Opinión
Domingo 12 de Marzo de 2017

No te preocupes

La frase intenta ser tranquilizadora, y ese no te preocupes lo suelta, por lo general, el allegado que no será tocado, o apenas rozado por la cuestión que el afligido consultor puso a su consideración.

La frase intenta ser tranquilizadora, y ese no te preocupes lo suelta, por lo general, el allegado que no será tocado, o apenas rozado por la cuestión que el afligido consultor puso a su consideración. Lo que sea, desde un documento vencido hasta un impuesto que lleva diez años durmiendo en un cajón y creció más que una casa hasta un desliz en una conversación delante de algún jefe, o peor todavía, de la niña que le quita el sueño.

El no te preocupes, no le des bola; dejalo, está anotado en el agua, cartón pintado, paparruchas o es una gilada crece en importancia según los años del receptor, porque una cosa es escucharlo a los 20 y muy otra a los 70, con cientos de veces que el desprecio del problema supuso uno mucho más grande, invulnerable ahora sí a cualquier anestésico semántico.

Pero no, tampoco tiene que ser tan lapidaria la cuestión. Puede ser que el uso de ese sonsonete permite tener ese instante que precede a la idea luminosa que pone al alcance de la mano una solución milagrosa, indolora, que llega al galope de la mano de una catarata de alternativas, algunas posibles otras demenciales, que lleva un viento de esperanza al afligido actor (o víctima) de la cuestión.

Lo mejor, quizás, es que al escuchar el no te preocupes uno se ponga en guardia y empiece a evaluar otras consultas, otros referentes, otros cursos de acción (que no contemplen, por ejemplo, correr gritando como loco en contramano por la avenida Pellegrini) que disparan esa preocupación.

También se puede disfrutar ese tiempo de ignorancia de lo que se vive. Tantas veces apenas se llega a la categoría de juguete del destino.

Comentarios