Opinión
Jueves 09 de Febrero de 2017

Los negocios sucios del fútbol

La AFA. El escándalo por las escuchas que exponen al presidente de Boca y a otros dirigentes irrumpe en momentos de una profunda crisis en el fútbol, ¿o justo cuando esa crisis empezaba a destrabarse?

El escándalo que surge de las escuchas difundidas por tres medios que picaron en punta para cumplir con ese servicio y dejar muy expuesto al presidente de Boca Juniors, Daniel Angelici, junto con dirigentes de primera línea de la AFA, irrumpe en momentos de una profunda crisis en el fútbol, ¿o justo cuando esa crisis empezaba a destrabarse? La difusión del audio se produjo de manera simultánea en el preciso momento en que trascendía el primer punto de acuerdo entre los dirigentes reunidos en un elegante hotel de la zona de Retiro, reunión convocada por Angelici: el tema del contrato de la TV y el fútbol organizado se hará en pocos días con apertura pública de sobres de tres oferentes distintos.

Justo lo que no querían determinadas empresas relacionadas con el fútbol y la TV, acostumbrados -por estos mismos dirigentes que ahora están acorralados por las deudas y la inactividad del fútbol- a que los temas importantes se arreglaban en un escritorio, con una sola oferta repartida en varias carpetas, y a rodar (la pelota) mi amor.

En ese momento hicieron explotar la bomba, con Angelici sentado en esa mesa negociadora junto con dirigentes de clubes grandes y medianos de Primera División, y hasta con los díscolos del ascenso. Una explosión extorsiva, además, con claras huellas de un expediente judicial invalidado y un juez despechado.

Ya no era un simple anuncio, sino la decisión de hacer alguna vez algo transparente: la empresa de TV que quiera quedarse con el fútbol tendrá que ofrecer más dinero que las otras (capitalismo de manual, por otra parte) y mejores condiciones para los clubes que dependen de esos ingresos, los más importantes toda vez que la venta de entradas ha sido casi desterrada por estos mismo dirigentes.

En la deflagración que condena con absoluta justicia los dichos de Angelici en el audio de marras, yace casi toda la historia del fútbol argentino, la misma que lamentablemente hemos naturalizado hinchas, socios, dirigentes, jugadores y periodistas: el propio todopoderoso jefe de la AFA durante 35 años, Julio Grondona, contó en el otoño de su vida y gestión que "al Santos de Pelé yo le gané la Copa Libertadores (cuando era dirigente de Independiente) con dos líneas holandeses".

De ahí para abajo, todo es posible. El diálogo a comienzos de 2015 entre el presidente de Boca, el titular de la AFA en ese momento (Luis Segura) y Fernando Mitjans, hombre fuerte del Tribunal de Disciplina, es una continuidad histórica de miles de relatos y situaciones como la que representan los dichos de Grondona, que de ninguna forma son leyendas urbanas.

Crecimos muchos de nosotros, futboleros desde la cuna, escuchando a nuestros padres, tíos y abuelos contar historias tremendas: que en monumentales, bomboneras, gasómetros, cilindros y viseras los equipos chicos no podían ganar nunca, que entre expulsados y minutos adicionados los resultados se daban vuelta cada vez que ocurría el milagro de que el menos poderoso fuera ganando el partido. Que hasta en Rosario les robaban los partidos a los locales. Que alguna vez tuvieron que contratar árbitros ingleses (1948), después de salvar a un árbitro (Osvaldo Cossio) de la horca en un árbol del Parque Independencia, tras robarle descaradamente el triunfo a Newell's ante el gran San Lorenzo de 1946.

Esa realidad desquiciada fue la que se naturalizó: los dirigentes de los clubes grandes siempre apretaron y consiguieron beneficios cedidos por la AFA, es decir, por ellos mismos, en desmedro de los menos poderosos, con una fórmula universal del fútbol y la política: ayudas, viajes, votos, barras, prebendas, cargos en entidades internacionales, votos, más viajes, más barras, más prebendas, más votos.

Y no fue un tema sólo del fútbol de estas pampas: ¿en cuántas grandes Ligas se arreglaron resultados, descensos y apuestas millonarias? Las sanciones habrán alcanzado al 5 por ciento de los responsables, o tal vez menos.

En ese contexto, los dichos de Angelici, aunque sean de dos años atrás, tienen aire de implosión, pero no sería la primera vez que de entre los escombros surjan renovados los mismos personajes que sin solución de continuidad han hecho siempre lo mismo. Los llamados, pedidos, negociaciones y agachadas existen desde que el teléfono y el fútbol se juntaron en un escritorio. Y si no, que lo cuenten también hinchas y dirigentes de numerosos clubes del ascenso que durante décadas han visto resultados asombrosos y hasta disparatados para evitar un descenso.

Lo que resalta ahora es la esencia del asunto: el negocio del fútbol explota y arrastra con sus esquirlas todo lo que encuentra a su paso. ¿Por qué entonces las escuchas serviciales que son hoy el metro patrón de la clase política, no serían también los carpetazos que manejen al fútbol? Como a la hora de pisar la pelota, todo pasa por el engaño. Las respuestas no son lineales y están repletas de mentiras. Y de billetes.

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