Opinión
Lunes 20 de Marzo de 2017

Mirtha trató a Macri de principiante

Los riesgos de la exposición. El presidente fue acosado en vivo y ante todo el país por la nonagenaria conductora televisiva. La espinosa cuestión docente pone en jaque al gobierno nacional. Un futuro complejo.

Dudo que pueda existir mejor foto actual (un mero dato, es verdad, pero comunicacionalmente eficaz como pocos) que evidencie el momento que atraviesa el gobierno argentino que el de la nonagenaria conductora televisiva Mirtha Legrand enmendándole la plana en vivo al presidente la Nación mientras la cámara captaba la expresión de terror de su glamorosa esposa, Juliana Awada.

"Ustedes no ven la realidad. La gente está quejosa. No quiero usar la palabra derrumbe, pero creo que el descreimiento comenzó cuando hubo ese aumento de las tarifas de luz y gas, debería haber sido gradual", dijo Mirtha. Mauricio Macri quedó atónito.

Si se aplica esa máxima según la cual los años y la sabiduría se sedimentan simbióticamente en una persona, la diva de las mesas servidas podrá carecer de título habilitante en ciencias políticas, sociales, psicología, economía o lo que fuere pero su edad la habilita no a decir cualquier cosa, claro, pero sí a legitimar en voz alta lo que muchos piensan.

Por algo los Macri no sólo se prestaron a ser los invitados exclusivos y estelares a su mesa en el primer programa del ciclo de este año —electoral, para más datos— sino que le abrieron la residencia presidencial de Olivos para el evento que repercutió ayer en todos los diarios del país, países vecinos y al menos en España e Italia.

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En todos lados se pudo leer que la Legrand le recriminó a Macri que cometa tantos errores. "Hablar de pobreza cero, decir que en el segundo semestre vamos a salir adelante, el Correo, Avianca, son muchas cosas", enumeró como errores. (Yo agregaría que sacar la paritaria docente nacional y enardecer a un sector que tiene capacidad de movilización como pocos, compulsión a la huelga y cuyas medidas casi no dejan indiferente a ningún hogar del país, no suena a una genialidad sino más bien a esos errores que marcó la conductora. Admito además la audacia casi suicida de esta medida en un año de elecciones).

Encima, Mirtha chicaneó a Macri con que si ella fuera asesora presidencial no habrían existido tantos yerros.

Sin algo inteligente para zafar, el presidente quedó como un idiota: "Siempre me lo prometés y nunca venís a asesorar", quiso congraciarse. Seguro que terminó de decir semejante sandez y se le ocurrió alguna respuesta mejor o se arrepintió de no haberse limitado a sonreír sin decir nada.

Porque si el dato de Mirtha diciéndole a Macri que comanda una gestión cada vez más miope ya era sorprendente (lo corrió por izquierda y, entre otras cosas, por eso ayer fue noticia) el de Macri pidiéndole que lo asesore fue sumamente inquietante. Es verdad que no lo dijo en serio. Pero dijo eso porque no tuvo otra cosa para decir. Y eso es lo que preocupa. Un gobierno que cada vez parece tener menos imaginación o respuestas.

Si las tiene, en todo caso, las aplica mal y las informa peor. Puede que el presidente no conozca la cifra exacta de una jubilación mínima pero alguien debió decírselo antes de que se sentara a la mesa. Macri dijo que una jubilación mínima era de "9000 pesos y pico" y en vivo, atrás de cámaras, desde el equipo de la propia Mirtha quienes ella llama "chicos" lo corrigieron: "6000 y pico". Tres mil pesos es una diferencia que para un pobre viejo puede equivaler a acceder o no a remedios si no a comer mejor. ¿Cuántos votos entre los jubilados que cobran la mínima y lo estaban mirando creen que ganó el presidente en ese momento?

Mientras el gobierno nacional se siga disparando a los pies y la oposición resulte igualmente impresentable, nadie podrá recriminar que un argentino se convenza de vivir en un país inviable. En el que nada parece funcionar y todas las calamidades se reciclan en un perverso círculo infinito.

Legrand dijo "no quiero usar la palabra derrumbe". Esta frase espetada en la cara del mandatario da para algunas lecturas. Ella dijo que no quería usar pero usó la palabra. Es decir, íntimamente piensa que el gobierno ha comenzado a derrumbarse pero, y he aquí otro dato interesante, para suavizar —seguramente en atención a su convidado— buscó un sinónimo y el que se le ocurrió (¿espontáneamente?) fue "descreimiento".

¿Cuándo se derrumba un gobierno? Cuando sus adeptos, seguidores, simpatizantes y adherentes, por las razones que fueren que lo apoyaron cuando lo votaron, dejan de creer en él. La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner lo vive en carne propia. Todas las encuestas coinciden en que la confianza social de que el gobierno de Cambiemos logrará mejorar la situación comienza a decaer y con ello a menguar la expectativa positiva.

Que la conductora de televisión hubiere cambiado la palabra derrumbe por descreimiento como un supuesto favor dialéctico a su invitado de mesa no fue tal cosa. Difícilmente no haya conocido las encuestas. "Leo todo", es la letanía con la que se jacta en cada programa y lo dijo también en algún momento de la charla con el matrimonio presidencial. Un derrumbe también hubiere podido tener otro motivo como que el que con ahínco —y, no se puede negar que con cierta cuota de razón— el gobierno quiere hacer notar: la actitud de entorpecimiento sistemático que el peronismo aplica a los gobiernos de distinto signo partidario en una actitud que termina al filo de ser destituyente cuando, lisa y llanamente, no lo ha sido en el pasado.

Un ejemplo lineal de esto que digo se puede encontrar en los archivos visuales de 2012, cuando la presidenta Kirchner apostrofó a los docentes del país desde su discurso en el Congreso de la Nación afirmando: "No digo que sea la panacea, no digo que estén perfectos pero para trabajadores que gozan de estabilidad frente al resto de los trabajadores que cuando no van a la fábrica, les bajan las persianas y los echan; con jornadas laborales de cuatro horas frente a la jornada de ocho horas obligatorias para cualquier otro trabajador y tres meses de vacaciones frente a otros que tienen licencias mucho más reducidas, cómo es posible que cada vez que nos tenemos que reunir con sus dirigentes sólo tengamos que hablar de salarios y no hablemos de los pibes que no tienen clases. Esto es lo que quiero cambiar de la cultura docente de este país".

¿Cristina miente? No lo sé. En aquel entonces en que sus palabras fueron refrendadas —hay videos en cualquier red social que registran el momento— por una ovación que atronó al recinto de la Cámara de Diputados con las barras llenas de militantes de La Cámpora, de gremios y otros sectores afines, los docentes no se rasgaron las vestiduras, ni coparon las calles, ni la insultaron, ni le profundizaron los paros. Ni la acusaron de mentirosa.

La presidenta Kirchner, quien declaró en 2012 querer cambiar esa cultura y pese a admitir lo que entendía era una injusticia frente a otros trabajadores a quienes faltar a la fábrica les equivale perder el empleo —si su huelga era tan injusta (con los niños) y por ende desproporcionada como para relativizar el derecho constitucional al reclamo que, su amigo presidente de Ecuador, Rafael Correa, por ejemplo prohibió constitucionalmente para los maestros públicos ecuatorianos— no promovió que a los docentes se les descontaran los días que no fueran a trabajar.

Hay otro dato que muestra al gobierno nacional con estrategias que cuesta descifrar y entender. Se retiró del escenario de la discusión paritaria docente pero está pagando todos los costos del conflicto: ¿?

En rigor, buscó endilgarles el problema a los gobernadores aunque con el flaco favor de haberlos dejado sin referencia para discutir salarios (eso generaba la paritaria nacional). María Eugenia Vidal (que tiene mejor imagen que Macri) y Miguel Lifschitz (gobernador socialista, esto es un no aliado, que gobierna el segundo Estado del país) han prometido ir hasta donde ni la ex presidenta ni el actual se han animado: descontar días de paro. Si se animan a hacerlo y encima les ganan la pulseada a los gremialistas docentes a quienes un conflicto extendido en el tiempo les juega en contra porque los padres con sus hijos en sus casas comienzan a ponerse irritables, dejarían al gobierno nacional peor que Mirtha Legrand tratándolo a Macri como principiante.

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