Opinión
Domingo 16 de Julio de 2017

Pasa lo que pasa Doc

Me saludó con esa efusividad tan propia de los psiquiatras y analistas. Lo justo, casi aséptico si no fuera que me dio la mano.

Me saludó con esa efusividad tan propia de los psiquiatras y analistas. Lo justo, casi aséptico si no fuera que me dio la mano. De cualquier forma, habíamos encontrado con relativa facilidad el entendimiento mutuo. Más de una vez presentía una pregunta suya y después esa breve composición de lugar que en ocasiones le resultaba un tanto trabajosa porque acertar con el remate apropiado no es tan simple. Algo así como la duda que suele poner en mal trance a quienes escriben. "¿Acá va punto o punto y coma?". Para arrancar mencionó que le había generado curiosidad que le solicitara un turno luego de haber quedado hacía muy poco en vernos solamente de vez en cuando. Le dije que necesitaba charlar un poco. Levantó una ceja y disparó: "Bueno, ¿qué le anda pasando? ¿Una recaída?" Y se quedó mirándome fijo, así que despacio bajé mi juego. Apenas un par y no eran ases. Medio a la defensiva dije: "No, todavía no, sigo firme como un islámico aunque a veces temo quebrarme, pese a que ya va para dos años que no pruebo una gota de alcohol. En cuanto a lo otro le cuento en unos días, porque si no hay preguntas indiscretas, algunas respuestas lo son. Ahora mejor me voy", respondí con voz queda mientras me iba levantando del cómodo silloncito donde sólo podía estar erecto, aunque fuera medio cuerpo. Sonrió. Tipo comprensivo. Intuye cuando mi cabeza, convertida en una alcancía que recibe todas las fichas que andan por ahí sin filtrarlas, queda a punto de estallar aunque finja que no es así. El me enseñó a separar las cosas, a tener paciencia. Paso a paso, me dijo una vez y me recordó las instrucciones de Cortázar para subir una escalera. ¿Qué me pasa? Lo sabe de antemano. Ya en el ómnibus, la respuesta perdida salió expulsada como un corcho antes del brindis. Un grito sin rencor: "Me pasa la vida, eso me pasa". Seres inexpresivos sumergidos en pensamientos propios me radiografiaron y sus miradas eran de desconfianza y algo de lástima. En su lugar, me hubiera sentido exactamente igual. Pobre gente. Hay demasiados locos sueltos. Por mi parte sentí que había vuelto a ser persona. Una más. No era diferente a nadie.

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