Opinión
Sábado 07 de Octubre de 2017

Redil de ovejas

Nada nuevo. Las estrategias de seducción que emplea la política tienen antiguas raíces, más allá de las redes sociales

"Por último ocúpate de que toda tu campaña electoral se desarrolle con gran fastuosidad, que sea brillante, espléndida y atractiva para el gusto popular, ofreciendo un aspecto de grandeza y dignidad. Y además, si es posible de cualquier manera, que surja entre tus competidores algún escándalo, en consonancia con el carácter de cada uno, relacionado con algún crimen, o con su comportamiento sexual, o con algún soborno"... Al que crea que este párrafo que transcribo, pertenece al decálogo elaborado por el "coach" de cualquier político empeñado en ganar las próximas elecciones, lamento tener que desilusionarlo: en realidad fue extraído del "Pequeño manual de campaña electoral" que Quinto Cicerón escribió asesorando a un hermano suyo, quien se postulaba para agenciarse un cargo de cónsul en la antigua Roma, ¡incluso antes de que emperadores payasescos como Calígula o Nerón, escandalizaran a la historia con el inaudito espectáculo de sus demenciales atropellos!

Esto pone de manifiesto, con elocuencia más que sobrada, que desde los tiempos de la República romana hasta nuestros días, las maniobras para seducir —y para engañar— al electorado, no se han aggiornado mucho que digamos: tal vez la única desventaja que debieron sufrir los políticos de la antigüedad clásica, fue la de no poder contar con el invalorable auxilio de la televisión, ni de las redes sociales...

Pese a lo que digo, hay que reconocer que en otros aspectos hemos adelantado muchísimo: si al gobernante de un país republicano y democrático se le antojase imitar a Calígula y nombrar senador a su caballo —no sabemos hasta dónde pueden llegar Trump ni Maduro, cada uno por su lado—, confiamos en que los restantes poderes del Estado, que según la inverosímil creencia que nos inculcaron desde chicos: "son absolutamente independientes", se encargarán de poner coto al desatino. Otro tema muy distinto es si el beneficiario de la prebenda, en lugar de ser un cuadrúpedo es un bípedo: por ejemplo la esposa, la amante, el hermano, el yerno, el primo o el cuñado del gobernante... En tal caso, lo más probable es que los poderes de control se declaren incompetentes para actuar, aunque el inconfesable motivo subyacente, sea el tener las manos libres para ejercitar un nepotismo no menos sistemático, en el campo de sus respectivas jurisdicciones...

La pregunta del millón es: si la gestión de gobierno fue la correcta, o si la plataforma política que intenta suplantarla dice serlo también, ¿es preciso salir a importunar a cada vecino suplicándole la dádiva del voto, cuando la experiencia ha demostrado hasta el cansancio que ese impostado "contacto" entre el dirigente y el ciudadano común, no es sino una farsa montada ex profeso para la ocasión, y como diseñada a medida para la gregaria y estúpida frivolidad de la selfie?

Siempre me llamó poderosamente la atención —por no decir que me generó angustia e incertidumbre—, el hecho de que en el ámbito judicial, ante un mismo hecho que se presume punible, el fiscal pueda demandar la pena máxima y el abogado defensor la absolución. En ese arco de ciento ochenta grados, cuyas antípodas son la inocencia y la culpabilidad —podríamos decir que en estado puro—, ¿dónde se encuentra la verdad? ¿O habrá que rendirse a la evidencia de que la verdad no existe, y solo existe la astucia de abogados que inventan sofismas lo suficientemente eficaces, como para inclinar la balanza de la justicia en favor suyo?

Y con las estrategias partidarias me ocurre algo semejante. Es harto significativo que tanto los candidatos, como los analistas que han destripado sesudamente el resultado de las últimas Paso, sitúen el eje de sus reflexiones en la urgencia de lanzarse ferozmente a la cacería de votos, conducta que, nos guste o no, corrobora aquella temible interpretación —tan arraigada en el imaginario colectivo—, de que la política es el arte de camuflar los intereses particulares, para poder presentarlos como una genuina preocupación por los destinos de toda la comunidad. En resumidas cuentas, y tal como ocurre con la actuación de los abogados frente a los estrados judiciales, el premio mayor recaerá sobre el que sea capaz de instalar el espejismo más convincente (o sea, sobre el que exhiba más destreza en el oficio de mentir).

Si el proyecto que "salvará" a un país, a una provincia o a un municipio, debe salir a venderse casa por casa, como si se tratara de un plumero o un churro, es porque el único discurso que anhela oír el grueso de la población, y que es el del accionar concreto y el de los hechos fehacientemente comprobados, o enmudeció, o fracasó rotundamente.

Además me pregunto: ¿seremos el conjunto de los hombres de a pie una masa tan amorfa y maleable —una plastilina tan irreflexiva—, como para caer rendidos ante el eslogan publicitario rebuscadamente ingenioso, ante la sonrisa falsa ampliada a escala monumental, o ante la sobredosis de photoshop, que convierte al candidato más veterano en un jovenzuelo imberbe y lleno de posibilidades, como para seguir medrando en el fértil negocio de la política hasta la consumación de los tiempos?

Porque ¡cuidado!, que si nos remontamos de nuevo al ejemplo de la Roma republicana, se sabe que el lugar en que se congregaban los ciudadanos antes de emitir su voto se llamaba "ovile", que literalmente significa "redil de ovejas".

Comentarios