Opinión
Viernes 16 de Junio de 2017

Panadería

Uno de los olores mas exquisitos es el del pan, el pan caliente, el pan tibio.

Uno de los olores mas exquisitos es el del pan, el pan caliente, el pan tibio. Con el tiempo nos acostumbramos a diferentes olores pero tengo mas de un testimonio que ése olor, tan especial, tan preciso, tiene pocas comparaciones.

Ignoro de dónde viene la costumbre (corrección: venía) de no tirar el pan. El pan no se tira. Acaso aquello del cuerpo de Dios y la multiplicación de los panes. En rigor no lo se. Si tengo claro que en mi niñez no se tiraba el pan. Que los otros compañeros de aquellas escuelas de barrio, como los padres (bah, los viejos) insistían que el pan no se tiraba. Había retos, castigos, advertencias. El pan no se tira.

En los días de invierno, tan oscuros a las 21, como en los tibios días de verano, cuando la luz perdura hasta ahí, hasta por ahí del día, sobre las 9 de la noche entonces, dos panaderías del centro, por las que paso a menudo por su puerta entregan, rigurosamente envuelto, medio kilo de pan a una larga cola de personas a quienes el pan, ése pan les hace falta para su vida, como a casi todos. Certifico que lo reciben gratuitamente. Mandato generoso y solidario que cierra el ciclo: el pan no se tira.

En esos inviernos, en aquellos, el tazón de mate cocido a la tarde, luego de la escuela o de los juegos en la calle, era parte de un ritual de crecimiento, de vida. La vieja llamaba y el mate cocido cerraba la dieta vespertina con el pan. A veces con manteca. A veces. El pan y el azúcar y ésa taza humeante conforman un paisaje de la familia, de la cocina, de la tardecita y de la vida.

Otro pedazo, otro trozo de pan que no se puede evitar es el que se mete en la salsa o que, sin ningún miedo, limpia el plato del último vestigio de lo mismo: de la salsa, Del juguito.

No eran tiempos de café instantáneo. Ni siquiera de café. Acaso "cascarilla" y el chocolate era para las fiestas de cumpleaños. Tiempos de pan con manteca. El pan de la mañana en el mate cocido de la tarde era el cierre de la panza hasta la noche.

El pan se vendía por kilos pero a veces se pedía por unidad. Igual el peso definía. El "pan casero", ignoro la razón, pero tenía un valor diferencial. Como las facturas.

Por el costado de la panadería descargaban la leña. Sobre fin de año el cartel era claro: " para cocinar lechones avise con tiempo, es por riguroso turno". Es que el lechón se hacía en la panadería. En el horno.

Los ojos son un don preciado, uno de los cinco que conectamos en el cerebro para que la computadora resuelva sobre el poste, el bache o la belleza de una rubia fenomenal, según los ojos.

Los afectos superan algunos sentidos. Los ignoran. By pass directo al corazón. El olor de una habitación donde hay un bebé. El del amor. El del asadito del mediodía (falda, la que mejor huele) y el del pan caliente permiten cerrar los ojos y certificar: no todo está perdido. No todo.

Comentarios