Opinión
Sábado 30 de Septiembre de 2017

Papas

Hace pocos días, ayer nomás, como decía aquella canción de los mismísimos años de ida, ayer nomás al elegir el par de medias y colocarlas, enfundando el pié, una de ellas tenía un agujero justo allá, entre los dedos. Una "papa".

Hace pocos días, ayer nomás, como decía aquella canción de los mismísimos años de ida, ayer nomás al elegir el par de medias y colocarlas, enfundando el pié, una de ellas tenía un agujero justo allá, entre los dedos. Una "papa".

Raúl González Tuñón (debería escribir su nombre de pie) insiste:…" y por el agujero que coses en tu media sale el sol y se llena todo el cuarto de luz…"

No se de donde venía el "papa en la media" en otros sitios del planeta dicen "tomates en la media". Una media agujereada no es sinónimo de nobleza.

Los tiempos cambian y las muchachas con los pantalones en tela "denim" (los "vaqueros") los gastan, los fabricantes los refriegan industrialmente antes de ponerlos a la venta y, finalmente, los rompen y está bien porque la moda los acepta. La moda, como se sabe, es un criterio estético que quien domina impone. Parece muy loco pero el poder tiene su estética o, como dice otro libro que uno frecuentó distraídamente:…" la estética del poder" resuelve el bien y el mal de las formalidades. Por aquella cuestión de forma y fondo el tema es un lío. Salgamos del lío.

Un agujero en la media era un problema. Las medias "corridas" de las mujeres otro problema, pero ese lo oía, lo entendía, pero no era el propio.

El agujero, la "papa"en la media tenía dos características y una solución verdadera. Si era dentro del pie, en la parte que oculta el zapato era una cosa. Si era sobre el talón y adquiría visibilidad era otra cosa. En el primer caso conocer la falta. En el segundo caso que viesen la falta. La ausencia de medias nuevas, la pobreza, el desaliño, el descuido.

Una vieja lamparita de 25 voltios, ya con el filamento quemado. Un porongo de mates que nunca se cebaron en esa vasija. En el costurero los tipos de hilos mas comunes y la aguja de zurcir las medias. Allí estaba la solución al problema, sea el uno y/o el dos.

La tía Élida Parreño se ponía los anteojos y decía vení, dejame. Tomaba la media, silbaba y con las manos mirando la lámpara del cuarto la zurcía. Mi tía Élida tocaba "la acordeona", cantaba, imitaba a las cantantes yanquis a quienes menospreciaba, ubicándoles una voz nasal y chillona, zapateaba y silbaba. Fumaba y cada tanto confesaba, no se que le vi a tu tío. Demasiada ginebra y olor a puchos. Había abandonado el conjunto familiar por amor y cada tanto sus ojos se volaban hacia algún lugar.

Ponete despacio los zapatos y que te los compren (a los zapatos) a tu medida, los zapatos grandes rompen las medias. Era su sentencia. Guardaba todo en el costurero y volvía a silbar. Se sacaba los anteojos. Andá, me decía, nadie mira las papas en las medias si sabés hablar. Distraelos con tu charla. Disimulá. Enseñanza de tía. Cada vez que alguien intenta distraerme con sus charlas tontas pienso que tiene un agujero en la media. Las tías suelen ser sabias.

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