Opinión
Viernes 21 de Julio de 2017

Los riesgos de CFK

Elecciones 2017. La precandidatura de la ex presidenta de la Nación es una apuesta con pronóstico incierto para ella y también para el gobierno de Cambiemos.

La precandidatura de Cristina Fernández de Kirchner a la senaduría es un fenómeno insoslayable. Para el oficialismo y el bloque de fuerzas que representa, pero también para el conjunto de fuerzas que poseen el común de oponerse al proyecto conservador en curso. Si bien es cierto que otros presidentes salientes de la post dictadura lo hicieron, ninguno despertó tantas pasiones. Para el oficialismo representa un hecho ambivalente. Por un lado es el "infierno tan temido": no han pasado dos años desde que un candidato de bajo voltaje K como Scioli estuviera a un punto y algo de ganar la presidencia. Por el otro, ve en esto la oportunidad de asestar un golpe terminal a quien, aun desde un lugar defensivo, es capaz de liderar una oposición realmente existente.

Para ese conjunto de fuerzas que vienen de una tradición opositora al proyecto neoliberal (neoliberalismo "a la argentina", por supuesto), cuyo eje es transversal a gobiernos de facto y constitucionales y que podríamos expresar con los significantes Martínez de Hoz, Cavallo I, Cavallo II y Cavallo III también la candidatura de CFK significa un hecho ambiguo. Por un lado está la reacción emotiva del regreso de un líder con toda la proyección que se hace en su figura de poderes redentores. Por supuesto que en ello corre algo de pensamiento mágico. El líder, la figura extraordinaria, siempre es vivida por sus acólitos como alguien que puede ser desligado de los condicionantes históricos. Aquí no hay dudas ni ulterioridades, es "Cristina e dopo morire". Luego podrán llegar los fracasos y las frustraciones, pero el recuerdo de aquel estado religioso será imborrable. Por otro lado, en quienes hacen (desde el mismo espacio) un análisis más pausado, esa candidatura significa muchos riesgos. El que salta a la vista es que abrir una partida de ajedrez moviendo la reina no pareciera ser lo más promisorio. La prudencia indica que a la reina se la cuida y se la convoca en caso de extrema necesidad. ¿Es que no hay nadie que pueda salir al ruedo? Pareciera que no. Una de las razones, la que va de suyo, es que la sucesión es el talón de Aquiles de los liderazgos carismáticos. La depositación libidinal de los seguidores es tanta que no puede ser recuperada en el corto plazo para asignársela a otro. Además ya hemos visto en estos 18 meses de gobierno de Cambiemos las conductas de buena parte de los legisladores K, pero eso amerita un análisis aparte.

Por las razones que fueren, es obvio que la extrema necesidad a la que aludimos arriba es consecuencia de que no haya nadie. Y no lo hay, además de los motivos inherentes a todo liderazgo, porque el enorme esfuerzo para desautorizarla que han hecho las fuerzas que le son adversas desde 2008 ha obtenido indudables logros en una parte importante de la ciudadanía, pero con el efecto paradojal de fortalecerla en la otra. Es decir, como "lo bueno" o como "lo malo", Cristina ha quedado en una soledad que no permite -mal que le pese- el surgimiento de otras figuras en su mismo espacio: sólo ella puede convocar a su núcleo duro. Porque lo que va a definir la elección de medio término en octubre serán dos núcleos duros. Es decir dos minorías. Ambas tienen en común (y de singular) que se referencian en un sólo líder: Cristina. Una en sentido positivo y la otra en sentido negativo. Si Cristina desapareciera, ambos núcleos quedarían acéfalos.

Este liderazgo polivalente es causa y consecuencia al mismo tiempo de que el gobierno siga interpelando a Cristina como si estuviera todavía en el gobierno. Anomalía que produce distorsiones en el sistema republicano. No hay modo en que ser oficialismo pero actuar como oposición a un mismo tiempo puedan resultar normales.

Ambos núcleos parecieran estar en paridad numérica, con lo que esa franja amplia de quienes han sido llamados "indecisos", "migrantes electorales", "votantes consumidores", etcétera, es la colina a conquistar. Votos de gran volatilidad, pero que definen elecciones. Y las definen a último momento movidos por factores difíciles de prever, de tan aleatorios. Su lentitud por tomar partido no obedece a un pormenorizado análisis y evaluación de proyectos, sino a un desapego por los asuntos de la cosa pública. Tal o cual oferta electoral (en la lógica del consumo), tal o cual incidente micro coyuntural (en la lógica del destino), tal o cual sonrisa maternal o paternal (en la lógica del marketing), pueden definir su voto. Si eso no ocurre, en última instancia harán lo que el nuevo amo del sentido común le dicte; verbigratia, el televisor.

En ese terreno CFK está en clarísima desventaja: el sentido común lo manejan los otros. Su construcción política ha sido la de crear consenso en el terreno de los hechos, pero no ha podido controlar la asignación de sentido de los hechos, vale decir el sentido común. Ambas formas de crear consenso están en una dura pulseada, de la que ni ella ni nadie puede adelantar resultados.

El otro riesgo es que nuevamente la creación mediática de CFK vuelva a exponerla como espantajo y se repitan las condiciones del balotaje de 2015. Prima facie, las condiciones "objetivas" son distintas. No es lo mismo estar en el gobierno (12 años y tres períodos consecutivos) que en la oposición. Pero -lo decíamos arriba- Cambiemos insiste con tratar a CFK como presidenta en ejercicio. Si consigue difundir y fortalecer esta ilusión, per se no le garantizaría un triunfo pero sería un tanto a su favor.

E pur si CFK ganara, además de un triunfo de coyuntura tendría la proyección de continuar con el modelo inconcluso.

E pur si CFK perdiera, dejaría a la vista otra de las miserias de los liderazgos carismáticos, a saber que refuerza un tipo de ciudadanía puramente delegativa, fervorosa al momento de las solemnidades pero impotente a la hora de los actos. Como se ve, una ciudadanía de baja intensidad.

Por todas estas razones es que la candidatura entraña serios riesgos para CFK. Es una apuesta con pronóstico incierto. Agosto primero y luego octubre, dirán si su liderazgo desemboca en alguna de las dos posibilidades teológicas: el sacrificio o la parusía.

Pedro Bollea

Profesor de Historia - UNR

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