Opinión
Miércoles 05 de Abril de 2017

Los libros alcancía

Si bien ya no es habitual, hay gente que guarda billetes en los libros; no, no transforma a los últimos en alcancías sino que los usa como caja fuerte.

Si bien ya no es habitual, hay gente que guarda billetes en los libros; no, no transforma a los últimos en alcancías sino que los usa como caja fuerte. La costumbre es deplorable porque no pasa mucho tiempo que ese papel moneda atesorado como

importante vale un décimo de la cifra que tiene estampada, o quedó fuera de circulación. Pero resulta difícil sustraerse a guardar un yaguareté, un guanaco o algún otro animal habida cuenta que se transitan épocas ecológicas, como hasta hace poco el devenir era epopéyico o heroico.

Los ladrones también saben que los libros tienen dos tipos de riquezas, la de su mensaje y la metálica, pero quizás les resulte trabajoso ponerse a revisar. Aunque no, lo más seguro es que no quieren someterse a la tortura de abocarse a "Pequeñas alegrías", de Hermann Hesse, o "Emocionantes aventuras de la misión Barsac", de Verne; "Historia contemporánea de América latina", de Halperin Donghi; "El contrato social", "Así habló Zaratustra", "El nombre de la Rosa", "Tratado de pintura", de Leonardo, o "La historia social del teatro", de Margot Berthold, por describir la foto que se le aparece al subrepticio visitante cuando abre la puerta del antiguo aparador hecho biblioteca.

Se puede suponer que ese señor que atraviesa tales trances, quizás esté urgido por la premura que le impone su actividad, piense que no le sobra tiempo para hojear cada uno de los ejemplares que le ofrecen su espalda y lo más probable es que los revolee inmisericorde, pero fracasará en la esencia de su trabajo (eso es para él). O, más acertado, recuerde la bondad de la autoridad constituida, se prepare un té, hojee los libros, saque los billetes y haga un bultito con las obras que más recuerda de su extenso paso por las aulas.

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