Frente Progresista
Domingo 28 de Agosto de 2016

Rosario pide que la dejen en paz

Claves. La contundente movilización en Rosario por justicia y seguridad dejó un mensaje expreso y claro hacia los tres poderes de la provincia y obliga a un compromiso del gobierno nacional para modificar la situación.

Tras la impactante movilización de miles de rosarinos por la inseguridad, la pelota volvió a quedar del lado de los gobernantes, de los jueces, de la clase política. La sociedad dijo "basta" y dejó un mensaje contundente: la ciudad debe volver a ser lo que era antes de que la violencia la deje casi desnuda y con la guardia baja.

Desde lo dialéctico, el día después de la marcha, el gobierno provincial pareció haber recibido el mensaje. "Fue una señal de hartazgo, y nos lleva a un replanteo de todas nuestras políticas. Sí o sí tenemos que cambiar", dijo el ministro de Gobierno, Pablo Farías. Con pocas palabras pero con contundencia.

Lo que debe cambiar el Ejecutivo provincial es cierta distorsión en la sintonía fina a la hora de interpretar la realidad que brota de los rosarinos. Aunque las estadísticas frías, siempre estacional, hayan mostrado alguna mejoría en determinados índices hasta que se produjeron 24 muertes en 30 días, todo el contexto estuvo marcado por robos y entraderas.

Teoría y práctica. La muerte de Nahuel Ciarroca por un celular fue uno de los detonantes de la bronca de la clase media, ¿pero cuántas personas sufrieron ese tipo de robos, a cualquier hora, en cualquier lugar? Y, en esto, para que la sociedad admita cambios positivos deben instrumentarse más patrullajes, deben visibilazarse más efectivos en las calles de Rosario. No se trata de un mero apunte teórico, lo admitió el nuevo jefe de policía provincial EM_DASHel tercero en 8 mesesEM_DASH al momento de asumir.

La expectativa, como otras veces, vuelve a centrarse en los agentes federales que deben llegar a Rosario, una medida urgente, necesaria y excluyente. El gobierno nacional debe entender que constituye un despropósito que la ciudad de Buenos Aires y el conurbano tengan miles de efectivos y que en Rosario sólo hayan mantenido 400.

Se dijo en algún momento que el éxodo de centenares de efectivos durante enero de 2016 obedecía a una decisión del presidente Mauricio Macri y de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, para que los gendarmes vuelvan a cumplir tareas de protección de las fronteras. LaCapital pudo saber de fuentes seguras que en las últimas semanas, y después de los planteos de intendentes del conurbano, se acordó la presencia de efectivos federales en el Gran Buenos Aires.

Antes de los refuerzos, en provincia de Buenos Aires había 15 mil efectivos de Prefectura, Gendarmería, Policía Federal y Policía de Seguridad Aeroportuaria. En La Plata, por ejemplo, se contabilizaban dos mil gendarmes, muy superior a los 400 que quedaron en Rosario, pese a tratarse de una ciudad muy superior en cantidad de habitantes. Y ni hablar de la cantidad de efectivos en la ciudad de Buenos Aires.

De todos modos, la presencia de agentes federales no soluciona por sí mismo la cuestión si no hay un trabajo conjunto entre Nación y provincia sobre el territorio. Lo que Sergio Berni proyectó con los desembarcos decididos durante la última parte de la gestión kirchnerista no tuvieron el efecto deseado en lo que refiere al mejoramiento paralelo de policía local.

"De todo lo que se comprometió a hacer el gobierno provincial no cumplió nada. Hubo un repliegue de la policía y trajeron agentes que vivían a 500 kilómetros de Rosario que no conocían el territorio", lanzó Berni en mayo de 2015, aunque luego envió más efectivos que, en enero de 2016, volvieron a retirarse de la ciudad.

Nuevos paradigmas. Todo el minué de idas y vueltas, dejó sin embargo marcada a fuego la opinión de los rosarinos: más del 60 por ciento tiene una buena imagen de la Gendarmería, al tiempo que el 70 por ciento tiene una mala consideración de la policía santafesina. Créase o no, Gendarmería es la institución que mejor adhesión tiene en Rosario, capital del progresismo nacional.

En ese sentido, parecería que los cambios de paradigmas en materia de prioridades cuestan ser internalizados por la Municipalidad. Ahora se vuelve a la idea de que los conductores y acompañantes de motocicletas utilicen casco de seguridad en el que se identifique el número de patente de la moto. Un proyecto en ese sentido fue presentado por Jorge Boasso en 2010 y aún duerme en comisiones.

La impactante movilización que fue desde Tribunales hasta la plaza San Martín confirmó otras lecturas que se hicieron desde el análisis político. La multitud repudió —incluso con nombres propios— a la Justicia provincial. Léase jueces, fiscales y abogados. Además de la policía, también hubo críticas a los legisladores y a los medios de comunicación. Fue una manera que tuvo la gente de comprometer a todos los sectores en un tema que es exclusivo a la hora de la preocupación social.

Pero, como decía Einstein, es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. En ese sentido, la fétida realidad de la inseguridad en Rosario les ha dado una nueva oportunidad al gobierno nacional y provincial para que dejen de pelearse como adolescentes y se pongan a trabajar juntos en una problemática que no involucra el sexo de los ángeles sino la vida de las personas.

La reunión del martes próximo entre las autoridades nacionales y santafesinas debería constituirse en una señal de tranquilidad para los rosarinos. Al fin, la ciudad sólo quiere que la dejen en paz y recobrar la autoestima que, hasta ayer nomás, la posicionaba como un modelo a imitar.

Ese fue otro de los contenidos emocionantes y emocionales de la marcha. "Viva Rosario", se escuchó repetidas veces, una consigna entremezclada entre los cánticos por mayor seguridad, justicia y el "se va a acabar esa costumbre de matar".

Tomando nota. Puertas adentro de Gobernación, del municipio y en los pasillos políticos del oficialismo han tomado debida nota de que el futuro del Frente Progresista está directamente ligado a los resultados en seguridad. Han tenido hasta acá una limitante a la hora de extender responsabilidades porque la "herencia recibida" es del mismo signo político.

La conformación del escenario, la gravedad de la problemática, deja en claro que será imposible llegar a buen puerto sin el involucramiento de los otros poderes del Estado provincial y del gobierno nacional. Y esa deberá ser la prioridad en lo inmediato, al margen de la mala relación política que existe entre ambas administraciones.

Como un huracán que la tormenta hundió, la seguridad pasó a ser el único tema excluyente, barriendo cuestiones importantes para el gobierno, como la intención de reformar la Constitución provincial. Son las consecuencias no deseadas en el momento en que lo urgente desplaza a lo importante.

Es tiempo de hacer. Aquí y ahora.

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