Opinión
Martes 27 de Junio de 2017

Sílabas

Mi mama me mima. No ha pasado tanto, tanto tiempo. Eso parece pero, si uno mira la serie de almanaques arrumbados, el medidor inatajable de la distancia hasta el ayer lo vuelve distante.

Mi mama me mima. No ha pasado tanto, tanto tiempo. Eso parece pero, si uno mira la serie de almanaques arrumbados, el medidor inatajable de la distancia hasta el ayer lo vuelve distante. Que algunas cosas no cambien no significa que se frene la flecha del tiempo. Ma, me, mi, mo, mu. No ha pasado tanto tiempo. Al menos escucho, todavía, aquello que hace mucho también decía como sabiendo.

Ayer nomás elegíamos de los carteles las sílabas conocidas y las repetíamos. Tiempo de escasos carteles aquellos años nuestros con las primeras palabras. Con las sílabas. Dominar el abecedario era una cosa. Una secuencia. Juntar las letras y armar las sílabas era cruzar un umbral. Los carteles ejercían una extraña fascinación que veo que aún existe. No importa el producto que ofertan, importan las palabras. De las palabras sus sílabas. El silabeo.

La nena dice:"¿Querés que lo haga con la efe"? Fa, fe, fi, fo, fu. "Y lo puedo hacer para abajo...". Oí. Mirá.

Es bueno cruzar ese umbral. En el siglo XXI el lenguaje de los teléfonos, de las computadoras, es otro y muchos escriben "zanahoria con B larga" pero son muy hábiles con el nuevo lenguaje y sus secuencias, los algoritmos que desesperan a los espías, los vigías de espías y los sabotajes mundiales al lenguaje de la nueva civilización.

Los espías aquellos de la tinta indeleble (¿probó escribir con la vieja pluma cargada de jugo de limón?) de los códigos encriptados en versículos de la Biblia y las palomas mensajeras llevando en sus patas el último parte de guerra, pertenecen a simples argumentos de las viejas películas. Al pasado.

No fue difícil, para quien conocía el silabeo, descifrar aquellos códigos con mensajes mas allá de, ejem, "las líneas enemigas".

Una de las mas hermosas diversiones que sellaron el asunto de los enigmas en la historia fue Rosebud, la palabra final del Ciudadano Kane (Citizen Kane) que Orson Wells pone al comienzo del film y reproduce en la escena final, cuando incendian trastos viejos y se quema el trineo (patineta) que tiene pintada esa palabra y cierra el film.

Palabras que definen vidas, sílabas que definen palabras. Eme a, ma. Eme a ma. Ma. Ma. Mamá. No hay metáfora, hay trato directo con la historia, con la verdadera raíz. Mamá es la palabra clave.

Todos los ensayos sobre espionajes y enigmas aconsejan, para descubrir el misterio, indagar en el pasado mas oculto, mas lejano de quien encriptó el mensaje. Lo mas lejano y propio, por tanto inolvidable, es la infancia.

Con las cifras del nuevo lenguaje no se sabe. Algunos dicen que es posible esconder el mensaje. No lo creemos. Finalmente es binario. Un ma/mu a la infinita potencia. Pero nada es difícil de resolver porque tenemos la clave que abre todos los cofres: "oso, fete, colorete". Sonó la campana, ahora vamos al recreo.

Comentarios