Opinión
Martes 27 de Diciembre de 2016

Los que cuentan todo

Las redes sociales son formidables. Sirven para tantas cosas que uno puede llegar a imaginarse que no tienen límites respecto de las posibilidades de comunicación que brindan.

Las redes sociales son formidables. Sirven para tantas cosas que uno puede llegar a imaginarse que no tienen límites respecto de las posibilidades de comunicación que brindan. Han hecho desparecer la geografía, alguien de Argentina puede escribirle, o hablarle, a un pariente de Estados Unidos, España, Italia o toda la gran paleta de países que contribuyeron al "crisol de razas" nacional. No pocos que emigraron a Canadá o a Australia (Europa, Asia) pueden sostener la nostalgia a través del contacto diario con su entorno, tanto sea con Facebook o Twitter como los diarios, tanto locales como nacionales. Han llevado los movimientos solidarios a su máxima expresión por su alcance y simultaneidad, un epítome de que la unión hace la fuerza y así, decenas de miles se entristecen o alegran cuando alguien supera duro trance con la ayuda de los demás.

Pero a veces puede pensarse que el éxito de las redes descansa en algo más íntimo, conectado a la necesidad de ser, esto es, de existir para los demás, y cuantos más sean mejor. "Pienso, por lo tanto soy". "Me ven, ...". Sería algo así como los 15 minutos de fama de la televisión. La analogía no es banal, cada quien asume un rol que cree que debe desempeñar en la escena de la vida propia y la de los demás. Así, lo políticamente correcto se impone. Pero también pasa lo contrario cuando se adhiere a corrientes impuestas por partidos e ideologías, cuadros y banderas. Y ése es el marco para abandonar la moderación (para ellos) y la donosura (para ellas). No hay problemas, el mismo usuario enseñará arreglos florales o la masa de la pastafrola en otra entrada.

¿Y los que cuentan todo? Ah, sí, esos son inaguantables.


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