Opinión
Martes 28 de Marzo de 2017

Mensajes en el último día del juicio

El día que se inició el juicio por el asesinato de Claudio Pájaro Cantero algo que dijo Luis Pollo Bassi, acusado de ideólogo de ese crimen, quedó resonando en la sala de audiencias. "Aquí tendría que estar sentado alguien que no está". Enseguida el Pollo agregó que el nombre de ese alguien se lo había comunicado en una larga conversación a Enrique Paz, que fue el fiscal de la causa durante casi tres años. Una semana después el comisario Marcelo Marcos fue convocado al juicio para referir detalles de un informe confeccionado por él, incorporado al expediente, donde consignaba que el instigador del crimen era una persona distinta del Pollo Bassi. El comisario Marcos lo identificó por su nombre y el defensor de Bassi lo fulminó a preguntas. Al final del diálogo el Pollo pidió la palabra. "Lo dije al principio", dijo. "En ese informe está la persona a la que no se trajo acá".

El nombre aludido era el de Luis Alberto Paz. El jefe policial había señalado en aquel informe que, al momento del crimen, había recopilado información de calle que indicaba que este hombre de 61 años había aportado el dinero para que mataran al líder de Los Monos en venganza por el homicidio de su hijo Martín, el Fantasma, ocurrido ocho meses antes. No era algo nuevo, pero sí algo fuerte. El Pollo Bassi decía que él no era el instigador. Eso podía ser puro ímpetu defensivo de un acusado. Pero había un informe policial en el expediente reportando lo mismo. Por más que el comisario Marcos dijo que esos datos se originaban en un escenario voraz donde todo cambiaba vertiginosamente algo fue auténtico: la línea que señalaba al padre del Fantasma como ideólogo nunca fue investigada.

La tercera vez que habló el Pollo fue el día en que pidieron las condenas. "Yo nunca debí estar acá. Un oficial de policía fue muy claro y me desvinculó totalmente", lanzó. Dos horas después el camión penitenciario en el que iba hacia Coronda junto a los otros dos acusados del crimen del Pájaro fue acribillado por dos vehículos a la altura del kilómetro 7 de la autopista Rosario-Santa Fe. Les tiraron de muy cerca, desde dos vehículos, con armas de guerra. Fue providencial que en esa acción no muriera nadie. Solo Facundo Macaco Muñoz resultó herido.

Primero con una insinuación, luego de manera explícita, el Pollo Bassi apuntó a Luis Alberto Paz como la persona cuyo lugar él estaba ocupando. La fiscal Cristina Herrera no tiene dudas de que Pollo fue ideólogo. Tiene cruces de llamadas que lo muestran en contacto con los presuntos sicarios y luego alejándose con estos de la escena del crimen ni bien se produjo la muerte del Pájaro. Pero eso no descarta que haya habido más de un ideólogo.

Durante el juicio Bassi dejó en claro tres veces que tenía información sobre una persona cuyo nombre se cuidó de pronunciar pero a la que aludió de modo inequívoco. Y a medida que se acercaba la hora del veredicto iba teniendo más tiempo para pensar y menos para perder. Cuando los dos autos cruzaron a tiros el furgón que lo llevaba a Coronda hasta la lectura del fallo le quedaban seis días para, acaso, ser más locuaz.

Es en ese contexto que Luis Alberto Paz se convirtió por segunda vez en sospechoso de ideólogo de un delito grave. Primero del atentado contra el Pájaro Cantero. Ahora del ataque al camión donde iba el hombre que sugería saber cosas de él que ¿todavía? no se dijeron. Eliminar a los que pueden hablar instala contra Luis Paz una idea de motivación. Más cuando ha sido una fiscal la que lo convocó a despejar sospechas en su contra sobre el crimen del Pájaro y no se presentó.

No hay evidencia que conecte a Paz con el atentado en la autopista. Tampoco contra los Monos. Que no suelen acudir a las instituciones para buscar reparación sino que su tradición es ocuparse de esos asuntos por sí mismos. Que tienen una historia de venganzas que no abundan en movimientos sutiles contra sus enemigos. Y que aquí también tienen razones. En este caso el blanco eran los acusados del exterminio de su líder.

Cuando mañana se reúna el tribunal a dar el fallo los acusados no tendrán nada que perder. No sólo porque presumen que será adverso sino porque además casi los matan. Puede que ellos no tengan ya chances de hablar antes del veredicto. Pero con certeza en cercanías de la sala el aire se llenará con sus mensajes.

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