Opinión
Sábado 06 de Mayo de 2017

Ropa a medida

Una nota de Esquire, una antigua revista norteamericana para hombres, da cuenta del boom de una sastrería a partir de la ropa hecha a medida.

Una nota de Esquire, una antigua revista norteamericana para hombres, da cuenta del boom de una sastrería a partir de la ropa hecha a medida. En un país donde las tallas estándar varían en medio punto y tres largos, la novedad reside en que, desde Atlanta, Sid Mashburn se vale de la tecnología on line para captar clientes de una costa a la otra. Así, desde Nueva York alguien le pide una camisa con especificaciones sobre telas y medidas para un traje, o una camisa y accesorios que le hizo llegar por Skype.

Si se obviara el curioso uso de la web, no sería nada del otro mundo para un argentino, de la década de 1930, o '40. Es que antes del aluvión que arrasó estas tierras con la importación de la manufactura china, reduciendo todo el espectro de tallas a chica, mediana y grande (o XXXL), en cada barrio había un sastre que vestía a los vecinos, y los de más allá, con sacos y pantalones que hacían más altos a los petisos y enflaquecían a los rellenitos echando mano a los secretos aprendidos en la escuela de sastrería del colegio San José, donde también enseñaban a hacer los zapatos a medida.

Así, el sastre, además, era un consultor de lujo a la hora de saber qué corte de pantalón quedaba mejor a cada quien, cuál largo de saco lo favorecía más, o le resultaría más práctico, cuál tela y color había que elegir, qué era o que estaba a la moda. Y todo el mundo usaba traje, basta ver las fotos de los partidos de la época, donde aparecen muchachos subidos al alambrado de la cancha revoleando pañuelos, vestidos con traje, camisa blanca y sombrero, gorra o boina.

Ahora también hay sastrerías de ropa a medida, pero son pocas y un poco caras, y peor todavía, son muy pocos los que piensan que las necesitan.

Comentarios