a quien tuve el placer de conocer y escuchar el jueves último cuando visitó al Defensor del Pueblo de Santa Fe.

Lo que el intelectual francés ha contado también en la mayoría de los medios es que durante una entrevista a Perón en Puerta de Hierro, en 1969, el veterano general declaró su admiración por el líder fascista a punto de inventar reuniones entre ambos que no existieron nunca. Perón no conoció al Duce.

Rouquié ha dicho que a Perón no le gustaban ni le interesaron jamás los partidos políticos y aunque no lo dice expresamente en su último libro (que vino a presentar al país) surge claramente que la democracia plebiscitaria que instala el peronismo muta en una democracia hegemónica pero nunca en un dispositivo republicano.

No hay por qué dudar de ello porque en todo caso lo venimos viendo desde hace 70 años, pero lo que quiero referir es el botón de muestra que tenemos a nivel provincial. "Así como Cristina no es creíble yendo a misa a rezar por un joven cuyo paradero se desconoce y que pudo haber sido asesinado por gendarmes, tampoco lo es en Agustín Rossi la bonhomía que muestra tras la Paso en relación a los peronistas con los que nunca tuvo acercamiento alguno lo que hace dudar de su mensaje de unidad y amor", ironizó en las últimas horas alguien desde la Casa Gris.

La campaña electoral no debería estar en estos velos de culpa con la que andan en puntillas los distintos candidatos temiendo parecer frívolos ante la tragedia de la desaparición de un ciudadano argentino que tiene en vilo al país. Debería estar lisa y llanamente suspendida hasta el 22 del corriente porque la ley electoral ordena que las campañas duren sólo un mes antes de la cita con las urnas.

Pero es un requisito que, podría decirse, ninguna agrupación política o frente de partidos piensa respetar. Llegando al extremo de Cambiemos en Rosario que ya hizo su acto oficial de lanzamiento de campaña apurado para que López Molina mantenga la iniciativa frente a los ojos del electorado rosarino.

Pese a que se dan el lujo de incumplir la ley y todo, los partidos políticos santafesinos no atraviesan su mejor momento. El socialismo viene deslizándose en un plano inclinado desde, al menos, octubre de 2013. El radicalismo está fragmentado cuanto menos en dos posiciones. Cambiemos no se sabe aún qué forma final tendrá en la provincia tampoco el rostro que prevalecerá allí y finalmente el PJ cuya unidad "rossista" sucumbió antes de comenzar a plasmarse. Es que el votante cada vez más prescinde de la pertenencia partidaria y ve en viejos (y siempre traicionados) slogans de antaño un elemento de poca seriedad. El ejemplo más palmario es la lealtad en el peronismo. Rossi pide unidad en el mismo partido justicialista del que la ex presidente Cristina Kirchner reniega creando Unidad Ciudadana para participar del proceso electoral en marcha pero siendo ella a la que él, al menos a título personal, rinde adhesión sin hesitación.

Por eso quizás pocos se han sorprendido de que el dato político de la semana, además del giro dialéctico del candidato oficialista a diputado nacional, Luis Contigiani, quien pasó de la guerra semántica contra el neoliberalismo a afirmar que la principal preocupación del gobierno provincial es la inseguridad, fueron las declaraciones del intendente peronista de Rafaela.

Luis Castellano sinceró una situación que otros no han dicho todavía. Dijo que no se siente representado por el kirchnerismo santafesino y que por ello no trabajará por la lista de unidad a la que llama Agustín Rossi sino por las candidaturas locales a concejal del peronismo.

Y, ¿por qué se supone que tiene trascendencia esta disidencia que importa nada menos que una defección que mella la unidad con la que Rossi espera sacar en octubre más votos que en agosto? En primer lugar porque quien habló es uno de los intendentes peronistas de una de las ciudades más grandes e importantes en manos de ese partido. Segundo, porque no hay que descartar que la decisión pueda ser imitada por otros referentes peronistas.

Estas dos especulaciones se tornan del todo verosímil si se tiene en cuenta que el jefe político de Castellano es el senador nacional Omar Perotti y que lo que el intendente dijo en público no es otra cosa que la traducción de la respuesta que el legislador da en privado cada vez que se le pregunta si apoyará a Rossi en octubre. "De ninguna manera", asevera.

Perotti es, todavía, el nombre de recambio que tiene el PJ para ir por la Casa Gris en 2019. Sin reelección, Lifschtiz queda fuera de juego y habrá que ver cuán entero lo deja la interna a Bonfatti para entonces. Más allá de nombres, el socialismo deberá mantener con vida para entonces al Frente Progresista y de ello hoy no tiene ninguna garantía. El radicalismo o si se prefiere, Cambiemos (el PRO no tiene figuras de ascendencia provincial), tampoco tiene nombre fuera de Corral pero sus chances de entrar a la competencia dentro de dos años dependerán de mantener la performance en octubre con la estrategia electoral a la que dejó que se le note su marca en el orillo y del tránsito de su gestión al frente de la intendencia capitalina en donde ya está comprobando hay quienes no piensan hacérselo fácil.

Este repaso de nombres, tan lábil y antojadizo como cualquiera, evidencia a hoy que Perotti tiene, al menos, una situación más cómoda de momento que la del resto. Menos urgida. No necesita asomar la nariz en las legislativas en curso que no le aportan nada. Además, si Rossi lograra volver a la Cámara de Diputados, entienden cerca del senador, es probable que quede allí encerrado los próximos cuatro años sin posibilidad de armar nada en la provincia. Es decir, un adversario que si bien no está en condiciones de aspirar nuevamente a competir por la gobernación bien podría haberle mandado algunos mastines para que le intenten morder los talones, casi fuera de juego.

No fue la única mala nueva que recibió el ex ministro de Defensa nacional. El senador Armando Traferri volvió a la carga con su propuesta de que hay que explorar un acuerdo entre el peronismo y el socialismo. Algo que ya en ocasión anterior en que lo dijera, los propios socialistas consideraron descabellado. Sería borrar la historia de los últimos 25 años de un plumazo. Más aún, sería admitir dos cosas que no sé si estarían dispuestos Lifschitz y Bonfatti. Una: que Héctor Cavallero ha tenido razón todo este tiempo y era con el PJ con el que había que aliarse (aunque se sepa que eso es suicidio por asfixia a corto plazo) Dos: que Hermes Binner se equivocó al armar el dispositivo más duradero que en el país ha demostrado que se puede gobernar sin el PJ. Pasó que los socialistas "se la creyeron" y sus socios se cansaron de soportar su prepotencia y comenzaron a irse a los portazos.

No obstante lo de Traferri en esta ocasión debe leerse como un mensaje hacia adentro del propio PJ. El, es uno de los senadores que mayor ascendencia tiene sobre sus pares, se estima que lo siguen varios y que cuando habla lo hace en nombre de ese grupo. Si están pensando en la necesidad aliarse con el socialismo es porque no piensan en trabajar por la lista de Rossi. Lista en la que también figura la ex jueza Alejandra Rodenas cuya postulación motorizaron los propios senadores para oponerse a Rossi en las Paso. ¿Le soltaron la mano a Rodenas? "Podría ser, habrá que ver", eludió un senador para terminar de completar la complejidad del mosaico interno del PJ.

Para concluir con el tema del que habla el país y frenó la campaña más que la propia ley, dejo una reflexión de André Malraux que se me antoja del todo propicia: "Una vida no vale nada, pero nada hay que valga una vida".

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