Opinión
Martes 28 de Marzo de 2017

Los chefs caseros

Ahora los cocineros son eso, pero además disertantes, actores, dirigen puestas, eligen escenarios, asumen el rol de gastroenterólogos, dietistas, farmacéuticos, químicos, herbolarios.

Ahora los cocineros son eso, pero además disertantes, actores, dirigen puestas, eligen escenarios, asumen el rol de gastroenterólogos, dietistas, farmacéuticos, químicos, herbolarios. Es parte del espectáculo que, como barril sin fondo, consume todo por imperio de las transmisiones televisivas de 24 horas.

Pero estos cocineros, además, son magos. Hacen imaginar a los televidentes sabores, texturas y olores imposibles de transmitir a la distancia. Y así se suman, con mayor o menor felicidad, cientos de programas en decenas de canales hora tras hora todos los días sin solución de continuidad. Pero está todo bien, es el show que te hace creer que un tipo cocinando entraña enroscada en un palo es algo fantástico siempre y cuando esté bien filmada, en un paisaje agreste y con un guión que encierre una historia atrayente, lo que no es poco.

Son los otros cocineros los que se llevan las palmas, esos que no aparecen en la tele pero que, invariablemente, son el centro de grupos de amigos que cada vez que ellos dicen muchachos, juntémonos una vez a la semana, o cada quince días empiezan a esperar ese día un montón de tiempo antes porque saben, están seguros, que esa comida no la van a poder comprar.

Se emocionan con el crepitar de las brasas cuando preparan un asado, o cuando tienen delante una parrilla con achuras y carnes presentadas para un lienzo, o que creen tocar el arco iris cuando el arroz en el disco está a punto para soltarle los bichos de mar.

Esos saben vivir, de verdad crean momentos mágicos que espantan las desdichas. Ahí sí que la foto siempre es la misma: siete, diez tipos alrededor de una mesa levantando copas y riéndose por cualquier pavada.

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