Opinión
Martes 14 de Marzo de 2017

Los derechos de las mujeres

El paro del 8 de marzo. Una cultura machista borroneó la historia de la lucha de las mujeres.

El paro internacional de mujeres del 8 de marzo puede ser un punto de inflexión en la conmemoración anual del Día de la Mujer. Hasta ese día, una cultura retrógrada y machista había borroneado la historia de la lucha de las mujeres, transformando la jornada en una especie de celebración que homenajea ciertos estereotipos femeninos que son funcionales al rol dominante de los hombres.

El 8 de marzo es una conmemoración establecida por la ONU en 1975 para destacar que la desigualdad y la violencia que padecemos forman parte de una problemática mundial. Es un evento internacional porque es una cuestión transversal a todas las otras: la discriminación de la mujer atraviesa las disputas sociales, económicas, políticas y está más allá de las fronteras.

Vale la pena poner algunos ejemplos: organismos internacionales informan que el ingreso de la mujer en el mundo laboral se está desacelerando en América latina y en el mundo. Cada vez hay menos puestos de trabajo para nosotras. En la Argentina la participación laboral femenina se retrae sobre todo en los sectores vulnerables, que abandonan la búsqueda de empleo sabiendo que a las mujeres nos dejan los trabajos informales, peor remunerados, y de menor estabilidad.

Un informe reciente de la Universidad de La Plata muestra además, que cuanto menor sea el grado de instrucción alcanzado, el problema del desempleo femenino es mayor. Mientras el 87,8 por ciento de las universitarias tienen empleo, apenas consiguen trabajo un 52,3 por ciento de las que tienen el nivel educativo más bajo. La falta de educación es consecuencia directa de la ausencia de apoyo para la contención familiar.

Datos recientes sobre desempleo, disponibles en el Consejo Económico y Social de Rosario, indican que el 95,6 por ciento de las mujeres sin trabajo en el Aglomerado Rosario se desempeñan laboralmente como obreras y empleadas. Dado que solamente el 68,4 por ciento de los desempleados varones pertenece a ese sector, hay una desigualdad entre varones y mujeres que podría reducirse ofreciendo contención de los niños pequeños en instituciones adecuadas mientras las madres trabajan.

Insisto: la problemática de la mujer atraviesa la educación, el empleo, la salud, y, por lo tanto, también la política. En nuestro Concejo Municipal hay un proyecto de mi autoría dirigido a establecer guarderías infantiles en parques industriales y en áreas fabriles de Rosario, porque se necesitan políticas concretas para romper con la trampa de la discriminación femenina.

Hay una falacia que descarga sobre las madres la responsabilidad exclusiva de la crianza de los chicos. Es un argumento que no las exime de salir al mercado laboral, pero que se usa para hacerlas trabajar en negro y con menores salarios que los hombres, aumentando la tasa de ganancia de los empleadores. Además de que los hijos necesitan del padre tanto como de la madre para crecer e insertarse dignamente en su comunidad, hay una verdadera explotación económica del género femenino que debe hacerse visible.

La cultura machista, las conductas sexistas disfrazan esa explotación. La postergación a la que se nos somete en aspectos de la vida tan simples como el acceso a la educación y el trabajo, se ejerce con mal trato. Las Naciones Unidas hablan de esta opresión en términos de "pandemia". El 70 por ciento de las mujeres del mundo fueron víctimas de la violencia de género. Ocurre en la calle, en la escuela, o en la propia casa familiar. Ocurre en Rosario, en la Argentina, en el mundo.

El portal de las Naciones Unidas también señala que esta situación es peor en las sociedades con normas discriminatorias y con mayor pobreza. En el Concejo Municipal de Rosario legislamos con la perspectiva de la igualdad de géneros y de la inclusión social. Pero necesitamos más participación y que las mujeres y sus organizaciones nos ayuden elaborando con nosotros iniciativas que pongan límite a la opresión.

La movilización que acompañó al paro internacional de mujeres tuvo el apoyo de muchísimos hombres. Es un paso promisorio. Es una causa que hoy convoca al mundo entero y Rosario dijo presente. Todas y todos, en cada momento, podemos ayudar a tener más libertad e igualdad en esta sociedad compleja donde vivimos y donde crecen nuestros hijos.

Podemos ayudar a construir un mundo más justo. Hagámoslo por los derechos que todavía nos faltan a las mujeres y Rosario va a ser una ciudad mejor.

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