Opinión
Jueves 19 de Enero de 2017

No tenemos wifi

Es algo fantástico que en medio de esta sociedad hiperconectada aparezcan reductos de resistencia a la simbiosis entre la gente y la miríada de aparatos electrónicos que administran una porción de la realidad, cercana y del más allá.

Es algo fantástico que en medio de esta sociedad hiperconectada aparezcan reductos de resistencia a la simbiosis entre la gente y la miríada de aparatos electrónicos que administran una porción de la realidad, cercana y del más allá. La síntesis está en un cartel con grafía antigua que una casa de muebles y regalos de calle Mendoza al 1100 ofrece a la venta: No tenemos wifi. Hablen entre ustedes.

Por conocido, no es menos revelador. Podría ser la salida ocurrente, simpática del dueño de un bar para señalar una carencia sin que los visitantes se sientan rechazados. Al fin, en un bar lo único que cuenta es que se haga un buen café, tema para nada menor. O podría haber sido (el cartel) idea de algún avispado que a fuerza de boletazos de las telefónicas, los cables y los prestadores de internet se haya percatado de una hipoteca invisible que abraza a la gente y no la suelta.

Hablen entre ustedes. Raro, desde la primaria que se les pide a los chicos que no hablen entre ellos, quienes ya, de grandes, vuelven a escuchar la recomendación en las asambleas sindicales (compañeros, no dialoguen), y casi todo el mundo pertenece a un gremio. Y ahora aparece aquella máxima que desnuda las legiones de marcianos tragados por el mundo de los whatsapps.

No hay internet, ¡faaah!, y ahora, ¿qué hacemos? Fácil, cuéntense las cosas mirándose a los ojos, por ahí descubren que tienen tanto más para decirse, que estaban muy lejos viviendo tan cerca, que se habían olvidado lo mucho que se aprecian (quieren, aman), que miles de fotos, mensajes de voz y emoticones nunca se podrán acercar a una caricia.

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