Opinión
Viernes 28 de Abril de 2017

Macri en la Casa Blanca

Donald Trump le dice a cada uno lo que quiere escuchar, no importa si contradice lo afirmado con vehemencia poco tiempo antes. No hay dudas de que es un buen empresario y que ha sabido llevar a delante sus negocios, aunque presidir la primera potencia mundial es otra cosa.

El presidente norteamericano acaba de cumplir sus primeros cien días en la Casa Blanca con un fracaso tras otro. No pudo impedir que ciudadanos de siete naciones musulmanas ingresen a su país, falló en el Congreso su intento de eliminar el plan de salud de su antecesor Barack Obama y acaba de anunciar la postergación de la construcción del muro fronterizo con México, la base de su campaña racista y xenófoba que lo llevó al poder. Hace un par de semanas recibió al presidente de China, país al que había acusado de manipular la moneda para beneficio propio. Pero a la hora de la verdad y de la realpolitik, dijo que las relaciones con el gigante asiático son excelentes y se quedó con la promesa de grandes inversiones chinas para la remodelación de la infraestructura civil de su país.

Ayer, Trump recibió a Macri, presidente de un país emergente con un intercambio comercial ínfimo respecto al de China. Casi fue una visita protocolar con dos ejes básicos para el país: que Estados Unidos permita la importación de limones y de biodiesel, frenados desde hace tiempo. En el primer caso, se trata de apenas unos 50 millones de dólares anuales de exportaciones de ese cítrico (anoche se logró levantar la restricción) y en el segundo de 1.240 millones de dólares. Para poder tener una idea de qué representan esas cifras, el intercambio comercial entre Argentina y Estados Unidos durante el año pasado fue de 10.472 millones de dólares, con un saldo favorable para el país del norte de 2.101 millones.

El año pasado, Estados Unidos tuvo un déficit comercial con China de 347.000 millones de dólares. Exportó por 115.000 millones de dólares e importó mercaderías por 462.000 millones de dólares.

Esta abrumadora diferencia de volumen comercial entre Argentina y China no impidió que en el almuerzo que se le ofreció a Macri y a su esposa en la Casa Blanca se incluyera chorizo, una especie argentina que no tiene traducción y así fue escrita en el menú para sorpresa, seguramente, de quienes no conocen ese plato nacional muy popular.

Pero más allá del agasajo protocolar, de los números y de compartir un pasado amistoso antes de ser políticos, Macri y Trump tienen algunos puntos en común.

El presidente norteamericano, que hasta ahora no pudo cumplir casi ninguna promesa de su campaña electoral (más allá de una peligrosa escalada bélica que parece haber sido sólo una puesta en escena), se mantiene con altos niveles de popularidad entre quienes lo votaron. Los que lo hicieron por la demócrata Hillary Clinton deben haber profundizado su repudio por el republicano.

Mientras Macri y Trump paseaban por los jardines de la Casa Blanca, el diario The Washington Post, acusado por Trump de las peores barbaridades, publicó una encuesta reveladora. Según ese estudio, el 80 por ciento de los votantes del actual presidente cree que el principal problema en relación a la imagen del gobierno es que los medios de comunicación publican falsas historias y sólo un mínimo porcentaje afirma que las quejas de la Casa Blanca sobre coberturas tendenciosas son infundadas.

En la Argentina es imposible medir con transparencia a través de una encuesta (la gran mayoría han fallado sospechosamente una y otra vez) el pulso de los votantes de Macri a más de un año de gobierno, pero la marcha en favor del oficialismo de pocas semanas atrás es un indicio de que sigue teniendo respaldo pese a que como Trump muchas promesas de campaña no fueron cumplidas.

Trump ha anunciado poco antes de la llegada de Macri a Washington que propondrá reducir la carga impositiva a las empresas (también las suyas) del 35 al 15 por ciento en lo que llamó "la mayor reforma fiscal de la historia". Según los especialistas en economía del diario The New York Times, ese recorte implicará una baja en la recaudación federal de entre 3 a 7 trillones de dólares para la próxima década y sólo podría saldarse ese enorme bache con un crecimiento del PBI del 4.5 por ciento, más del doble de lo proyectado.

Macri en los casi 18 meses de gobierno produjo algunos retoques impositivos que han favorecido a determinados sectores de la economía, como la agroexportación o la minería, pero en cambio incumplió en eliminar por completo el impuesto a las Ganancias que pagan los trabajadores, entre otras cosas.

En el mundo del comercio internacional es imposible encontrar semejanzas entre ambos mandatarios, pero en algunas decisiones de política económica domésticas pueden encontrarse algunas coincidencias. Con el tiempo se verán si son acertadas o no.


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