Opinión
Domingo 21 de Mayo de 2017

Macri debe cuidar a Carrió

Claves. Cambiemos dura hasta que Lilita diga "nos vamos". La diputada hizo saber ayer su malestar. El efecto Lousteau. El gobierno apuesta a que las elecciones se "ganen en equipo" y no por nombres.

Cambiemos aguanta hasta que Lilita diga "nos vamos". Mauricio Macri tiene que cuidar a Elisa Carrió como si fuese de su propia familia política. No lo es. Ella y María Eugenia Vidal son dos de los pocos nutrientes que tiene el oficialismo más allá del voto estructural, casi de clase, que lo hizo saltar desde una minoría activa a la Presidencia de la Nación.

   A Carrió le cuesta y le costará hacer campaña contra Martín Lousteau, al fin un compañero de ruta en otros tiempos. Sin ir más lejos, hace dos años el principal colaborador de Lilita, Fernando Sánchez, fue candidato a vicejefe de gobierno del cotizado ex ministro de Economía del kirchnerismo.

   El martes, en el despacho del jefe de Gabinete, Marcos Peña, se desalineaban los planetas cuando La Capital preguntaba por Lousteau. Como dice un trajinador de campañas y fábulas, hoy en el massismo: "Lousteau tiene pinta, les gusta a las mujeres y a los porteños, está casado con una actriz, tiene venitas progres y puede convocar al peronismo. No es lo mismo que competir con (Daniel) Filmus".

   Sin Carrió (quien por primera vez hizo saludo uno y saludo dos obedeciendo los deseos de Macri y Vidal de sacarla de provincia de Buenos Aires y hacerla jugar en Capital Federal) Cambiemos podría perder las elecciones en su propio terruño, pero Lilita empieza a vender cara la ilusión porteña.

La desilusión

"Tengo un profundo cansancio moral, me cuesta creer en alguien", fue el primer mensaje que hizo tuitear ayer Carrió. "Nunca creí que me podría pasar esto en un gobierno de Cambiemos", completó en la red social. Para la indómita dirigente chaqueña, hay un círculo oficial de protección al presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, que impide el avance del pedido de juicio político. En las últimas horas, además, quedó en evidencia el marcado desinterés por avanzar sobre Julio De Vido, uno de los íconos mayores de la corrupción kirchnerista.

   Quienes conocen el micromundo Carrió ratifican a La Capital "el cansancio de Lilita" y dan detalles sobre algunos movimientos en lo que fue siempre su entorno más cercano. Otra fuente, relativiza eso: "Está agotada de las operaciones de la ex Side, de los Angelici, etc. Y tener que salvarle la ropa al PRO derrotando a Lousteau le debe generar alguna cosa".

   Carrió y Vidal ventilan la casona, les dan aire a los proyectos almidonados, poco seductores en términos de masificación política del macrismo tradicional. Curiosamente, no es el radicalismo el que haya columpiado el subibaja. Lo relativamente contrafáctico, al margen de Macri, es el dueto Carrió-Vidal. El resto es más de los mismo. Debe decirse también que, sin Macri, no hay Vidal posible disfrutando las mieles.

   Y esa afirmación no tiene que ver con los resultados empíricos de la gestión. Como se escribió en esta columna: es probable que Cambiemos gane las elecciones sin que haya generado empatía en el órgano más sensible: el bolsillo de los argentinos.

   Al oficialismo puede que para triunfar en las legislativas le alcance con el 36% de los votos, al fin un porcentaje cercano al que cosechó en la primera vuelta electoral. Ese es el voto camiseta de Cambiemos, pero para sumar en un escenario de comicio presidencial necesita beber de otros ríos. Y para salir a pescar fuera de la pecera del PRO y la UCR necesitan a Vidal y Carrió. Mucho más, si las chances de Lousteau o Massa crecen como una mancha de humedad.

   Competir contra Lousteau no es lo mismo que competir contra los aparatos simbólicos del kirchnerismo, aunque el ex embajador haya sido el autor de la deplorable resolución que puso al campo contra las cuerdas. Curiosamente, hoy Lousteau atraviesa los campos políticos sin que nadie de peso le recuerde esa contradicción. Aparece como blindado.

   En el gobierno nacional saben que no van a ganar por el peso de los apellidos individuales, mucho menos en provincia de Buenos Aires y Santa Fe, Estados en los que tendrán candidatos poco conocidos. "El candidato va a ser el equipo, no Barletta o Laspina individualmente, ¿entiende? Lo que se juega en octubre es si cambiamos o no cambiamos. Eso que dicen, «Macri sí o Macri no»", le dijo la semana pasada a este diario un funcionario nacional en una silenciosa Casa Rosada.

   La fuente —calificada e influyente— aseguró que "Massa se mandó una truchada; pagó tres encuestas que daban ganador a él y a Cristina. Quiere hacer creer que no hay polarización, y que sin él gana CFK". Sea como fuere, reconocen que, aún, el ministro de Educación, Esteban Bullrich, no mueve el amperímetro. "No hay nombres confirmados por ahora, todo puede ser o no", clausuró el informante, antes de retirarse presuroso a almorzar en el comedor del Palacio de Gobierno.

   Mientras tanto, en Santa Fe, como nunca antes, hay una singular pobreza a la hora de ensayar el tramo final del proceso de roscas buscando cerrar las listas. No le importa a casi nadie, salvo al círculo rojo de la política provincial.

   Una cosa será la contienda y la campaña con Antonio Bonfatti en cancha que con cualquier otra referencia del Frente Progresista. Deberá definirlo Bonfatti. Si no es él, habrá buzo antiflama para Luis Contigiani. El PJ define por estas horas si conforma dos frentes electorales por afuera para evitar competir contra Agustín Rossi, o si van a las Paso con Alejandra Rodenas o algún otro nombre.

   El massismo parece constituirse en una ambulancia política muy extraña. Crecen las acciones del Frente Renovador entre los interesados santafesinos, a la par de rumores de disolución nacional. ¿Podría ser la presidenta del Concejo, la radical Daniela León, parte de un acuerdo con Massa y Stolbizer? ¿Habrá un puente entre massistas y un sector del PJ?

   La única certeza es que no hay certezas.

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