Opinión
Miércoles 15 de Marzo de 2017

Para cruzar los Andes

Historia. La búsqueda de caminos viales entre Argentina y Chile fue una tarea titánica durante muchos años y cobró impulso con el Virreynato del Río de La Plata. El papel de Belgrano. Los pioneros.

En el siglo XVIII no existían caminos hechos por la mano del hombre entre Argentina y Chile, cruzando la cordillera de los Andes. La tarea vial se reducía solamente a componer algunos puntos que las aguas habían hecho intransitables. Los caminos eran trazados por el paso del conquistador o la empresa arriesgada del aventurero. El desamparo de cruzar distancias enormes en sendas abandonadas de todo cuidado era aceptado como un hecho inevitable. No podía pensarse en atender el estado de los caminos cuando se carecía de medios para garantizar la vida y los intereses en tránsito durante seis meses al año.

Chile se hallaba condenado por la nieve y los hielos a la incomunicación, con la provincia de Cuyo, que incluso en otros tiempos estuvo sometida a su jurisdicción y con Buenos Aires, que le servía de puente intermediario en sus relaciones con Europa. Los transportes de ultramar evitaban la temible navegación del Cabo de Hornos y el aislamiento era el común denominador de la época. Para los seis meses restantes sólo era posible la vinculación por caminos sin murallas infranqueables de hielo, que permitiera el tránsito todo el año. Resolver esta situación era un proyecto digno de ser realizado.

Cruzando la pampa desierta, en la quebrada solitaria o en la selva impenetrable, la gente del lugar, "habituada al ocio y al robo, preparaba sus emboscadas y asaltos" apoderándose de convoyes, de "carretas y arrias, y matando a sus conductores, si eran vencidos en la refriega" (Semanario de Agricultura, Buenos Aires 1804).

Un cambio sustantivo se produjo con la creación del Virreinato del Río de La Plata, facilitando la administración de la colonia, creando y conservando caminos, pero fundamentalmente, garantizando el tránsito.

Refiriéndose a la acción del Consulado, en la labor de su secretario don Manuel Belgrano, Bartolomé Mitre nos refiere: "Abrió nuevas vías al comercio interior, facilitando la navegación fluvial y allanando nuevos caminos, como los de Catamarca y Córdoba; Santiago del Estero y Tucumán; Chile y el Perú por Atacama; San Luis y Mendoza y proyectó la apertura de una antigua vía que hasta hoy permanece cerrada, la comunicación del Atlántico y el Pacífico por Patagones". Este proyecto se promovió en 1798 y la Corte de España lo aprobó condicionalmente con fecha 25 de septiembre de 1799". Su objeto era adelantar los conocimientos "geográficos, continuando el reconocimiento del río Negro hasta sus nacientes, desde el punto donde había llegado el piloto don Basilio Villarino; formar, según las indicaciones de Viedma, un establecimiento fortificado en las isla de Choele Choel", cortando de este modo la línea de comercio de "ganados robados", que ya entonces se hacía entre pampas y araucanos y rehabilitar el "antiguo camino de ruedas que creían transitable en todo tiempo, sin necesidad de atravesar las cordilleras".

Belgrano tenía una idea: establecer una comunicación permanente con el Pacífico, que no dependiera del hielo y que permitiera el paso de carretas por la cordillera. Tuvo dos noticias concordantes: la posibilidad de un nuevo camino a Talca y otro paso nuevo por el boquete de Antuco.

Ambas propuestas superaban ampliamente los cruces conocidos y sólo aptos para el transporte mular. Si estos propósitos se hubieran cristalizado a comienzos del siglo pasado mucho tiempo se habría anticipado el poblamiento y desarrollo de los territorios del sur que podrían alimentar un activo comercio argentino-chileno, mucho más seguro y menos costoso que la vía de Cuyo.

La iniciativa oficial para realizar el camino es del jefe de Correos del Río de la Plata, don Manuel Basavilbaso, quien en diciembre de 1784 propone a España la apertura del camino permanente a Chile. Abrir un camino sin interrupciones anuales a través de la cordillera, fue, a partir de la iniciativa de Basavilbaso, la empresa que intentaron las autoridades del Río de La Plata.

Buenos Aires servía de puerto a Chile, mirando a Europa, para evitar el temible viaje de circunvalación por el Cabo de Hornos. De ese modo las mercaderías depositadas en el Río de La Plata llegaban en menos tiempo a Santiago de Chile, ¡y cuánto más fácil podría haber sido si este tráfico se realizara sin interrupciones estacionales y no a lomo animal sino en carreta!

Desde 1786 a 1788 el Marqués de Sobremonte, intendente de Córdoba, gestionó con persistencia la apertura de un camino por la falda norte del Tupungato. Estas aspiraciones lo llevaron, diez años después, a impulsar un gasto de mil pesos para comisionar al arquitecto Joaquín Toesca, hombre de experiencia que había hecho el trazado de Santiago de Chile a Valparaíso, para que realizase las exploraciones sobre la falda del Tupungato. En febrero de 1799 Toesca informa: "Después de haber reconocido por todas partes si era verificable la subida, he hallado que ni a pie pueden superarse los grandes bloques de piedra, los baqueanos me informaron que las grandes avalanchas de nieve inutilizaron otro mejor camino que usaron los contrabandistas y a pesar de cuantas diligencias se practicaron, no fue posible conseguir este fin" (1). El conocimiento del informe sepultó por un tiempo la búsqueda de una salida al Pacífico que pudiera quedar abierta todo el año.

Ambrosio O'Higgins reavivó la propuesta de Basavilbaso; a su instancia, el Cabildo de Concepción de Chile monta dos expediciones encargadas de explorar y buscar el camino proyectado. Una a cargo de don José Barros que se dirigió por la cordillera de Linares y la otra de don Justo Molina, el cual debe buscar más al sur, por el boquete de Alico. Con las mismas aspiraciones se presentó al Consulado de Buenos Aires para explorar una nueva vía don José Santiago de Cerro y Zamudio. Conduciendo un carro con dos caballos siguió el camino del norte de Buenos Aires, cruzó Santa Fe, Córdoba, San Luis y Mendoza y atravesó los Andes por el boquete de la cordillera de Planchón; llegó sin accidente a Talca el 16 de diciembre de 1803. Paso éste que en 1817 la columna del ejército Libertador al mando del comandante Freyre utilizara para la epopeya libertadora.

Ante el éxito de Cerro y Zamudio, el gobierno de Chile decreta la partida de dos comisiones para verificar resultados. El virrey Sobremonte fue el decidido protector de estas exploraciones y facilitó recursos para continuar los reconocimientos. Ante tantas comisiones y propuestas, ordenó una con carácter oficial con un encargado de un diario científico, a cuyo frente puso al agrimensor Souiyer de Sovillac.

Cerro y Zamudio quedó al frente del grupo explorador, entró otra vez por Talca y reconoció lugares para mejorar las comunicaciones, entre ellos por el portezuelo de Valle Hermoso. Al camino explorado le llamó "de las Damas", porque pretendió "que hasta las señoras pudieran transitarlo". Fue por allí que el 18 de enero de 1817 pasó el grueso de la columna libertadora al mando del general José de San Martín.

A principios de 1806 don Luis de la Cruz, alcalde provincial del Cabildo de Concepción, realizó a su costa una prolija exploración del proyectado camino de Pichachén a Antuco. Alentado por las recompensas ofrecidas en el Virreinato del Río de La Plata, viaja a Buenos Aires. Pero otras preocupaciones existían en ese momento. Los ingleses habían invadido Buenos Aires. El virrey Sobremonte había huido. Luego vinieron las guerras de la Reconquista, la Independencia… Los proyectos quedaron postergados. Sin embargo, el cómodo paso de Pichachén quedó hábil al paso de carruajes hasta 1837 en que la erupción del volcán Antuco levantó la cordillera en esa parte, formando la gran laguna de La Laja, y nuevamente la vía proyectada quedó convertida en camino de herradura (2)

(1) Barros, Arana; Historia de Chile. Tomo 7, Cap. XXII.

(2) El camino de Pichachén fue propuesto en el siglo XX para el trazado de un ferrocarril que nunca se construyó. El autor de estas líneas, fue contratado en enero de 1971 por la provincia de Neuquén para hacer parte del trazado vial en territorio argentino por el paso de Pichachén. Propuso la remoción del material volcánico.

José Marcos Adjiman

joseadjiman@gmail.com

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