Opinión
Jueves 06 de Julio de 2017

Mal en economía, bien en política

Claves. Pese a que los índices no mejoran, el gobierno mantiene un porcentaje de adhesión. Lo benefician la división del peronismo y la ausencia de una alternativa de centro. El factor Massa.

Hay una realidad bifronte que, por primera vez en muchos años, se posa sobre el panorama preelectoral: al gobierno nacional le va mal en la economía, pero aún no siente ese perjuicio en la política. Nadie podría decir siquiera que "estamos mal, pero vamos bien". El futuro económico es un enigma.

   Con la inflación subiendo, igual que el dólar, y el consumo cada vez más en retirada, el gobierno nacional lleva tres semestres sin brotes verdes, lo que claramente marca una promesa incumplida desde la gestión, ya no desde la campaña electoral, como es el caso del impuesto a las Ganancias. Esa opaca y desteñida marcha de la gestión macrista en el plano de la economía del día a día, no ofrece un contraplano político capaz de hacer entrar en crisis a Cambiemos.

   El diseño de una política de confrontación discursiva, gestual y escenográfica con el kirchnerismo que Jaime Durán Barba les exige a los dirigentes y funcionarios del oficialismo sí marcha con numerosos brotes verdes. El gobierno nacional, sus teóricos, han logrado llevar la grieta a todos lados. Se observa en la tele, en las radios, en los diarios. Unos pecan de híper oficialistas, los otros de híper críticos. La grieta, al fin, es un negocio maravilloso para macristas y kirchneristas.

   La disparada del dólar hizo regresar los peores temores en una economía que ni siquiera logró anclar los precios, que ya de por sí están cerca de las nubes. "No me preocupa, beneficia a las economías regionales, beneficia la generación de empleo", sorprendió el presidente Mauricio Macri. ¿Cambiamos?

   Se nota, y mucho, que el jefe del Estado cree a ciegas en que durante el próximo turno electoral habrá un sector de la sociedad que hará un peculiar ejercicio no economicista para votar por las listas de Cambiemos. Si, como dijo, considera que hizo bien el 80% de las cosas, cómo no va a creer en que se quedará con una primera minoría.

   Y ahí vuelve al primer plano Durán Barba, quien tiene perfectamente estudiado el fenómeno Cristina Kirchner: "Tiene un piso alto del 25%, pero no pasa del 40%. Una imagen negativa del 60%, que nunca la votará. Por caso, nos conviene que siga siendo la referencia del peronismo".

   Ganando los comicios en provincia de Buenos Aires, o siendo la segunda más votada, Cristina seguirá manteniendo al peronismo a baño María hasta 2019. Por eso, los gobernadores no quieren saber nada con seguirla a pie juntillas, algo similar a lo que piensan algunas referencias que estuvieron al lado de la dos veces presidenta hasta el último minuto del 10 de diciembre de 2015.

   Pero Cristina es Cristina: nadie en el vector peronista genera más que ella. A esta altura, la candidatura individual de Florencio Randazzo no se entiende demasiado. Si lo que dicen las encuestas es real, el magro poroteo que cosecharía el ex ministro kirchnerista sólo es funcional a Macri.

   De haber existido una profusa interna en el PJ, las chances de victoria de Cambiemos en provincia de Buenos Aires se hubieran reducido al mínimo. Ahora, con tres facciones opositoras peronistas o panperonistas divididas en tres, si no gana Cambiemos en provincia de Buenos Aires, Macri deberá pensar en un mal futuro.

   Pero hay una realidad que empieza a tallar fuertemente en el escenario político. Después del estrepitoso fracaso de la Alianza, los sectores no peronistas que existen en el país ven en Macri el instrumento para terminar con el peronismo, no ya con el kirchnerismo. Para eso, mantener políticamente viva a Cristina es fundamental.

   Lo que sí complicaría las chances de Cambiemos es una victoria, o una gran performance, de Sergio Massa, el único de los candidatos bonaerenses que tiene proyección segura si las urnas le sonríen, algo que por ahora no tiene confirmación.

   Más tarde o más temprano, los bandazos con los que disputan la realidad macristas y kirchneristas necesitarán encallar en aguas más tranquilas. No hay grieta que dure cien años.

   Pero nada hace presumir que ese momento esté cercano. Un buen ejercicio de comprobación empírica es llevar adelante el movimiento de zapping entre canales de cable macristas y antimacristas. En los primeros, los noticieros están íntegramente dedicados a recordar episodios de corrupción de funcionarios kirchneristas. En los segundos, sólo se habla de la muy mala gestión económica del gobierno de Macri. En el medio hay un océano.

   El riesgo para la Casa Rosada es que, al fin, aparezca una figura hoy módica que por imperio de las circunstancias se transforme en alternativa. Es por eso que en Cambiemos impidieron que Martín Lousteau compita en las primarias, pese a que el voto al ex embajador en Washington tiene muchos componentes amarillos.

   Aunque se produzca una victoria oficialista, las Cámaras legislativas seguirán sin otorgarle mayoría, y eso obligará al gobierno a volver a consensuar políticas, como lo hizo al comienzo de su gestión. Pero no es lo mismo el rol de la oposición ante un gobierno que comienza su luna de miel con la mayoría de la sociedad, que ante ese mismo Ejecutivo con un tercio de adhesión popular.

   Y esas podrían ser las lecturas posteriores a los comicios de octubre, si es que el macrismo consigue un porcentaje cercano al 35% que le alcance para ganar. Desde la oposición se dirá que casi el 70% de los argentinos repudió su política económica.

   Pero a esa historia le faltan varios capítulos. Hoy, es como nadar de noche.


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