Opinión
Martes 12 de Septiembre de 2017

Netanyahu en la Argentina

El Estado de Israel se encamina a cumplir 70 años de existencia y es la primera vez que un primer ministro de ese país visita la Argentina.

El Estado de Israel se encamina a cumplir 70 años de existencia y es la primera vez que un primer ministro de ese país visita la Argentina. Benjamin Netanyahu está en Buenos Aires en el marco de una gira latinoamericana, que incluye Colombia y México, previo a su participación en la asamblea general de las Naciones Unidas en Nueva York.
Como no podía ocurrir de otra manera, las contradicciones de la Argentina resurgen ante el análisis de situaciones de política internacional. Sólo por unas horas esa característica nacional deja en un segundo plano a las crónicas desavenencias domésticas de un Estado que a lo largo de su historia no se ha caracterizado por tomar buenas decisiones en sus vínculos con el exterior. Una de las más desafortunadas acciones, tal vez, fue la muy tardía, (marzo de 1945) por compromiso y oportunismo, declaración de guerra del gobierno peronista al nazifascismo en la Segunda Guerra Mundial. Para ese entonces, Brasil y México ya tenían tropas combatiendo en Europa junto a los aliados.
Ahora, con la visita de Netanyahu, mientras un diputado del Congreso de la Nación presentó un proyecto de declaración para repudiar la visita del premier israelí por "genocida", la Legislatura porteña lo declaró "visitante ilustre". ¿Cómo se entiende?
El diputado Juan Carlos Giordano, un abogado de 55 años de Izquierda Socialista, obtuvo en 2013 una banca en el Congreso nacional por la provincia de Buenos Aires en representación de un frente de izquierda. El legislador pretendió, sin éxito, que los diputados argentinos declaren el repudio a la visita de Netanyahu "en nombre del Estado genocida de Israel" porque tiene el objetivo de "profundizar las relaciones políticas y comerciales con el gobierno de Cambiemos a contramano del repudio mundial y del pueblo palestino a este representante del sionismo internacional".
Tal vez por ignorancia o por prejuicio, esa agrupación política minoritaria confunde la legitimidad de un Estado nacional, como Israel, con las políticas de un gobierno de turno que lo administra. En una burda mezcla de conceptos irreproducibles, el fundamento de cuatro extensas carillas del pedido de aprobación de la declaración de repudio a Netanyahu es un panegírico confuso y peligroso conceptualmente, no ya sólo contra el primer ministro israelí, que en este momento encabeza el gobierno de ese país, sino contra un Estado soberano y democrático. Ese texto habla de Israel como un "Estado artificial", cuando paradójicamente hasta la propia Autoridad Nacional Palestina (el sector que lidera Mahmoud Abbas desde Cisjordania) reconoce la existencia del Estado de Israel.
A la declaración del diputado Giordano y su inefable frente político sólo les faltó incluir los conceptos de "sinarquía internacional" o volver a mencionar los Protocolos de los Sabios de Sión, pero seguramente no consideraron políticamente correcto esa antigüedad, que ha sido reemplazada por conceptos más modernos aunque con la misma orientación de generar sospecha y estigmatización. Uno de los maestros en desenmascarar falsas conspiraciones internacionales a través de la historia ha sido el novelista y semiólogo italiano Umberto Eco, cuya obra "El cementerio de Praga", debería ser de lectura obligatoria para el diputado Giordano y sus seguidores que construyen relatos fantasiosos.
Al gobierno de Netanyahu, no al Estado de Israel, se lo puede cuestionar desde distintos lugares, tal como lo hacen los partidos opositores israelíes, por una cuestión central: no avanza con el proceso de paz con los palestinos y su política de fomentar los asentamientos de los colonos judíos en zonas ocupadas, calificados de ilegales por la comunidad internacional, es un permanente obstáculo a una salida negociada al conflicto con su vecinos. También, como lo ha hecho el premio Nobel de la Paz Alfredo Pérez Esquivel, porque su gobierno negó la extradición de uno de los represores de la última dictadura argentina que se refugia en Israel. Es el caso del ex agente Aníbal Gauto, prófugo de la Justicia argentina por delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención conocido como "La Cacha", en la ciudad de La Plata, bajo jurisdicción de Batallón de Inteligencia 601. Gauto fue descubierto en 2015 en el norte de Israel por un periodista argentino que investigó la desaparición de un primo hermano de su padre en esa cárcel ilegal bonaerense.
Argentina e Israel tienen una historia en común de asesinos ocultos. En mayo de 1960 fue capturado el criminal nazi Adolf Eichmann en San Fernando, provincia de Buenos Aires, por el servicio de inteligencia israelí y trasladado en forma secreta a Israel donde fue juzgado y sentenciado a muerte dos años después. Difícilmente la Argentina hubiera otorgado su extradición, igual que la del médico criminal nazi Josef Mengele, también escondido en la Argentina con nombre falso y sobre quien hace unos días se supo, con nueva documentación desclasificada, que estuvo a punto de correr la misma suerte que Eichmann. Las relaciones entre Israel y el gobierno de ese entonces bajo la presidencia de Arturo Frondizi, en los años 60, llegaron a su peor momento desde la creación del Estado de Israel, pero luego de algún tiempo se reencauzaron. Sin embargo, nunca un primer ministro israelí había pisado suelo argentino, visita calificada de "un gesto de máxima importancia" por la Legislatura de Buenos Aires, que puso con esa declaración por mayoría de sus miembros un poco de cordura ante el desvarío que se intentó consumar nada menos que en la Cámara de Diputados de la Nación, asiento de los representantes del pueblo argentino.


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