Opinión
Domingo 24 de Septiembre de 2017

Santa Fe, estado de situación

Claves. A cuatro semanas de las elecciones, todos creen que pueden sumar más votos. Cada frente juega un partido especial. Cambios de estrategia y una grieta que sólo favorece al macrismo y al PJ.

A cuatro domingos de las elecciones, todos los frentes que tienen intenciones de mostrarse competitivos en Santa Fe empiezan a tirar lastre y jugar sus fichas más preciadas. No hay más tiempo para autoflagelarse preguntándose qué pudo ocurrir en primarias y no pasó.

Es tan particularísima la situación en el peronismo que, pese a haber ganado las elecciones a diputado nacional, deben soportar que la principal duda en el contexto general de la política sea cuántos votos pueden llegar a perder. Pero no deberían arrojar culpas a los interpretes, sino a sus propios protagonistas nacionales.

El caso más patente es el senador Miguel Pichetto, quien adelantó que no habrá posibilidad de unir voluntades en a Cámara alta con Cristina. Pichetto, un personaje de lealtades sucesivas, un todoterreno para las traiciones periódicas.

Un ejemplo de la dualidad del peronismo santafesino: ayer estuvo en las escalinatas del parque España el ex ministro de Economía Axel kicillof. Pese a lo concurrido del acto, los dirigentes presentes en el palco representaban íntegramente al sector kirchnerista que se referencia en Agustín Rossi, y otros sellos del universo que conduce la ex presidenta de la Nación. No se vio por allí a Alejandra Rodenas ni a referencias del peronismo no K. Los peronistas tienen una ventaja comparativa, al igual que Cambiemos: la grieta es un negocio sensacional para ambos, y en ella cayeron los santafesinos, o una buena parte.

Para mantenerse competitivo y firme camino a ratificar la victoria, el Frente Justicialista no deberá mostrar demasiadas diferencias en público, al margen de actos a los que concurre un sector y otro no. Aunque esa situación sea particularmente esquiva a lo que siempre el peronismo prohijó ("todos unidos triunfaremos"), lo que ven es lo que hay. Toda vez que los peronistas priorizan sus acuerdos por sobre las diferencias se tornan competitivos.

No es casual que se inicie esta columna analizando al PJ. Es el que ganó las primarias en Santa Fe y el que podría dar un segundo batacazo si repite la historia. No le será fácil. Las encuestas que encargó el gobierno nacional y un sondeo pedido por el kirchnerismo marcan que el macrismo podría ganar Santa Fe, carancheando votos que en primarias fueron a otros competidores o atrayendo electores que no fueron a votar.

Una graciosa curiosidad: todos los candidatos creen lo mismo y repiten como un mantra que lograrán más votos, producto de los mismos carancheos. Se sabe: no hay seres más imaginativos que los políticos cuando están en campaña.

Quedan 4 semanas para que el peronismo se abroquele en sí mismo y puje por mantenerse competitivo. La mejor manera de evitar fugas es hacer hasta lo imposible por mantener la unidad en la acción, aunque otros sostienen la premisa que lo más pragmático es que cada candidato (Rossi y Rodenas) vayan por su lado. Se verá.

En Cambiemos sólo rompen la abulia previa a la campaña cuando viene a la provincia algún funcionario nacional. Ahí, todos sacan pecho para aparecer relucientes en las fotos. El hecho de que el macrismo haya ganado las elecciones provinciales con un candidato cuasi desconocido pone el numen ganador en el valor de marca. El dueño de la marca, tiene nombre y apellido: Mauricio Macri.

Sin embargo, en las últimas semanas, Cantard salió a mojarle la oreja al socialismo con una dureza que sólo tenía un antecedente: cuando dijo que a Lifschitz le "quedaron gordas las bolsas con las que quería sembrar de votos a la provincia". Habrá respuestas, incluso institucionales. No se sabe cuándo.

Por estas horas, el dirigente del Grupo Universidad acusó a los socialistas de haber firmado "el acta de defunción del Frente Progresista". Curiosamente, Cantard prefirió polarizar con el socialismo y no con el peronismo, que salió primero. Donde hubo fuego, cenizas quedan.

José Corral se juega la final del mundo en las generales de octubre. Para él, los resultados en la ciudad de Santa Fe y en las nacionales podrían resultar el título habilitante para convertirse en candidato a gobernador. Si ganan sus candidatos. Si el conductor televisivo Emilio Jaton le gana al candidato corralista y el PJ suma más votos, la prioridad para e actual presidente de la UCR será mantener políticamente la capital provincial bajo su signo político.

Curiosamente, el adversario potencial de Corral que tiene el PRO (Luciano Laspina) no encabeza la lista del macrismo, producto de la buena capacidad de lobby que hizo Corral a favor de Cantard. ¿Por qué genera curiosidad esa situación? Porque Laspina ya consiguió los apoyos públicos de Elisa Carrió y Miguel Del Sel para ser candidato a gobernador. Si no va el dirigente rosarino, el PRO deberá posicionar otro nombre para la Gobernación o resignarse ante un radical.

En el Frente Progresista parecen haber entendido los errores de la campaña. Tras haberle regalado al macrismo la calle en la campaña a primarias, ayer el propio gobernador Miguel Lifschitz entendió el valor de los timbreos y salió a conversar cara a cara con los vecinos. Los candidatos del oficialismo local enterraron (y lo bien que hicieron) la naíf consigna "El movimiento de Rosario".

A todo vapor, Jorge Boasso evita que sus votos sean chupados por la fuerza oficial de Cambiemos y centraliza su campaña en Rosario, donde apuesta a la fidelidad de sus votos históricos. Cada voto que vaya a Boasso es un sufragio menos para Cambiemos. "Pero un voto más para Macri", parece decir el edil. Interrogante que sólo se disipará el 22 de octubre a la noche.

En medio de una previa electoral aburridísima, la deuda de la Nación con Santa Fe es el gran tema. Este diario adelantó hace tres semanas que el gobierno nacional no tenía intenciones de pagar en lo inmediato y, mucho menos, en los términos de forma y fondo que pretendía la Casa Gris.

Todo eso se confirmó.

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