Opinión
Domingo 16 de Julio de 2017

Mate

La primera vez que tuve en mis manos un mate tenía cinco años. Mi viejo había comprado una pavita chica, de aluminio, y preparó los elementos para afeitarse.

La primera vez que tuve en mis manos un mate tenía cinco años. Mi viejo había comprado una pavita chica, de aluminio, y preparó los elementos para afeitarse. La brocha, el jabón, el agua tibia en una tazuela y la maquinita de afeitar con la hojita nueva. Gillete. Se usaban y se usaban y reafilaban haciendo que fuesen y viniesen dentro de un vaso, con el dedo puesto en la mitad de la "hojita" y las cuchillas rozándose en el vidrio. Acaso no servía, porque el secreto era la piel y los folículos ablandados por el agua tibia y el jabón., Pero quien sabe qué en estas cosas. La vida es un milagro lleno de pequeñas etapas asombrosas. Tiernas. Inexplicables.

Allá esta el mate, cebá un par de mates. Un mate de madero de naranjo despintado, la bombilla de plata, vieja y chueca. La pavita, los primeros para los tontos. Le cebé un mate al viejo. Hum. No está mal. Dale. Otro. No le pongás tanta azúcar. Mi vejo tomaba mate dulce.

En un porongo de madera, cortado a "lo galleta" (el tronco de la enredadera quedaba y el agujero se fabricaba cortando el lateral de la calabaza) mi abuela tomaba mate amargo. No se. Contradicciones del Edipo a cuestas, preferí siempre el mate amargo. En los días de invierno la abuela Josefa calentaba sus manos en el costado de la galleta, mientras la sostenía desde ese mango. No me dejaba cebar. Es mi mate y yo entiendo que le pasa.

En un mate mas usado, casi rajado, la abuela me preparaba "mate de leche". La yerba se mojaba con agua tibia. En una cacerolita leche y agua. Hay que rebajarla m'hijo porque si no es muy fuerte. Palabra definitiva la de la abuela. Es un sabor que está allá, cerca del nudo de la nicotina en el cerebro. Estoy dispuesto a volver a los dos vicios en cualquier momento. Un miniterrón de azúcar y lo cebaba con la leche aguada que pasaba de una cacerolita a otra pava, todo de segunda porque los utensilios originales del mate no debían mancillarse en esas cosas.

Hace muchos años, vivía yo en Buenos Aires, un amigo rosarigasino tocó el timbre, vino a mi departamento y pidió que cebase mates como antes, en la casa de calle Ayacucho, en Rosario, donde compartíamos madrugadas. Estoy en la última sesión de cobalto. Me vuelvo. Necesito tomar unos mates como aquellos. Cebé conteniendo el nudo. Los cebé bien. Eran como imaginaba me dijo. Se fue. Nos abrazábamos y se fue.

Mi amigo, Juan Epifanio, natural de Misiones, de Oberá, "la capital del monte" tenía su propia yerba. La bolsa con yerba "canchada", curada lentamente, en hornos artesanales ("canchas") y no con los hornos industriales, tenía mas verde y mas lento el final, mas suave y entero por mas tiempo. Era un porongo mas grande y la pava, en la cocina, quedaba sobre el mínimo borde de la hornalla. Con un termo es diferente. Esto es otra cosa. Así decía.

No conviene hablar tanto del mate. Es una cuestión muy personal. Tal vez un día, mientras cambiamos cebadura.

Comentarios