Opinión
Martes 06 de Junio de 2017

Sin "brotes verdes" ni "lluvia de inversiones"

La demora en la reactivación del consumo lleva al gobierno a seguir corriendo el arco con la promesa cada vez menos creíble de "brotes verdes" y la "lluvia de inversiones", y ahora sostiene que los capitales fluyen poco hacia estas tierras porque la rentabilidad es baja.

La demora en la reactivación del consumo lleva al gobierno a seguir corriendo el arco con la promesa cada vez menos creíble de "brotes verdes" y la "lluvia de inversiones", y ahora sostiene que los capitales fluyen poco hacia estas tierras porque la rentabilidad es baja.

El equipo económico atraviesa severas dificultades para poner en marcha el aparato productivo, en parte porque el contexto mundial sigue siendo reacio a volcar sus capitales en países "fronterizos" como la Argentina.

Pero en buena medida las razones en esa demora hay que encontrarlas en que la Argentina se convirtió en un país con baja productividad, carente de infraestructura, con limitaciones de transporte, energía y logística, rutas inundadas, alta presión impositiva y una industria que durante décadas dependió de los subsidios del Estado para crecer.

El Estado tiene una fuerte responsabilidad en la ineficiencia de la Argentina, porque acorralado por el desequilibrio de las cuentas públicas se transformó en una máquina de aumentar impuestos y generar burocracias con afán recaudatorio, que espantan la inversión.

Macri pareció entenderlo en los primeros meses de su gobierno, pero luego cayó en la trampa de echar mano de la presión tributaria sobre los pocos contribuyentes que afrontan sus obligaciones.

El gobierno también cometió un error de cálculo cuando creyó que sólo arreglando con los fondos buitre comenzarían a llover las inversiones sobre distintos sectores de la economía. La "prueba de amor" no rindió los frutos esperados, pero sí permitió sortear la bomba de tiempo que Cristina Fernández le había dejado atada con un moño a su sucesor.

En esos años de fuerte intervencionismo estatal, el crecimiento del empleo público fue el deporte favorito del gobierno nacional, pero también de las provincias.

La Fundación Libertad y Progreso -que elogia muchas de las políticas de Macri- advierte que existe una cuestión en la cual no sólo no hubo avances sino que, por el contrario, no existe progreso. Alude a la "inmensa y aplastante estructura del Estado y al empleo público".

Incluso, cuestiona que Macri implantó un frondoso organigrama para el Poder Ejecutivo, con 21 ministerios, 87 secretarías, 207 subsecretarías, 687 direcciones y 122 organismos descentralizados.

Parece mucho para un país donde en numerosas actividades la ausencia del Estado es notoria.

José Calero

Noticias Argentinas

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